¿Y dónde está el futuro… nuestra juventud?
La que debe tomar la palanca del cambio ¡y participar con honor!
Es así que -los noveles políticos y las chuchas cuereras del nuevo régimen— quisieron aprovechar el negocito futbolero para sus fines propagandísticos. Pero no previeron que los jugadores y sus «managers» -después de un singular confinamiento por la pandemiaa— vieron que sus nomios se desinflaban cual balones y también se pusieron a pensar en sus escasas ganancias y el peso de los sueldos, contrataciones y cotizaciones, sobreviviendo con su actividad paralela como piñatas publicitarias… Y no les importó hacer como que hacían en un estadio sin público. Qué va, si vivimos en un país de abusados, en donde lo importante es brincar sobre los demás con tal de salirse con la suya con las patadas, que ahora serán en vivo aúnque se contagien entre sí y difundan el Virus a la fanaticada… ¡igualito que los políticos!
Si este es el ejemplo, si así pretendemos conmover a nuestra juventud, démosle una ojeada a la historia y veremos nuestro porvenir en la pantalla del futuro pasado con un ensayo ad-hoc del filósofo Hipólito Taine, escrito hace 175 años, y que describe el estado de la sociedad europea después de la revolución de 1848. Dice el texto:
«Después de 14 años de turbulencias se estableció un régimen democrático e igualitario, en el que todos los empleos fueron accesibles a todos, ordinariamente después de pruebas y de exámenes, según unas reglas fijas de selección y ascenso. Este nuevo arreglo de la sociedad y su gobierno, unido a la invención tecnológica, a la industrialización, etc., ha dulcificado las costumbres y ha cambiado la condición y el carácter de los jóvenes. Están ahora liberados de la arbitrariedad y protegidos por una buena policía. Por bajo que hayan nacido, todas las carreras y las oportunidades les están abiertas; la multiplicación de todas las cosas útiles pone al alcance de los más pobres unos satisfactores y unas comodidades que los ricos desconocían en el siglo pasado. Por otra parte, el r¡gor del mandato se ha dulcificado tanto en la sociedad como en la familia; el padre es el camarada de sus hijos, el mandatario vive a la par que el ciudadano; en resumen, en todas partes es visible el bienestar popular y la prosperidad que una justicia expedita proporciona».
«Pero, por contragolpe, la ambición y las avideces han desplegado sus alas. El hombre y su familia se ¡íán acostumbrado a considerar a la felicidad y al bienestar como cosas que le son debidas. Obteniendo más se han vuelto más exigentes y sus pretensiones han sobrepasado a sus logros, pues habiendo desarrollado un enorme avance científico, la permisividad y la indolencia se han esparcido y, el pensamiento libre convertido en libertinaje, se ha entregado a todas las osadías. Por lo que, los jóvenes, dejando de lado sus creencias de antaño, se han creído capaces de alcanzar por la sola fuerza de su ingenio las verdades superiores confundiéndolas con el hedonismo. Moral, religión, política vuelven a discutirse frente al pantocrato de la tecnología y asistimos al extraño conflicto de los sistemas y de los paradigmas, que se renuevan para suministrarnos un dogma nuevo y ofrecernos una dicha completa: «el dolce fare niente»» (O el dulce hacer nada, pues todo lo merecen los becados del Pejeyac).
«Un tal estado de cosas tiene serias consecuencias sobre las ideas y sobre los espíritus. Pues el personaje reinante —la dorada juventud— de corazón insaciable y vagamente inquieto es desgraciado, y lo es por dos razones: primera, es demasiado sensible, demasiado impresionable por pequeneces y artificios, y porque tiene demasiada necesidad’ de sensaciones dulces y de golosinas, y está demasiado acostumbrado al bienestar, a la vida regalada. No ha tenido la educación recia de nuestros abuelos, no ha sufrido la disciplina militar, no ha sido maltratado por sus padres, ni ha pasado privaciones, hambres o intemperie. Todo lo contrario, en el aire templado de la comodidad moderna y de las costumbres sedentarias, se ha vuelto delicado, nervioso, susceptible y menos capaz de adaptarse al tren de vida que impone siempre el trabajo y exige siempre el esfuerzo».
-Y ni el amor a la patria, ni la gloria del deporte, ni el heroísmo de las batallas, ni la ciencia, ni el poder, tales como los encontramos en este mundo, pueden satisfacerle, pues la intemperancia de sus deseos, irritada por la insuficiencia de sus conquistas y por la nada de sus goces, le deja abatido sobre las ruinas de sí mismo; sin que su imaginación cargada en exceso, decaída e impotente, pueda representarle el más allá que ambiciona y el «no sé qué» que no tiene»-.
Así se ve a nuestra embriagadora juventud, la de la vida regalada, ¿qué le parece?
CORTEX





Luis
Aunque no todos tengan los mismos componentes ni ingredientes, circunstancias obligan y atenúan, sí, es un buen comienzo para dialogar y debatir. Un saludo Alfonso, me gustó tu texto, junto a mi voto!!
Cortex
Gracias, estimado LUIS.
Favor que me haces.
CORTEX
Esruza
Lamento no ser tan inteligente para poner un largo comentario,
sólo mi voto