Cuadernos de Roma (2)

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Una máquina de hacer dinero. Hay lugares que viven de las rentas que sus antepasados han dejado. Ayer visité la fuente de Trevi. Estaba llena, muy llena. No me quiero imaginar cómo está en los meses centrales del verano. En esta fuente me pareció especialmente llamativo el realismo de una columna agrietada en la esquina derecha del monumento, como si el autor quisiese decir que todo acabará por derrumbarse.

     Pues eso. No hay nada más rentable que haber tenido antepasados destacables o un clima benigno. En turismo, con la ausencia de conflictos, es, creo yo, lo más importante.

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El otro día en Oporto descubrí que la moda y la cultura popular son tremendamente influyentes. Hablo de la librería Lello. Nunca habría esperado tal concurrencia y tales colas para ver la librería. ¡Y todo por Harry Potter! (NOTA: Más tarde descubriría que la creadora del mago desmentiría que se había inspirado en esa librería).

     El tirón de la cultura popular es increíble. La gente hace lo posible por no quedar como un gilipollas. ¿Fuiste a Oporto y no viste la librería Lello? Bueno, bueno…Y lo mismo pasa con el resto. Ir a Roma y no ver el Vaticano lo hacen solo los locos. Y, sin embargo, ¿Por qué no? El Vaticano es, al fin y al cabo, una expresión de poder de una religión en la que no creo. Una mole hecha a base del sufrimiento tanto físico como psicológico de millones de personas a lo largo de la historia. Es cierto que ha dado satisfacción y consuelo a otra gente.

     Recuerdo ahora, y lo he dejado por escrito más veces, una discusión con un amigo en Edimburgo. Él era ateo hasta la médula. Yo todavía no sé lo que soy. Él mantenía que la iglesia debía ser erradicada, que todo lo que ella había hecho era malvado. Yo trataba de hacerle ver que, pese a todo, lo que vemos alrededor ha sido modelado por las religiones, entre otras cosas. Y más en un sitio como Galicia, nuestro lugar de origen. Las fiestas, las romerías, las leyendas, la educación, el arte, la cultura en general…Sin la religión no podríamos explicar las cosas en la actualidad. Esa es la verdad que sostengo. Hay cosas tan entrelazadas, tan metidas dentro nuestra, que uno no puede siquiera soñar con separarlas.

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El tiempo es el mayor generador de respetabilidad. O uno de los mayores. Porque alguien dice que una tradición tiene unos años y ya la ha armado. Un concierto, por ejemplo, que se repite varios años seguidos es una moda. Pero si se repite por siglos y siglos, como una misa, ahí entonces la cosa cambia y se hace más respetable y solemne. Me parece una barbaridad.

     Apliquémoslo a personas, por poner un ejemplo mejor que conocido. Hay personas viejas que no han vivido nada ni son sabias ni nada de nada. La edad, per se, no añade respetabilidad ni experiencia ni sabiduría. Es como aquella persona que se vanagloria de haber vivido con una mueca de cine y no ha hecho más que drogarse y compartido cama con mucha gente. Hay, por otro lado, gente joven que con solo una mirada expresan quilos y quilos de palabras.

     El tiempo hay que saber aprovecharlo y verlo como algo más complejo de lo que podría parecer a simple vista.

     Me arriesgaría a decir que la mayor parte de nuestras conversaciones se refieren al tiempo. Y no me refiero a las típicas conversaciones de ascensor sobre si ha bajado la temperatura o salido el sol.

     Me refiero, más bien, a que siempre estamos comparando la situación presente con el pasado o el futuro. Pero incluso estos conceptos son tan irreales como el norte, el sur, el oeste o el este.

     Del mismo modo, las palabras son también insuficientes para expresarnos con éxito. Al menos así lo siento. Siento que a través de un dibujo o una mirada me expreso mejor que hablando.

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Estoy de nuevo en una cafetería desde la que se ve el castillo de Sant´Angelo. Estoy tomando un café tras haber comido unas porciones de pizza aquí al lado por 9,50€.

