Despertando el ADN

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Todo un peregrinar de rostros, voces y almas. No sabía muy bien de dónde venían ni era importante para mí.

Existía una sola consigna: Girar.

Comenzaron a hacerlo logrando una espiral interminable. Sus capas de ADN que no sabían que existían, estaban allí, en su interior. Me sumé a esa manada humana mezclándome con todos en esos círculos perpetuos.

En la agitación pude ver que se había hecho presente la capa numeró nueve.

Número nueve, sí.

El ADN no era una sola capa, ni tampoco era eso que conocíamos como el ácido desoxirribonucleico, ese famoso que habíamos estudiado en el colegio secundario y del que sólo aprendimos que formaba parte de todas las células de nuestro cuerpo y contenía la información genética.

El ADN.

“¿Qué otra cosa había escuchado sobre él?”

“¡Se hizo el estudio de ADN! No, ese hijo no es suyo…”, eso era de telenovelas. En las tiras latinoamericanas siempre aparecía algún hijo “no se sabía de quién”, del que se estaba haciendo cargo “ese pobre hombre”.

Pero no…

En todos esos rostros se leía otra cosa. No era un código genético, anhelaban conocer más. Los miraba un poco mareada, aunque tantos giros no me habían hecho perder aún la percepción.

No había que averiguar de quién era hijo cada uno. Ellos giraban sin cesar y enredaban sus ADN. Dejé el mensaje en un oído, esa persona me miró e inmediatamente comenzó a propagar lo dicho.

Se enteraron poco a poco, transmitiéndolo de boca en boca, de que tenían nueve capas que bailaban todo el tiempo dentro de su ser como espiras. Conocieron el significado de la novena y sus rostros se iluminaron con infinitas sonrisas.

Los antiguos médicos lo sabían, reconocer esa capa y alimentarla espiritualmente, les podía servir para revertir hasta una enfermedad mortal.

Ahí estábamos todos conectados con el Universo.

Me alejé de la muchedumbre. A unos cien metros contemplando la agitación se había levantado sobre ellos una infinita hélice de muchísimos colores.

Habían despertado el ADN.

Cada uno ya sabía que era “la novena capa de la sanación”, la que los llevaría a lo mejor de la vida, contando con la sabiduría de la experiencia adquirida.

Volví a mi campamento sintiendo que la misión encomendada por mis maestros estaba cumplida.

Ellos siguieron girando desbordadamente y gritando de alegría. Habían encontrado lo anhelado, el mejor camino de ida.

Comentarios

  1. Dr. Krapp

    6 octubre, 2020

    Un ADN muy espiritual y que no desdeña el baile. Estupendo, Eli

  2. Eli...

    6 octubre, 2020

    @maxkrapp
    Muchas gracias Dr.
    Sí, es un tema espiritual, lo descubrí transitando por el New Age.
    Es un camino de ida, el mejor para mí.
    Un abrazo.

  3. Salma

    6 octubre, 2020

    Me encantó tu relato.
    A veces solo se necesita girar para desenvolver la venda que nos ciega…
    Abrazo y voto para vos.

  4. JRPineda

    6 octubre, 2020

    Muy bonito amiga, en los 7 ritos, hay uno que es solo dar vueltas, muchas gracias, linda tarde para ti

  5. Esruza

    7 octubre, 2020

    Muy buen cuento, Eli.

    Va mi voto con un saludo

    Estela

  6. Eli...

    7 octubre, 2020

    @snoren gracias amiga, conocer algo de eso es un descubrimiento profundo.

    @sandra_gutierrez_alvez gracias Sandra, sólo se necesitar girar, y la venda se cae; seguramente como en el séptimo rito que nos menciona @jrpineda, ya lo googleare amigo; gracias por el dato y por agradecer siempre.

    @estelarz39hotmail-com gracias Estela por leerme y tu voto.

    Me alegra que les haya gustado, gracias otra vez a los cuatro y un fuerte abrazo.

  7. The geezer

    12 octubre, 2020

    ¡Ah! El universo y nuestro deseo de entenderlo, de fluir con ello…Muy interesante y original!!
    Un abrazo
    César

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