La expulsión

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I

Sucedió durante los primeros amaneceres del antiguo cielo, ese del cual quedan sólo los rumores inscritos y desgastados en piedras tan antiguas como el mundo.

En aquel tiempo el firmamento era distinto al de hoy, la bóveda del cielo albergaba las danzas planetarias de otros astros y potestades cósmicas, en una configuración tan diferente a la actual, que el sólo imaginarla significa un terremoto sobre las ideas insertas en las modernas mentes actuales.

La vida de los primeros humanos, transcurría bajo la mirada atenta de un enorme, omnipresente y primitivo Sol enano, el cual se encontraba en perfecta alienación polar hacia el hemisferio norte de la Tierra. En armoniosa compañía con el antiguo rey de los cielos, y girando en una hermosa espiral ascendente hacia el centro de la galaxia, se encontraban Venus y Marte como fieles compañeros de una Tierra distinta y desconocida para el saber actual.

A la distancia, en un punto lejano y helado del firmamento, era posible distinguir una pequeña estrella de luminoso y tibio color amarillo, la cual miraba desde la lejanía del espacio vacío, el desarrollo de nuestros ciclos y edades, bajo el arcaico reinado del primer Astro Rey.

El tiempo transcurría sobre un nebuloso cielo púrpura sin fin, en el cual los días y noches eran casi idénticos, y en donde el desarrollo de la vida florecía en equilibrio total. Los asentamientos de aquellos primeros humanos, poco a poco se fueron multiplicando por todo el orbe, en distintas latitudes y longitudes, hasta que la era del hombre comenzó.

II

Loïc, quien era el Rey del antiguo país de Albión, llevaba días sin poder dormir de manera normal. Sus sueños, los cuales siempre se desarrollaban de manera vívida y terrible, lo llevaron a consultar a todos los hechiceros de la tribu para buscar alguna explicación a los enigmáticos mensajes que la inconciencia le enviaba.

Los sueños de Loïc comenzaban siempre de la misma manera, viéndose a sí mismo sentado en una alta montaña, la cual estaba ubicada en el límite norte de sus dominios. Mientras frías brisas rodeaban su cara, podía distinguir desde lejos los vastos terrenos que estaban bajo su poder.

Luego de una silenciosa calma, dos espectros aparecían en el cielo. El primero de un fuerte color púrpura, provenía del norte polar a toda velocidad en dirección al centro de la atmósfera, mientras que el otro, de un prodigioso color dorado, venía desde el infinito lejano a velocidades difíciles de describir. A cada segundo que pasaba, las entidades se acercaban la una a la otra de manera vertiginosa e inevitable, transformándose en el trayecto en sendos e impresionantes dragones, los cuales llegaban a ocupar todo el firmamento visible.

Ambas bestias se batían siempre en una lucha tan colosal y titánica que hasta los cimientos mismos de la Tierra eran conmocionados a más no poder. Eran batallas por la supremacía del cielo, en la cual dos energías inconmensurables libraban luchas a muerte, sin tregua posible.

Loïc aterrado ante tal espectáculo, corría despavorido a buscar a su esposa Nolwenn y su hija Mahé, las cuales se encontraban espantadas e inmovilizadas como todos los habitantes las tierras del sur de Albión.

Luego de muchas horas de fuego y explosiones en el antiguo cielo del mundo, el dragón dorado siempre vencía al púrpura, no sin antes realizar un estallido que estremecía el centro mismo de la Tierra, provocando toda clase de cataclismos, los cuales borraban de la faz de la Tierra a todo ser viviente. Es ahí, con Loïc viéndose a sí mismo abrazado a su familia esperando la muerte, que despertaba cada noche con la misma sensación de angustia y terror por el horrible sueño acaecido.

III

Consultados todos los adivinos y magos en más de una ocasión, la repuesta fue siempre la misma:

El fin de los tiempos se acerca y está pronto a ocurrir. Ante tan desalentadoras noticias, Loïc comenzó a deambular durante días y noches completas por los verdes territorios adyacentes a los blancos acantilados que limitaban con las gélidas aguas del oriente.

Al no encontrar la forma de poder proteger a su reino y familia, Löic decidió buscar a una ancestral criatura que vivía en las tierras altas del Beinn Nibheis.

Esta entidad cuya edad se perdía en la memoria de los siglos, mucho tiempo atrás había sido una gran aliada del reino, pero ahora, sólo rumorear el nombre de Frigg, era castigado con el destierro o la humillación perpetua.

Tal prohibición, tenía su génesis en la maldición lanzada por la entidad sobre los antiguos patriarcas de Albión, quienes hacía 200 años, y mientras libraban una terrible guerra contra los reinos de ultramar, hicieron un pacto de lealtad con Frigg para poder vencer a sus enemigos. Ésta ayudó a los antiguos guerreros de Albión, batalla tras batalla mediante el uso de ocultos y olvidados portentos sobre la materia, las almas y el éter, los cuales permitieron que pudieran derrotar a sus rivales de manera rápida e inapelable.

La alianza entre los antepasados de Löic y Frigg, resultó en gran algarabía una vez terminadas las hostilidades, pero la avaricia, el miedo y los celos de los vencedores, hicieron que éstos quisieran encerrar y esclavizar para siempre a su aliada, quien en tremendo ataque de ira destruyó prácticamente todo el país de los traidores. Desde ese momento y para siempre, Frigg se alejó del contacto humano, a quienes consideraba una plaga no digna para ser los dueños de la Tierra.

El actual Rey del país del Albión, decidió ignorar 200 años de advertencias, y partió en busca de la antigua aliada.

IV

Para Loïc y su gente, llegar a la morada de Frigg, comprendía un desafío de proporciones, pues era necesario realizar una caminata de al menos cinco días bordeando la helada costa del territorio, hasta llegar a un nemetón o bosque sagrado, el cual sólo los dejaría entrar si su voluntad lo permitía. Debido a la desesperación por encontrar una esperanza a su desvelada alma, preparó una expedición con los 5 mejores guerreros del reino, los cuales lo acompañaron en la odisea de dar con las respuestas que esperaba.

A poco andar, Loïc pudo percatarse que la travesía sería posiblemente sin retorno, pues las bestias dispersas por los llanos de Albión, en cuanto veían a la patrulla de guerreros, comenzaban a acecharles de una manera tan violenta e ilógica que, sólo podía ser obra de los poderes de Frigg y sus pocas ganas de que humanos fueran a molestarla.

Durante el trayecto, dos de los guerreros perecieron debido a ataques de bestias, uno fue arrastrado por un repentino y violento tornado y otro pereció ahogado en un riachuelo que de pronto se transformó en un caudaloso y violento río. Sólo Loïc con su guerrero más fuerte fueron capaces de llegar a las puertas de la morada de Frigg, en el borde de un bosque obscuro y antiquísimo. Mientras ambos hombres permanecían de pie, en posición de combate esperando alguna señal de la antigua entidad, no se dieron cuenta que de manera rápida y silenciosa, las raíces de los árboles del nemetón comenzaban a horadar el suelo bajo sus pies, de modo que en cuestión de segundos fueron apresados e inmovilizados en una cárcel de raigones y tubérculos de toda especie. Cuando ambos desafortunados hombres estuvieron reducidos a un par de presas indefensas y asustadas, apareció Frigg en medio de la espesura del bosque, proyectando una imagen poderosa, hermosa y aterradora.

Mientras avanzaba hacia ellos, los troncos y ramas de los árboles comenzaron inmediatamente a florecer y a tomar formas de todo tipo. Alrededor de la entidad, se podía observar un halo de intenso color verde azulado, así como también destellos de una misteriosa energía que iluminaba todo a su alrededor.

– Que quieren de mí, raza de traidores – Habló Frigg sin abrir la boca.

– Hemos venido por ayuda-, exclamó Loïc, ya casi desvanecido por la presión que hacían sobre él, las cientos de raíces apretando su torso.

– Tú sabes bien, que al venir acá has firmado tu sentencia de muerte – continuó la entidad.

– Si mis temores son reales, tú también estás condenada a morir-, concluyó un moribundo Loïc.

La última frase hilvanada por el Rey de Albión, sorprendió a Frigg a tal punto, que decidió alargar un poco la vida de las dos miserias humanas que tenía en su poder, con el fin de poder entender, cuál era la razón por la cual habían expuesto sus vidas a las desventuras por molestarla en su exilio de 200 años.

V

Cuando despertó, Loïc sentía su cuerpo entumecido por el dolor y el cansancio provocados por los días de caminatas, los ataques de las bestias y la recepción de Frigg. Mientras abría los ojos, se percató que la antigua aliada de sus ancestros se encontraba en la misma habitación observándolo fijamente.

– ¿Qué pasó con el guerrero que me acompañaba?- preguntó el Rey de Albión.

– Ha sido enviado devuelta a su hogar sano y salvo – confesó la  anfitriona.

– Lo agradezco – asintió Loïc.

– No te esfuerces en ser cortés conmigo Rey de traidores- respondió Frigg.

Si he permitido que sigas con vida, es por la advertencia que hiciste antes de desfallecer en el bosque. He entrado a tu limitada mente humana y he visto tus miedos y aflicciones, he visto tus sueños y a aquellos terribles dragones que luchan en el cielo. Al parecer la conmoción del cosmos también pueden sentirla ustedes, los humanos.