        Hoy por la mañana también he ido a una librería de la Via Nazionale. Había muchísimo donde elegir pero no he comprado nada. Realmente cumple una función práctica, ya que no quiero que mi mochila pese mucho. He pensado incluso en dejar un jersey y mismo el libro de Paulo Coelho que me he traído y no me ha enganchado: Hippie. Este libro, se supone, es de los más autobiográficos del brasileño. (PD: He comprobado que existe cierto odio contra la literatura de Paulo Coelho. Hace poco alguien me dijo que era lo que leía cuando era preadolescente. Pretendía ser un golpe bajo, lo sé. De todas formas, quisiera lanzar una reflexión y romper una lanza por todos aquellos que buscan hacerse una idea amplia de la literatura a través de la lectura de todo lo que caiga en sus manos. Para odiar algo hay que conocerlo bien, eso lo primero. No veo incompatible leer libros infantiles y tratados marxistas o un catálogo de muebles y Dostoievski. Uno no es, ni mucho menos, lo que lee, a pesar de lo que nos hacen creer. Uno es mucho más que eso, si se quiere. Hay que tener cuidado con las modas odiadoras actuales. Pica uno y vienen todos, como moscas descerebradas. Es una actitud que deploro. Fin de la NOTA).

        Últimamente no leo tanto y amontono los libros en mi habitación sin leer. No hay muchas historias que capten mi atención de una manera potente. Quizás, como el alcohol, he llegado al cupo. Prefiero escribir mis propias e inventar mis propias cosas. Y, por favor, espero que no tenga cupo para escribir y que pueda hacerlo ilimitadamente. Es cierto que las ideas se acaban algún día y me pregunto con frecuencia si desde hace siglos, o milenios, no estaremos dándole vueltas a los mismos temas. Los escritores de los libros más vendidos bien saben la ecuación. Un tanto de videncia, de filosofía, otro tanto de psicología  y sexo y otro tanto de esto y lo otro.

        En la universidad, en la que poco aprendí realmente, tuve una asignatura sobre teoría literaria en que se trataba de sistematizar los mecanismos de algo que debiera ser tan bello y libre como escribir historias.

       He sido de leer toda mi vida. Y n me arrepiento de ello. Leer es buena cosa. Posiblemente el gusto por la lectura me venga de ver a mi madre leyendo allí en Monforte una novela tras otra. No eran novelas que a mí me interesasen particularmente, pues eran novelas románticas o clásicos. Recuerdo leer cómics, novelas históricas sobre los romanos, de los cuales siempre he admirado su tenacidad y disciplina.

        Creo que en los tiempos de los romanos los seres humanos debían de ser tremendamente resistentes. Quiero decir que se curtían rápido en guerras y experiencia. Un legionario de aquellos transportado al presente sería un atleta de élite. O eso me imagino yo pensando en cómo hacían para cubrir grandes distancias a pie, montar un fuerte  y luchar. Lo que les unía no debe ser descuidado. Toda esa mitología, esos dioses, esas leyes, etc. Ese era el pegamento que les hacía dar sus vidas por algo, por una idea. Tal vez los seres humanos siempre hemos necesitado eso, un objetivo superior a nosotros. El yo, yo, yo, se disipa y el nosotros ocupa su lugar.

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Hay que ver lo versátiles que son los hindúes en esta ciudad. Tan pronto venden un paraguas los días de lluvia como agua fresca un día soleado o bancos de electricidad para móviles o pulseras.

     Imagino que se despiertan y escuchan con cuidado el parte meteorológico y las tendencias actuales para luego lanzarse a la calle a vender.

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Estoy en un área sombreada al lado de Sant´Angelo. Un violinista toca la penúltima de Ed Sheeran con tacones. Me sorprendió la primera vez, pero a la segunda uno ya se acostumbra a casi todo.

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Ahora toca una de Lady Gaga. La globalización, supongo. Habrá gente que diga de los que piensan como yo que soy un pobre infeliz. En realidad, soy consciente. Pensar en ello no me provoca incomodidad. Que medio mundo tararee una melodía está muy bien también, pero no cuando creen que es mejor canción que la que hacen al lado. Esto tampoco quiere decir que lo que se haga a nivel local sea mejor que lo de fuera.

     En Galicia, por ejemplo, hay buena y mala música, en mi opinión. No por ser una poesía en gallego va a ser mejor que otra en castellano. Lo que intento decir es que hay que ser más honesto. Y, de paso denunciar un poco los precios de la literatura en gallego. Me parece un robo en algunos casos. En castellano también. Me parece una estrategia inteligente, a la par que sensata, abaratar los libros.

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Hoy, en unas horas, me meteré en un coche con unos extraños rumbo a Firenze. Tenía ganas de ver la Toscana y recorrerla sin que fuera en tren. Ir en coche es una buena manera de disfrutar del paisaje. La conductora se llama Gaia y el hombre Alessandro. En Florencia he reservado un albergue para esta noche en una habitación para seis. Cero intimidad, pues.

