Los mandamases

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«En la sicopatología gobernícola hay un «alter ego»

-un transfer regresivo al «alter tempo caciquil».

 

Intentando definir el «yo alterno» encriptado en la persona investida del mandato popular -el poder político— como de algo propio, me encontré con «el mandarrias» y no el mandata­rio: el ejecutor del mandato que el pue­blo le confirió para hacerlo cumplir y por el cual le paga; no como graciosa concesión (dada por el voto mandante) sino por la capacidad de concertación y la palabra empeñada para llevar las tareas nacionales a un feliz término. También es cierto que el gober­nante y sus funcionarios están sujetos a una agenda un tanto «demencial por absoluta y subvertida» que conlleva una amenaza interna -cerebral, anímica y corporal— que anula por sigzagueante su destino.

Un día el mandatario se levanta en el Palacio sin trinos con la nueva de que la GN tiene en chirona a 3 mil intransigentes agricultores que protestan por el pago de la cuota de agua a los USVecinos allende el Bravo y que pone a los hombres del campo en la rui­na; para recostarse por la noche en su chalet, leer los comentarios sobre su desatinada comparecencia en el foro de la ONU, diciendo urbe et orbi «que todo está bajo control, incluido el peso mexicano. la rifa del avión y la amenaza de la pandemia Covi sin necesidad de endeudamientos ruinosos». Que el financiamiento del desarrollo para las víctimas de la globalización. se volvió una especie de nudo gordiano cuando el expresidente ibero Felipe González señala:»la ob­cecación de la izquierda por intensificar la distribución de la riqueza, sin saber cómo producirla; deja de lado la inagotable capa­cidad de la derecha para producirla, al no reparar en el hito de que la socialización obligada conlleva la sinderesis del bien común».

Y así, entre la desmañanada de cus­todio de la seguridad y el arrullo de los «acampantes en protesta» sobre la plancha del Zócalo, la vida del Preciso pasa como Juan Charrasqueado por el Edomex, la Boquilla, la Laguna, San Cristobal, la Ventosa del Itsmo y Dos Bocas en plena gira proselitista derramando chscarrillos y coronavirus, donde les dice a los campesinos que se sentará a dialogar con seriedad y frente a la Na­ción entera, pero solo con los «auténti­cos hijos del pueblo bueno, los campesinos de las auténticas orga­nizaciones de «sembrando futuro», a quienes les advierte, seguramente en broma, que no hay revisión posible del T-MEC, pero que, aquí entre nos, «nos vamos a talachear lo que sea necesario para que nos lleguen las Remesas taxfree, y todos los recortes al gasto superfluo necesarios para transferirlo al campo y paliar esta difícil situación de nuestraos mexicanos de cepa».

De cepa o no, lo cierto es que los campesinos (sin cédula de identificación certificada) los 3 mil confinados del Agua por­que no tienen la cédula de auténticos macehuales del río Conchos, más los cientos de miles de campesinos miserables re­gados sobre el territorio nacional, no se van a convencer de las bondades del T-MEC Pejeyac y seguirán exigiendo una vía de renegociación (la tesis de la moderna 4T política ¿o qué no?), puesto que, ellos, los campesinos, si saben cómo «trans­formar esta difícil situación en el campo mexicano»: los que no saben cómo, son los mandamases de 4ta de la des-cuadra morenista, que convocan a un diálogo de sor­dos, a una elección de ciegos con los que solo se puede dialogar en formato Power Point a la inversa.

De locos a la 4ta. El nuevo giro aconsejado por la lumbrera neoleonesa, dice que si el TLC-TMEC solo ha sido bueno para los empresarios, la reconversión del campesinado en empresariado los hará libres de la mi­seria «sembrando futuro exportable», Cuenta el aconsejador reconvertido, que siendo gobernador, un carnice­ro de cabritos le pidió: «ayudáme- para que los introductores de ganado me vendan cabritos gordos y no animales viejos de desecho o me moriré de ham­bre antes que de viejo». El hoy mandamas, puso al solicitante en manos de su secretario de Economía, para que le explicara cómo convertirse, en un corto plazo, en industrioso cria­dor de cabritos. Por supuesto que el viejo cabritero de doc­tor Gonzo, N. L., se murió de inanición antes de haberse reconvertido en próspero birriero de cabritos gor­dos.

Eso mismo es lo que el gobierno de la 4T acaba de proponerles a to­dos los campesinos mexicanos auténti­cos que no tienen capacidad empresa­rial (solo sus brazos y espaldas desnu­das), para aprovechar los enormes be­neficios que el TMEC ofrece a los indus­triosos y competitivos «changarreros del campo». La paradoja es: o producen los campesi­nos, ellos solos, la docena de chivos gordos que necesitan o se mueren de inanición.

 

CORTEX

 

 

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