La doble afrenta

Escrito por
| 15 | 3 Comentarios

¿Y dónde está el futuro… nuestra juventud?

La que debe tomar la palanca del cambio ¡y participar con honor!

 

Es así que -los noveles políticos y las chuchas cuereras del nuevo ré­gimen— quisieron aprovechar el negocito futbolero para sus fines propagandísticos. Pero no previeron que los jugadores y sus «managers» -después de un singular confinamiento por la pandemiaa— vieron que sus nomios se desinflaban cual balones y también se pusie­ron a pensar en sus escasas ganancias y el peso de los suel­dos, contrataciones y cotizaciones, sobreviviendo con su actividad pa­ralela como piñatas publicitarias… Y no les importó hacer como que hacían en un estadio sin público. Qué va, si vivimos en un país de abu­sados, en donde lo importante es brincar sobre los demás con tal de salirse con la suya con las patadas, que ahora serán en vivo aúnque se contagien entre sí y difundan el Virus a la fanaticada… ¡igualito que los políticos!

Si este es el ejemplo, si así pretendemos conmover a nuestra juventud, démosle una ojeada a la historia y veremos nuestro porvenir en la pantalla del futuro pa­sado con un ensayo ad-hoc del filósofo Hipólito Taine, escrito hace 175 años, y que describe el estado de la sociedad europea después de la revolución de 1848. Dice el texto:

«Después de 14 años de turbulencias se estableció un régimen democrático e igualitario, en el que todos los empleos fueron accesibles a todos, ordi­nariamente después de pruebas y de exámenes, se­gún unas reglas fijas de selección y ascenso. Este nuevo arreglo de la sociedad y su gobierno, unido a la invención tecnológica, a la industrialización, etc., ha dulcificado las costumbres y ha cambiado la condición y el carácter de los jóvenes. Están ahora liberados de la arbitrariedad y protegidos por una buena policía. Por bajo que hayan nacido, todas las carreras y las opor­tunidades les están abiertas; la multiplicación de to­das las cosas útiles pone al alcance de los más po­bres unos satisfactores y unas comodidades que los ricos desconocían en el siglo pasado. Por otra parte, el r¡gor del mandato se ha dulcificado tanto en la sociedad como en la familia; el padre es el camarada de sus hijos, el mandatario vive a la par que el ciudadano; en resumen, en todas partes es visible el bienestar popular y la prosperidad que una justicia expedita proporciona».

«Pero, por contragolpe, la ambición y las avideces han desplegado sus alas. El hombre y su familia se ¡íán acostumbrado a considerar a la felicidad y al bien­estar como cosas que le son debidas. Obteniendo más se han vuelto más exigentes y sus pretensiones han so­brepasado a sus logros, pues habiendo desarrollado un enorme avance científico, la permisividad y la indo­lencia se han esparcido y, el pensamiento libre con­vertido en libertinaje, se ha entregado a todas las osa­días. Por lo que, los jóvenes, dejando de lado sus creencias de antaño, se han creído capaces de alcan­zar por la sola fuerza de su ingenio las verdades supe­riores confundiéndolas con el hedonismo. Moral, reli­gión, política vuelven a discutirse frente al pantocrato de la tecnología y asistimos al extraño conflicto de los sistemas y de los paradigmas, que se renuevan para suministrarnos un dogma nuevo y ofrecernos una di­cha completa: «el dolce fare niente»» (O el dulce hacer nada, pues todo lo merecen los becados del Pejeyac).

«Un tal estado de cosas tiene serias consecuencias sobre las ideas y sobre los espíritus. Pues el persona­je reinante —la dorada juventud— de corazón insacia­ble y vagamente inquieto es desgraciado, y lo es por dos razones: primera, es demasiado sensible, dema­siado impresionable por pequeneces y artificios, y por­que tiene demasiada necesidad’ de sensaciones dul­ces y de golosinas, y está demasiado acostumbrado al bienestar, a la vida regalada. No ha tenido la educa­ción recia de nuestros abuelos, no ha sufrido la disci­plina militar, no ha sido maltratado por sus padres, ni ha pasado privaciones, hambres o intemperie. Todo lo contrario, en el aire templado de la comodidad moder­na y de las costumbres sedentarias, se ha vuelto deli­cado, nervioso, susceptible y menos capaz de adap­tarse al tren de vida que impone siempre el trabajo y exige siempre el esfuerzo».

-Y ni el amor a la patria, ni la gloria del deporte, ni el heroísmo de las batallas, ni la ciencia, ni el poder, ta­les como los encontramos en este mundo, pueden satisfacerle, pues la intemperancia de sus deseos, irri­tada por la insuficiencia de sus conquistas y por la nada de sus goces, le deja abatido sobre las ruinas de sí mismo; sin que su imaginación cargada en exceso, decaída e impotente, pueda representarle el más allá que ambiciona y el «no sé qué» que no tiene»-.

Así se ve a nues­tra embriagadora juventud, la de la vida regalada, ¿qué le parece?

 

CORTEX

 

 

Comentarios

  1. Luis

    28 octubre, 2020

    Aunque no todos tengan los mismos componentes ni ingredientes, circunstancias obligan y atenúan, sí, es un buen comienzo para dialogar y debatir. Un saludo Alfonso, me gustó tu texto, junto a mi voto!!

  2. Cortex

    29 octubre, 2020

    Gracias, estimado LUIS.

    Favor que me haces.

    CORTEX

  3. Esruza

    29 octubre, 2020

    Lamento no ser tan inteligente para poner un largo comentario,

    sólo mi voto

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas