Cuadernos de Roma (1)

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Hoy he estado ordenando mi habitación y he dado de bruces con el pasado, materializado en una libreta negra que llevé a Roma para registrar algunos de mis pensamientos en un viaje que hice solo en septiembre del año 2019. Estaba entre una pila de mascarillas y un altavoz de la minicadena que mis padres me compraron allá por los 90 y que he acabado también por licenciar, pues llevaba sin encenderla más de diez años tranquilamente.

     He comenzado a leer el interior y me he acordado de ciertos momentos que ya forman parte de mi pasado. He aquí una selección de mi Cuaderno de Roma, que iré dando a conocer poco a poco.

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Esto romanos eran los putos amos, pienso mientras me maravillo con las ruinas. Y son ruinas. Habría que verlas en su máximo esplendor, con gente bañándose en ellas, comprando alimentos o, tristemente, viendo cómo se mataban los que anteriormente habían saludado.

     A veces tengo ganas de saber lo que sería viajar en el tiempo. En esta ciudad uno está más cerca de saberlo. A mí no me va a dar un patatús a lo Stendhal ni aquí ni cuando vaya a Florencia. Soy demasiado ignorante para que tal cosa ocurra, pero no me libro de admirar ciertos edificios, ciertas obras. Son momentos de placer que me recuerdan al placer de la escritura o la lectura. Por supuesto, habrá gente que no lo entenderá. El arte da placer. Y mucho. No es lo mismo que el sexo. Ni lo tiene que ser. Es distinto.

     Ahora podría dar una lista de lugares, de iglesias, de cosas que hacer y visitar, pero esto no es una guía sino los escritos de un viajero. Que también es distinto.

     En cambio, voy a poner por escrito mis percepciones y experiencias en la capital italiana.

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Hoy he ido al Vaticano y he visto sus museos y la Capilla Sixtina. Había comprado los billetes en línea. Al llegar al punto de encuentro nos dieron a cada persona una pegatina que nos identificaba. Unos llevaban una pegatina azul, otros negra, otros naranja, etc. Yo llevaba una blanca que ponía “skip”, del inglés saltar (la cola). Como más tarde comprobaría, lo de saltar la cola no era tontería. Pero lo de identificar al usuario según el tipo de tarifa me pareció muy poco elegante, por decirlo de manera fina. Y es que me recordó un poco a los convoyes nazis que llevaban homosexuales, judíos, etc. Serán técnicas de mercadotecnia pero muy poco respetuosas con la gente.

     Los museos estaban llenos de gente, en grupos y, menos, por libre. La mayor parte de las personas pasaban olímpicamente de todo para plantarse en la Capilla Sixtina, la cual estaba petada. Me la imaginaba mucho más pequeña, la verdad. Es preciosa, y la imagen de Adán y Eva y Dios intentado tocarse es sublime. Es muy gratificante ver algo de lo que te han hablado tanto o has visto tantas veces en los libros.

     Entré sobre las diez menos cuarto a la ciudad-estado. Ahora son las once y media y estoy de nuevo en la estación de Termini. Me sorprende el sistema tan escaso de metro en esta ciudad. Supongo que en una ciudad tan rica en patrimonio histórico es muy difícil no encontrar yacimientos que entorpezcan o paralicen las obras.

     Por cierto, he vuelto a notar que me siento incómodo entre mucha gente, es como si me faltase oxígeno, lo cual es muy plausible. No me gustan las aglomeraciones y no debo estar avergonzado de ello. Me gusta estar con gente, sí, pero no rehúyo de la soledad pues, al fin y al cabo, es la mejor manera de crear.

    Hace un rato un camarero me ha preguntado si soy escritor. Le he dicho que no, que solamente escribo mis experiencias en Roma. Y es que lo de ser escritor me produce sentimientos contradictorios. Por un lado, me gustaría ser escritor y vivir de lo que escriba. Que a mucha gente le guste lo que escribo y que se identifique con mis escritos. Por otro lado, no me gusta todo lo que rodea la mecánica de las editoriales o las presentaciones, es decir, la parte pública. Cuando pienso en un escritor, le imagino encerrado en un cuarto haciendo lo propio: escribir. Y no haciendo presentaciones por aquí y por allá. Eso es lo que precisamente me atrae. Vincent Van Gogh es más representativo del artista que Pablo Picasso. Picasso me parece más polémico, más social. Quizás ahí radique la diferencia entre lo que yo imagino como un verdadero artista: en su capacidad social. Y como tal cosa entiendo la facilidad o su falta de adherirse a una sociedad con éxito.

     Esto, seguramente, me resulte atractivo porque siempre he sido patológicamente tímido y reservado. Tan hermético…

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La idea del hombre-planta viene a raíz, qué oportuno, de un comentario que hace muchos años hizo un amigo al notar las diferencias entre mi estado sobrio y ebrio.

     El chico, al verme sobrio una vez, lo cual no ocurría a menudo en aquellos tiempos, comentó que yo era como una planta: tan frío y reservado, tan estático…hasta que bebía alcohol. Y era así que, según él, florecía yo y me convertía en otra persona completamente distinta.

     Lo cierto es que también yo notaba esta diferencia. Por eso bebía tanto, porque quería escapar de mi personalidad normal y transformarme en alguien desinhibido, sin miedo a hablar con otras personas. Mi tolerancia al alcohol creció y hacia el final de aquel curso caía una botella de whiskey, mínimo, por fiesta. Y si no era whiskey era vino italiano barato o una sidra de tres litros llamada Frosty Jack´s o algo parecido que tenía una graduación de aproximadamente siete grados. Y cerveza, muchas cervezas. Un lunes, un martes, un miércoles, un jueves…Cualquier día era bueno y había siempre excusas de sobra, cumpleaños y otras fiestas de guardar.

     El hombre-planta se detestaba a sí mismo y bebía más que los peces del río. Se notaba que no estaba contento en mis zapatos y los demás lo notaban también. Las borracheras, sin embargo, me aproximaban a un punto de no retorno, como si tuviese un programa por puntos y estuviese casi al límite. Cuando alguien me pregunta hoy en día por qué no bebo les digo que yo ya bebí mi parte. Tal vez, al nacer, se nos asigne una cantidad determinada de agua por beber, así como cigarrillos o manzanas que vas a consumir. Y cuando alcanzas esa cantidad pues paras. Ojalá hubiese sabido tomar mi cupo de alcohol más sabiamente y no meterme un atracón en aquellos años. Pero así ha tenido que ser y estoy doblemente agradecido por ser un exfumador y exbebedor.

     No es, creo yo, cuestión de demonizar el alcohol o las drogas. La droga está ahí y estará siempre ahí por los siglos de los siglos. Mientras haya humanidad habrá drogas. Hasta, he oído, los animales encuentran placenteros ciertos estados inducidos por sustancias naturales.

***

La voluntad de pertenecer al grupo es bastante potente entre animales y humanos. Como estoy más acostumbrado a los humanos, comentaré un par de casos: por un lado el mundo del rocanrol, por otro, ya se me ocurrirá.

     En el rocanrol hay toda una simbología que los miembros utilizan para sentirse parte del grupo: ropa negra, calaveras, camisetas de grupos míticos, drogas, sexo y…

     Me parece un tanto ridículo ver cómo algunos siguen las pautas como si fuese el evangelio. Y lo siento ridículo porque yo también tuve una época escura en que vestía pantalones y calzado súper incómodo porque me agradaba la estética hip-hop y toda la pesca.

     Por otro lado, me he convertido en uno más que lleva vaqueros a todas partes. La mecánica de uniformación de las masas es incontestable. Ella trabaja todos los días en los “miedos” de comunicación para reproducir entes unos iguales a otro. Para no quedarme en lo superficial, he de decir que hasta nuestro cerebro quieren colonizar con sus reglas de cómo hablar, sentir, escribir, pensar. Pues bien, yo soy portador de una arma potencialmente peligrosa. Y tú también.

Nuestros cerebros son armas donde creo que se encuentra todo el universo si se quiere. El caso es que tenemos la capacidad de rebelarnos, de decir basta, de escribir contra todo esto. Quiero decir que no es suficiente con hablar de hacer esto o lo otro. Hay que hacer más. No basta ya con cantar canciones a favor del entendimiento o rezar esperando que ciertas cosas ocurran. Hay que ir a por ellas y hacerlas suceder. Está muy bien hablar de cómo organizar un país o salvar las ballenas. La teoría está muy bien pero siempre hace falta llevarlo a cabo. Es un equilibrio entre la teoría y la práctica lo que nos agradeceremos a las puertas de la muerte.

