La decencia política

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«Decente es quien obra con limpieza, dignidad y respeto. El que tiene buenas costumbres, es honrado y servicial. El que habla con modestia, porque dice la verdad».

 

A 9 meses de que los mexicanos emitamos nuestro mandato (voto) para elegir a la Camara baja del Congreso de la Unión (500 dipu­tados, 15 gobernadores, otros tantos Congresos locales y Ayuntamientos: casi la mitad del gobierno territorial), me da la impresión de que el horizonte político, en lugar de despejarse, se ve más nublado e incierto. El saínete del proceso para elegir al Presidente-Secretario del partido en el poder (Morena) predice el desbarrancadero despues de la Pandemia. Si a lo anterior le añadimos el vodevíl protagonizado por el decano Muñoz Ledo, la diva Polenski, el greñas Gibran y el Nene Delgado y, of course el güero Ackerman; junto al caso de la chinaca roja de Piedra, y el de la chicana en contra del partido de Margarita la morelita, el escenario se presenta grotesco y contracivilizador.

Todo comenzó con los prolegómenos del proceso de la elección del «maschingan» de Morena y la 4T, a cargo de las encuestas del INE, en el que supuestamente no se pusieron de acuerdo los repre­sentantes de las tribus y sus prospectos punteros. Que si las agendas, que si la temática, que si los moderadores o líderes de opinión, que si la militancia, los requisitos tricolores y la cobertura nacional: «que si la manita sudada de los Cárdenas y los Aureoles porque eso parece sospechoso, porque no estamos para cumplir caprichos, etc., etc». Y así fue como el pretemplete mostró a unos personajes empantanados en sus pugnas temperamentales que los empujaban de atrás ade­lante y los arrastraban del frente al fondo y del tingo al tango, como si se tratara de unos meros locatarios del Bazaar de la Merced, y no de los ciudadanos más des­tacados de la clase política del país.

Pero la grave, es la falta de la más elementales normas de urbanidad y decen­cia, especialmente de parte del grupo de los moroñosos, quien presume de su origen plebeyo y se comporta como un pueblerino palurdo, igualado y mentiroso. En ese saínete del 28 de agosto, mostró la inconsistencia de su carácter al asumir la actitud que en apariencia pretendía ser firme, pero que en la realidad reveló una terquedad que se convirtió en obcecación: pérdida de la autocrítica, fijación de ideas preconcebidas y enajenación verbal (al faltarle el guión) repetitiva e insul­tante. Esa inconsistencia en el discurso, la actitud y los argumentos esgrimidos para descalificar a sus adversarios, es mayormente delicada cuando se trata de conceptos y hechos históricos, que deben servir para orientar y dar sentido o sustento a una tesis o propuesta electoral, y que son los instrumentos con los que se trabaja en el quehacer gubernamental o en la aplicación de las políticas de estado que afectarían a la nación.

El trato confianzudo y los epítetos de los candidatos contra sus pares, resulta cada día más escandaloso. La voz altisonante y la excesiva irrupción del lenguaje corporal –los manotazos y señas frente a las cámaras—resulta intimidatoria y ultrajante. Pero, ciertamente, lo más delicado para un candidato a la presidencia de Morena, es la falta de visión retrospectiva, de concordancia entre lo que se propone y su veracidad histórica. Y es que para el candidato Gibran, es lo mismo el petróleo (riqueza del subsuelo) que Pemex, la empresa estatal en bancarrota consentida del régimen. Y no es lo mismo 1938, donce el personaje es el pueblo, en los aconteci­mientos de la expropiación, y el 2020, donde ese mismo pueblo sufre la catástrofe de la petrolera.

Colofón. Yo creo oportuno poner el ejemplo de vida del mentor de esa pléyade precursora de Morena, la sinceridad de Cuauhtémoc Cárdenas S cuando dice que ha entregado su vida, su fortuna y su seguridad personal a un proyecto político de corte nacionalista y popular. Y es feliz por ello. Se que dice la verdad cuando comparte esa responsabilidad con su esposa y con sus hijos. Tal vez su hermetismo y disciplina personal, lo hagan aparecer como un individuo poco afable, pero recorde­mos que se educó con instructores militares, bajo la vigilancia de su padre y al cuidado entrañable de una madre provinciana que le señaló el sentido de la decencia, de la pertenencia al terruño y del amor a la patria.

Yo sí creo que los candidatos postulantes puedan ver en CC el ejemplo de un hombre decente: modesto, veraz y entendedor. Dueño de una trayectoria de hombre batallador, respetuoso de las formas y de las instituciones, y quien se sabe apto para conducir el bien común.

 

CORTEX

 

Comentarios

  1. Sosias

    17 septiembre, 2020

    Estimado Cortex:
    Ah,la política.

    De nuevo está aquí. No, no.¿que digo de nuevo? Ella no se va nunca,.Ella sabe de su poder.
    De nuevo la ilusión de que algo bueno vaya a pasar con el cambio. No le importa que quienes la representan sean de una catadura moral bajísima, siempre consigue hacernos soñar.
    La buena señora ya debió acostumbrarse, desde hace mucho tiempo a aguantar todo tipo de improperios que solemos lanzar a los que de ella viven.
    Si queremos ser fieles a la verdad, la ciencia política fue concebida para el bien común y, nos preguntamos: ¿de quién?
    De todos modos¡que vivan las elecciones libres! Y que nos gobierne el menos malo.
    Mucha suerte. Felicidades por su estupendo escrito y mi voto.

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