     Sin embargo, era barato y céntrico. Mañana me apunté a otro tour gratuito por la ciudad a las diez de la mañana. Luego decidiré si quedarme otra noche más o irme a Siena. Aún no sé qué hacer. Decidiré sobre la marcha. Me agradaría también ver el mar, No traje bañador pero sería genial tumbarme en la playa y seguir rellenando este cuaderno.

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IDEA: Todos los dioses se encontraban viviendo en un templo hasta que tuvo lugar un terremoto y se abrió una grieta a través de la que escaparon. Desde entonces conviven con nosotros.

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Estoy en Termini en una cafetería de la estación. Es un lugar muy concurrido. Cuando llegué por primera vez, a eso de las dos de la mañana, todo estaba cerrado y los mendigos dormían en sus alrededores. Una vez que me puse a caminar hacia mi hotelillo, vi más mendigos, grupos de personas y una vieja puta que se lamía el pezón. De noche esta zona no es muy recomendable, la verdad. Y encontrar el hotel fue una odisea. Es como si, por temas legales, me imagino, los dueños de la pensión dificultaran su identificación. Llamé varias veces a un número de teléfono hasta que di con el lugar. Una china de mediana edad me atendió y me dio unas llaves a cambio de mi DNI. Estaba tan cansado que le dejé mi documento de identidad (nunca se debe hacer) y me fui a la habitación a dormir.

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Cuidado con el barrio chino, dijo mi madre antes de que partiese de viaje.

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Que los chinos nos invaden pacífica pero inexorablemente es ya una realidad. En las capitales que he visitado recientemente los carteles no dejan lugar a dudas. Tampoco en las librerías se puede dudar de que China se está imponiendo poco a poco. Creo que en el transcurso de mi vida voy a ser testigo de la caída de un imperio y el predominio de otro.

     Claro que esto no ocurrirá de un día para otro. No es de un día para otro que un profesor de inglés se cambia por uno de chino en una universidad o una escuela. El Imperio Romano tampoco cayó de este modo sino que debido a pequeñas derrotas en diversos ámbitos van empujando cuesta abajo a los imperios.

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Para viajar una o dos semanas lo mejor es una mochila. En una mochila caben las mudas, ropa de abrigo, un neceser y un par de cosas más. Cuando parece que cada vez necesitamos más cosas, yo trato de vivir con menos. Y me siento mucho más libre, lo juro. Cuanto menos se tiene, menos miedo a perderlo.

     Eso no quiere decir que vayamos de piojosos por la vida. Cuando estuve en China llevé dos maletones en vez de una mochila. Maldito el momento.

Con una mochila tienes más libertad de movimiento. Tal vez tengas que lavar con más frecuencia pero no le hace daño a nadie.

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Comentarios

  1. Dr. Krapp

    23 octubre, 2020

    Estupendo texto. Intentamos resistir contra lo consabido, pero el poder la comunicación humana y la necesidad de sentirnos integrados nos fastidia nuestras legítimas pretensiones individualistas.

  2. Luis

    23 octubre, 2020

    Tiene muchas virtudes tu escritura, y eso es bueno, supongo. Un abrazo y mi voto!

  3. Esruza

    24 octubre, 2020

    Muy buenos tus cuadernos.

    Mi voto y un saludo

    Estela

  4. The geezer

    24 octubre, 2020

    Encantado de continuar este paseo romano, y sobre la vida. Gracias por compartir tus sensatas observaciones, alguna me ha hecho recordar que yo estuve allí varias veces y no fui al Vaticano. No fue algo deliberado, o por desprecio. Tenía una novía allí y era más divertido pasear por barrios baratos a comer pizza o conocer a sus amigos. Recuerdo esas charlas con más cariño que ningún museo. Y hablando de todo un poco, he visto que tienes un libro de relatos en Amazon, pero está agotado, ¿puedo comprarlo por otros medios? He leído ya algunos anteriormente y me gusta cómo escribes y cuentas.
    Saludos
    César

  5. JR

    24 octubre, 2020

    Tantas experiencias para contar y tanta filosofia de vida para compartir. Muy interesante y lo escribes muy bien.

    Eso de caminar en la noche no es buena practica por aca en los Estados Unidos, especialmente en ciudades enormes donde no se distingue quien es quien.

    Un saludo! Gracias por compartir.

  6. Gian

    27 octubre, 2020

    Excelente texto. Muy bien narrado. Me gusta.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

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