La caída de Porfirio puso de manifiesto el fracaso de dos años de errores, pifias y rupturas caciquiles. La ausencia de un vector político -de un proyecto con fuerza, sentido y dirección- del grupo de los “puros” del exFrente Democrático Nacional le ha ganado una impasse ficta, en la que el pacto de «fidelidad galo-tzotzil» le dio la dimensión protagónica al canciller, que aunada a su prestigio de negociador y operador certero, lo convirtió en un «enfant charment», en un Talleyrand obsecuente e inatacable, ante las primitivas formas del aparatoso despartido de la 4T.
Su llegada al puesto se la dio la tesis del voto útil de la izquierda mexicana que permitió su entronización cual delfin ad hoc en esa vertiente, asegurando el triunfo de “Amlo por el Cambio” hasta el 2024.
Cortejado ahora por una serie de fragmentos y partidos dispares, alabado por los intelectuales de izquierda, por la academia y por la prensa extranjera, recibirá las consideraciones de las cúpulas políticas interamericanas que lo aferraran a la ilusión presidencial como candidato univoco en una vorágine arrolladora de lisonjas y festines donde será acogido también´por las élites europeas.
El canciller no es entonces el incauto irreverente que pretende imponerse por encima de las inercias y las conveniencias. El haber reculado en dos ocasiones -de no participar por la grande- con disciplina y temple frente a Amlo, parece que le dio certidumbre a sus pros con el preciso. Eso le ganó la antipatía de una «opinión publicada» y transmitida como conciencia nacional contra su política exterior que le resultó atacable al círculo puro morenita.
¿Y cuál será el cambio de política externa ante las limitaciones conocidas del Presidente?
De momento, los encargados de la política exterior ignoran qué respuesta dar ante una situación inédita. El canciller ha manifestado la necesidad de informarse, sin decir cuánto tiempo requerirá para actualizarse in situ.
Con todas estas coyunturas las tribus de la 4T se han convertido en un corrallto de gallos rencos, como se ha visto por las últimas deserciones, ceses y nombramientos. Los roles impuestos por el Sumo del Pejeyac han evidenciado la falta de un grupo capaz de pensar y de aglutinar resolutivamente en una situación inesperada, como el cambio de Pastor en Morena.
Por otra parte, el panismo y la derecha mexicanas han desconfiado siempre de los partidos bisagra. Su preferencia ha sido los expertos en negocios llamados ahora tecnócratas. A los militantes no políticos, ajenos a las ideologías, al pensamiento positivista y a la expansión social de su doctrina del bien común, les han dejado los problemas sociales en la creencia de que actúan resolutivamente con la ayuda de la caridad, la asistencia privada o las fundaciones como el Teletón.
Los políticos, los demócratas de los cuadros sociales y cívicos, los parlamentarios y los activistas, se forman en el marco de un partido o de una institución afín -que no es el caso de Morena.
Por lo tanto, el rechazo a esta organizacion nos muestra a una derecha en oposición al poder pero con una notoria inconsecuencia: sin un proyecto programático de gobierno competitivo.
En el mejor de los casos -con los neo-videos del excandidato Anaya- se repiten machaconamente los buenos deseos y las formulaciones teorizantes, de unas proclamas demasiado directas que se vuelven propaganda antigua: polémicas con las que se pretende justificar la lucha demoledora contra la demagogia gubernativa del Pejeyac.
El temor del actual gobierno ante la debacle que se avecina para su esquizoide partido, lo lleva a impulsar cual punta de lanza a su mayor activo, pensando que. como en Francia, logrará aglutinar a una Unión por la Mayoría Presidencial en favor del Galo-Moreno.
CORTEX





Cruzaedo
Pero que osadía. Dar por adelantado el acontecer nefasto para Porfirio
al entronizar prematuramente al galo-delfín, suena como un devenir
anunciado: el regreso de Max-Quetzal al sitial del Chapulin.
Mi voto, Cortex.
Cruzaedo