Loïc ante lo dicho por Frigg, sólo pudo preguntar si es que ella sabía que significaban todos éstos fenómenos.

-Es extraño- confesó Frigg.

Desde hace un tiempo, han comenzado a aparecer señales en el cielo y en el éter que nos rodea. Hay destellos desconocidos en firmamento, los cuales han ido en aumento sin cesar; estos destellos se presentan en formas de relámpagos de fuertes colores, y los que atraviesan toda la bóveda en cuestión de segundos. Cada ser vivo de este mundo, también ha experimentado de alguna manera estas señales. Las bestias del mar se encuentran totalmente desorientadas, nadando por lugares extraños e inhóspitos para ellas. Las aves del cielo no se atreven a viajar grandes distancias, pues saben que no llegarán a destino. Las bestias de los llanos no paran de atacarse mutuamente sin razón aparente. Nosotros, los Antiguos de esta Tierra fuimos los primeros en saber que algo extraño pasaba, pues nuestros espíritus comenzaron a agitarse como nunca antes había sucedido.

– ¿Nosotros?, ¿hay más como ustedes acaso?, preguntó Loïc.

Frigg miró a su prisionero de manera dura y despectiva.

– Ustedes los humanos, en su pequeña grandeza, creen que esta tierra siempre ha sido y será vuestra- contestó una molesta Frigg.

– Así como yo, hay otros seres en este mundo, los cuales existimos desde hace miles, quizá cientos de miles de años. Hemos visto el nacimiento y muerte de innumerables razas y linajes de todo tipo, así como también hemos sido testigos del nacimiento de montañas y la muerte de océanos completos. – continuó Frigg.

– ¡Entonces deben saber lo que está pasando ¡- inquirió un desesperado Loïc.

Frigg miró a Loïc con una expresión que ya no era desprecio, sino más bien desolación.

– Nosotros, Los Antiguos de esta Tierra, con todo lo que hemos visto y todo lo aprendido por eones de años, no sabemos cual es el motivo de tanta conmoción. Esto para nosotros es nuevo al igual que para ustedes. Al parecer el cielo nos muestra que a pesar de nuestra naturaleza, al igual que ustedes los humanos somos ignorantes e insignificantes en comparación con las potestades cósmicas. – sentenció Frigg.

Desde ese momento Loïc ya no fue más el prisionero de Frigg, pues más bien se transformó en una especie de compañero, con el cual intentó por todos los medios comprender el significado de los ya a esas alturas innegables fenómenos del firmamento.

VI

Y así pasaron los días, las semanas y los meses, en una especie de eterna espera, durante la cual las señales del inminente suceso no pararon de suceder y aumentar. De igual manera, los sueños de Loïc, se fueron haciendo cada vez más vívidos y terribles.

Hasta que durante un sueño ocurrió la revelación.

Como de costumbre se encontró sentado en lo alto de la montaña que delimitaba sus dominios, pero esta vez Frigg lo acompañaba de manera silenciosa y expectante. De pronto y como se había repetido tantas veces, aparecieron los dragones violeta y dorado y comenzaron su lucha sin cuartel.

Mientras se desarrollaba la campal batalla, desde la lejana estrella amarilla que era el hogar del dorado dragón, llegó un ser de evidente divinidad, el cual proyectaba una esencia poderosa e inquietante. Este ser, quien se puso frente a los testigos de la batalla celestial se dirigió a ellos con una voz silente pero inmensa y dantesca.

– Ustedes deben ser los guardianes de esta parte de la Tierra-  exclamó la entidad ante unos atónitos anfitriones.

– Quién eres – preguntó un asustado Loïc.

– Mi nombre es Sigel y soy el emisario que tiene por misión explicar a ustedes el inevitable futuro que se avecina – contestó la entidad.

– Este no es uno más de tus sueños Rey de Albión, de hecho este sueño lo compartes con Frigg a quien traje desde su propio mundo onírico para que escucharan en conjunto lo que tengo que decirles.

VII

La siguiente, fue la revelación que Sigel.

Lo que ustedes ven en el cielo, es una batalla por el dominio de este pequeño rincón del Universo.

El dragón violeta representa la energía del Astro Rey de este planeta, el cual es aquella enorme estrella púrpura que yace inmóvil desde la eternidad sobre el polo norte. La energía púrpura se encuentra en estos momentos en lucha con la poderosa energía dorada de la lejana estrella amarilla de donde provengo. Este combate tiene un solo resultado posible, el cual me imagino que han visto en todos sus sueños anteriores.

– El dragón dorado vencerá – murmuraron Loïc y Frigg.