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Hoy he visto mucha gente, tanto en el Vaticano como en el tour gratis al que me he apuntado. La chica del tour era argentina y nos explicó bastantes cosas de la ciudad y sus monumentos. Partimos de la Plaza de España y llegamos a la Plaza Navona pasando por el Panteón y la fuente de Trevi. Son destacables las dimensiones de estos monumentos. Sin embargo, creo que lo que más me gustó fue la representación de los cuatro ríos en la fuente de la Plaza Navona. Los ríos en cuestión, aprendí, eran el Ganges, el Nilo, el Danubio y el Río de la Plata.

Me gustó, más en concreto, un león que sacia su sed a los pies del obelisco.

Después del tour he caminado por las calles, comido un pedazo de pizza y me he venido al hotelillo.

Me doy cuenta de que estar con gente alrededor me drena de energía. Son demasiados estímulos a los que atender, tantos detalles que memorizar. A veces creo que soy algo autista, otras veces creo que soy hipersensible a los estímulos del exterior y he desarrollado un hermetismo en consecuencia.

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Mañana me voy a Florencia en coche con un par de italianos. Espero llevarme un pedazo de la Toscana gravado en mi mente. Como diría el fotógrafo aquel; todo lo que uno ha visto queda con él. No soy muy de fotografías, pero reconozco que son mágicas a la hora de traer recuerdos.

     Tal vez dentro de unos años me ponga a escarbar en el disco duro y vea mi vida recogida en un lote de fotografías.

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Una idea para un relato.

En un mundo no muy lejano, la población se nos ha ido de las manos y estamos en serio riesgo de mandarlo todo al carajo. En una sala del gobierno mundial que en ese momento ordena el planeta, varios representantes barajan soluciones al problema. Al final se decide que unos aviones especiales suelten esterilizantes sobre las ciudades que neutralicen los paratos reproductores humanos.

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¿Cómo ha hecho la evolución para que el sexo dé tanto gustico? ¿Por qué? ¿Acaso si no fuese placentero nos reproduciríamos?

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A veces, especialmente en ciudades caóticas, me maravillo de cómo una “mano invisible” parecer mantener todo en orden. En Madrid no me ha pasado, pero en Roma sí. Y en las ciudades chinas que un día visité.

         En Roma hay miles de motocicletas y coches que en apariencia hacen lo que les da la gana. Pero supongo que hay leyes no escritas que todos respetamos. La guía, ayer, nos dijo que la mejor forma para cruzar un paso de peatones era mirar directamente a los ojos al conductor. Me pareció un método útil e interesante.

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Comentarios

  1. Luis

    21 octubre, 2020

    Muy buen texto, Andrés. Como siempre, vamos: no te digo que te superas cada vez. Pero es un exceso de ideas el que transmiten tus textos y prosas. Siempre tan demoledoras y tiernas, a la par, o sentimentales, como desees. Un abrazo y mi voto!

  2. gonzalez

    21 octubre, 2020

    Sí amigo Andrés no quiero ser o parecer un adulador, y vengo dejándote comentarios de ese estilo y no me gusta, pero la verdad es que coincido con el comentario de Luis. Un defecto mío es que no siento que entre relato y letra y relato y letra vaya mejorando, soy como un vaivén constante. En vos no pasa eso, siempre mejorás. Me gustaría conocer un poco más de tus escritos, si publicaste algún libro, algo más donde pueda leerte y conocer un poco más de vos también. Mi voto, claro. Y un abrazo.

  3. The geezer

    21 octubre, 2020

    Hola Andrés, gracias por compartir este diario. Me he sentido identificado con numerosos detalles pequeños y grandes, desde las observaciones sobre el caos romano hasta las consideraciones sobre la literatura, el rock, el alcohol, la uniformidad de los humanos. Estaré encantado de seguir leyendo futuras partes.
    Saludos
    César

  4. JR

    22 octubre, 2020

    Muy interesante lectura. La narracion de tus experiencias muy clara, me parece andar por esos lares contigo.

    Saludos! Espero leer mas pronto.

  5. Eli...

    26 octubre, 2020

    @andresvarelamiranda
    Me encantó, el relato de tus recuerdos, los de Roma y la forma de enganche con otros.
    Si que sos escritor, ¿cómo que no?, si se te nota. Escribís muy bien.
    Mañana seguiré con el segundo, ya es tarde por acá.
    Un abrazo.

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