El calor que no se puede creer,
los recuerdos que brotan
fundidos en la vida que ahora llevo
pero sujetos en alma a vos.
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La noche, la plaza, ese encuentro
que va mutando, pero siempre huele a nuevo,
campanas de algodón me sostienen
de la ruina que olvida mis esperanzas.
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Los azotes de la realidad llevandote lejos
dondo no soy yo quien oye tu risa,
y donde tampoco soy yo, quién arma tus suspiros
pero…
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Te veré en los sueños, me vestiré de viento
soplaré en tus ángulos vírgenes inexplorados
y comprobaremos otra vez , cómplices
nuestra dulce eternidad.





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