Punzante paradoja… (volviendo al original)

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Me estaban por traer un medicamento, sentada en la oficina de ese laboratorio, comencé a sentir una sensación rara… mi sangre se revolucionaba.

Centrada en ese displacer me pregunté, “¿qué me está pasando?”

Simplemente esperaba.

Seguí dialogando con mi interior y examinándome, “¿por qué siento que mi sangre entra en ebullición?”

Esperaba algo que le haría muy bien a mi debilidad capilar. Los moretones que se establecían en mi cuerpo, meramente por un roce era algo muy exagerado. Me dolían, no me gustaba verlos, me hacían sentir una mujer golpeada. Fuera quién fuera que los viese, me molestaban. Por años viví tapándolos.

Los hematomas que se veían eran los que tenía en el alma, revelándose; se mostraban en la superficie.

Me desplomé en una punzante paradoja.

El medicamento borraría los que estaban a la vista. “¿Pero los del alma?”, los que se habían formado de tanto esperar que me comprendieran y por el contrario había recibido cachetadas de incomprensión; “¿cómo los borraría?”

Bien sabía que algunos yo misma había dejado que se formaran, justamente, por no sentirme acompañada en mis deseos; consintiendo los de otras personas.

Continuaría examinando mi historia.

Ese día me había tocado esperar varias veces: la primera la soporté mientras le escribía mensajes a una amiga, la persona no venía, me fui; la segunda con un poco más de inquietud, pero pude hacer la compra que necesitaba; y la tercera, en la que estaba esperando algo para curarme, me detonó ese atroz malestar.

Una bomba había dentro de mí a punto de estallar… seguir ahí era igual que inmolarme.

Es que, desde adolescente me había inmolado en la espera del placer. Según decía mi madre, “tenía que llegar virgen al matrimonio”. Así dejé pasar un gran amor, por esa maldita frase escrita entre comillas.

Esas comillas tardaron mucho tiempo en caerse. Cuando lo hicieron, sin haberme casado, sentí que estaba cometiendo adulterio por no haberlas respetado.

Y después de eso, haciendo uso de lo recitado por ella, aplazando mis placeres seguí encomillando toda mi vida. Una inversión de energía espeluznante reflejada en sumatorias de frustraciones.

Sin dudas, lo mejor que me pasó en esa oficina fue darme cuenta de que no tenía más ganas de esperar nada.

Los moretones de mi cuerpo se borrarían, pero necesitaba saber muchas cosas más para borrar los del alma.

Ya no me importaban mis impuestas comillas, estaba decidida a destapar lo tapado, a desentrañar lo que fuera.

Me abocaría a hacerlo con celeridad brutal.

Desnudando las esperas, llegaría a una vida placentera; la que durante tanto tiempo, había esperado.

Comentarios

  1. JR

    29 septiembre, 2020

    Hermoso texto para reflexionar. Pienso que los hematomas del alma nunca se borran y cuando los tratamos de ignorar lo hacemos a escondidas y mirando sobre nuestros hombros. Una vez hechos, ahí están, por siempre. Es como cuando perdemos una pierna, tenemos que aprender a caminar sin ella. Hasta que nos acostumbremos… o aprendamos a vivir con ellos…

  2. The geezer

    29 septiembre, 2020

    Me gustó mucho este texto valiente, rabioso, contra esas represiones que nos creamos y que nos impiden «florecer» como es debido. Como tú dijiste, ¡qué importante es conocer(nos)!
    Un abrazo
    César

  3. JRPineda

    29 septiembre, 2020

    Sólo debemos ser quienes somos realmente, quitarnos todas las máscaras (personalidades) que nos hemos creados para protegernos o para impresionar a los demás, solo así creo que vivimos realmente nuestras vidas, muy bueno tu texto, me hizo escribir de más. Gracias lindo dia.

  4. Eli...

    29 septiembre, 2020

    @joserubengoycochea
    Es tal cual lo que decís, pero también es importante saber que los tenemos y el porqué. Mirar por arriba del hombro -seguramente coincidimos- significa cobardía… Y te agrego algo más, los que andamos por acá mostramos en las letras nuestra alma, porque siempre; queramos o no, en todos nuestros textos va una pizca de nuestra vida.
    Gracias por tu comentario y tu voto.
    Abrazo

  5. Eli...

    29 septiembre, 2020

    @cesarholgado
    Es un poco rabioso, seguro. Amé en vida y sigo amando a mi madre absolutamente. Ella influenció mucho en mí, de verdad me marcó, con este texto me saqué un peso, hice catarsis total.
    Hizo lo que pudo. Como lo hacemos con nuestros hijos. Debemos florecer, sin mandatos impuestos por otros o, por nosotros mismos.
    Gracias Cesar.
    Un abrazo

  6. Eli...

    29 septiembre, 2020

    @jrpineda
    Muy cierto lo que decís, hay que sacarse la máscara y asumirse. Si no es de ese modo, vivimos una vida de fantasía. Algunos lo hacen, y bueh, lo necesitarán. Yo me abstengo, prefiero mi realidad con marcas incluidas.
    Escribiste mucho jajaja, nunca lo hacés.
    Gracias, muchas.
    Un abrazo

  7. Salma

    29 septiembre, 2020

    Un relato entretenido con un lindo mensaje.
    Te dejo mi voto y mi abrazo grande-

  8. gonzalez

    1 octubre, 2020

    ‘… Los hematomas que se veían eran los que tenía en el alma, revelándose; se mostraban en la superficie… ‘ Me gustó mucho, Eli. Coincido con el comentario de Salma. Mi voto y un abrazo.

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