– Así es – respondió Sigel.

El desenlace es inevitable, vuestro Sol actual será expulsado hacia los confines del espacio y vuestra Tierra tendrá un nuevo regente, lo cual significará una nueva era para toda la vida de esta gota cósmica que es su hogar.

Cuando suceda el evento final de la batalla, esta Tierra y todos sus mares, montañas, ríos y mesetas, serán conmovidos de una forma que no es posible de explicar en vuestros idiomas. Es por eso que he venido a explicar que es lo que deben hacer si es que quieren que sobrellevar este terrible destino.

– Pero…por qué sucede esto… – exclamó Frigg

– Yo y otros como yo, estamos acá en este mundo desde hace miles y miles de ciclos, pero jamás nadie nos avisó de este terrible suceso.-

– Es que ustedes, los que se hacen llamar Antiguos, no sobrevivirán a los sucesos que vendrán, por lo menos no de la misma forma. – continuó Sigel.

En ese momento es cuando Frigg se levanta de manera instantánea e intenta tomar entre sus manos a Sigel, quien usando un poder inconmensurable, paraliza a Frigg sólo fijando su mirada en ella.

– Detente en este instante exclamó un furibundo Sigel- no eres rival para mi ni para nadie de mi estirpe. En ese momento Frigg entendió que no había posibilidad alguna de torcer un destino que ya estaba delimitado.

– Qué debemos hacer Sigel, preguntó un cabizbajo Loïc.-

Sigel continuó.

Queda poco tiempo, por lo cual seré breve.

Tú Rey de Albión, tomarás a tu mujer, a tu hija y irás a la parte más alta de la montaña Beinn Nibheis, ahí te acompañarán 12 familias más las cuales llegarán por sus propios medios. Tú serás su líder y el encargado de comenzar de nuevo con la vida.

Ustedes deberán construir bodegas donde guarden sus semillas y recolecten a los animales que puedan proteger.

Frigg será quien los ayude a sobrevivir las terribles condiciones que les esperarán durante los primeros años del nuevo tiempo. Para cuando los descendientes de Loïc hayan llegado a la vigésimo quinta generación, Frigg será disuelta en la naturaleza del mundo. Esto es necesario pues el destino del hombre es ser quien gobierne esta Tierra y los seres antiguos como Frigg no podrán soportar este reinado.

Al igual que en este lugar, alrededor de todo el mundo hay emisarios como yo, dando este mismo mensaje a otros guardianes y a otros antiguos, por lo que la sobrevivencia de la vida está asegurada.

VIII

Luego de un silencio estremecedor, Loïc preguntó cabizbajo y con los ojos henchidos por las lágrimas:

– ¿Por qué? Sigel.

Sigel contestó:

Cada forma de vida en este y en todos los mundos, está supeditada a otra mayor. Esa es una regla del Universo que es imposible de contradecir. Todos estamos expuesta a ella.

Cada trozo de materia tiene vida, ya sea una piedra, un animal, un humano, un antiguo, una montaña, un planeta o una estrella. En estos momentos hay una lucha afuera, una gran batalla entre su antigua estrella y mi poderoso hogar dorado. Ustedes están al medio y están en la misma posición de los granos de arena de una playa durante una batalla campal entre dos ejércitos poderosos.

Su única misión es sobrevivir, multiplicarse, alimentarse y alimentar a los que están por encima de ustedes.

Dicho esto último Sigel se despidió de sus oyentes, los cuales despertaron de manera inmediata.

IX

Un sentimiento de tristeza invadió al Rey de Albión y a la ahora su protectora, la antigua Frigg.

Sin mediar mucho tiempo ambos siguieron las instrucciones del emisario de la dorada y amarilla estrella. Cuando llegó el tiempo del cambio, una tremenda explosión cubrió la totalidad del cielo, apareciendo diferentes formas de impulsos eléctricos como rayos surcaron de lado a lado la bóveda del firmamento de la antigua Tierra. Luego sucedió lo más aterrador, pues el antiguo Sol comenzó a alejarse de manera vertiginosa hacia la oscuridad del espacio, no sin antes destruir prácticamente todo rastro de vida sobre la Tierra.

El nuevo Sol amarillo se mostró ocupó su nuevo lugar de manera impresionante y omnipresente. Esta nueva era fue tremendamente dolorosa para los sobrevivientes del antiguo mundo pues debieron re construir todo lo que la gigantesca batalla cósmica había derrumbado.

Tal cual como lo dijo Sigel, fue gracias a Frigg y a los otros antiguos que los hombres pudieron sobrevivir y cuando nació el primer bebé de la generación número 25, los antiguos desaparecieron para siempre de la faz de la nueva Tierra.

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