Tentadora huida

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En su casa me sentía terrible, no había un lugar donde estuviera cómoda.

¿Era él, era su casa, o era yo?

Seguro que era yo, por tolerar y darle tiempo para que pensara si seguíamos estando juntos o ya no había esperanzas.

Él tenía razón, me lo dijo esa mañana en la que el tsunami se llevó todo: “Vos no sos la mujer que conocí”.

Eso de ser la misma que había conocido hacía más de veintiséis años, era difícil.

Dijo la verdad, no era igual.

En esos meses, yo era la que soportaba, la que permitía que dijera cualquier barbaridad; porque él estaba entre lo que “tenía que ser y lo que quería”. Y dentro de lo primero había un error que yo había cometido siete años atrás. Más allá de eso, si hubiera sido la mujer que había conocido, jamás hubiera tolerado sus modos.

¿Acaso él no había cambiado, en veintiséis años, siete meses y catorce días?

Lo había hecho. No era el mismo que yo había endiosado, y creía “casi perfecto”.

Mi familia también lo veía así, por eso “como un mandato extracurricular”, también estaba prohibido que alguna vez llevara una nueva pareja.

Todo había cambiado, éramos otros.

Él me dejó. El «casi perfecto, el que no hacía nada fuera de lugar. Ése, al que quise revestir otra vez con el mismo halo, durante los seis meses de gracia.

Algunos días eran insuperables, me alzaba abrazándome y me decía: “Si la vida te sonríe”.

Yo andaba sombría y desorientada, esas palabras eran un… “dejate de joder que estamos bárbaro”. El abrazo me cambiaba la química, de todos modos no podía relajarme.

Tantas cosas se borraron de mi memoria. Me cuesta recordar cual fue la última mañana que lo despedí desde el portón. Cuando algo se me borra me da bronca. ¿Me da bronca eso, o me da bronca lo que pasó? Fue un lunes, seguro, casi todos los lunes salía de casa hacia el trabajo.

En el fin de semana, mi cama era su cama. La que había sido de ambos, dormía sola en ese frío lugar.

¡Ay los lunes!

Esos días eran una coyuntura, tenían un sabor agridulce. Cerraban un lindo fin de semana, con un porcentaje altamente positivo y dulce; la semana comenzaba a rodar con un “estoy, pero no estoy”, tan agrio.

Entre subidas y bajadas, se iban mezclando: agrio y dulce, amor y odio.

Viviendo casi en una montaña rusa, me fui acostumbrando a que todo estaba bien cuando todo estaba mal.

En una relación de amor-odio, los vaivenes son épicos. El camino del medio que deseaba transitar no estaba habilitado.

Algunas veces me demostraba su amor con una colorida comida.

Una se la arruiné.

Estábamos cerca de Nochebuena, él se iría a pasar esa noche tan especial con su hermano. Mi reclamo empalideció la comida, no quería que pasara ese momento lejos de mí y de nuestros hijos. Que dolor me estaba produciendo.

Fui y se lo dije.

También agregué algunas cosas que en el transcurso de ese tiempo me había dicho, no las recordaba, las negaba; alegando que era incapaz de pronunciar esas palabras.

Era incapaz de eso, de poner “un beso” en un mensaje, y de tantas cosas.

Incapaz de recomponer lo que estaba roto, y tan incapaz como yo; de ser quienes habíamos sido.

Se había hecho uno con ese espacio tan frío, prisionero de sus paredes.

La última noche quise salir corriendo. No era amor lo que habíamos compartido. El odio es difícil de servir en una cama, peor aún; en la que fue de ambos por más de la mitad de nuestras vidas.

El domingo de esa semana pasó el tsunami, la prueba salió aplazada.

Me quise ir de mi casa, quise cambiar mi cama, mi colchón nuevo, mis viejas sábanas. Allí había quedado su energía.

Me encerré para no pensar en mi vida, en la que había transformado una relación de amor en una de odio. Me hice cargo de que fui artífice de mi destino, porque antes de negar ese error que había cometido siete años antes de los maltrechos seis meses; preferí asumirlo, aunque el dolor me partiera al medio.

Como partió esa cama, esa noche, tentándome con la huida.

Comentarios

  1. Dr. Krapp

    23 octubre, 2020

    Vivimos en un extraño dilema con las personas con las que compartimos nuestras vidas o momentos. Por un lado queremos que nos sorprendan cada día por otro nos asusta ver que se han convertido en personas distintas y necesitamos la certeza de que lo que fue sigue estando ahí.
    Me gusta tu historia.
    Un abrazo

  2. JRPineda

    23 octubre, 2020

    Buena historia, pero como una vieja canción » el amor acaba» a veces una de las partes se resiste pero son dos. Gracias Eli.

  3. JR

    23 octubre, 2020

    Me gusta mucho tu relato. Me alegra que tuviste la valentia de romper con la situacion y el valor para cambiar la cama, el colchón, y las viejas sábanas.

    Un abrazo, amiga!

  4. Eli...

    23 octubre, 2020

    @maxkrapp
    Cuando crecemos de maneras diferentes, siempre al final de un tiempo vamos a reconocernos como extraños, aunque duela, esto fue así 🙁
    @jrpineda
    Ismael Serrano dice «el amor es eterno mientras dura», que verdad…
    @ginimardeletras
    Así es, pero… luego de tantos años, el otro se transforma en una parte de nuestro cuerpo, de ese modo lo viví, cortó soltar, y aún lo tengo idealizado. Es, fue y será el hombre de mi vida. Así de simple.
    @joserubengoycochea
    Bueno, bueno, eso de valentía… la tuvo él. Ese domingo del tsunami, quería irse y no podía arrancar. Y dijo: «No puedo»… seguir conmigo era.
    Lloré a mares, y no pude cambiar nada de todo lo que decís. Para no extrañarlo, ocupé el lugar que él tenía en la cama. Dormir donde lo había hecho siempre, significaba que el faltaba. De ese modo, toda la cama fue mía.
    Les agradezco a los cuatro, y disculpas por los errores de tipeo, las comillas por ejemplo.
    Les mando un fuerte abrazo 🙂

  5. gonzalez

    23 octubre, 2020

    Me gustó, Eli. Te dejo una frase (sacada totalmente de contexto je) de Cortázar ‘Los bordes
    del tablero se van llenando de peones y caballos comidos, pero vivir es tener los ojos clavados en las
    piezas que siguen en juego’ un abrazo fuerte y mi voto.

  6. Esruza

    24 octubre, 2020

    Eso de ser la misma, está difícil, todos cambiamos con los años.

    Muy buena decisión.

    Mi voto y saludos

    Estela

  7. Eli...

    24 octubre, 2020

    Muy buena frase compatriota, seguro que eso es vivir. me la quedo 🙂 Gracias por el regalo.

    Ser la misma… te imaginas Estela, y que el tiempo no te haya enseñado nada, triste eso.

    A los dos @gilgonzalez y @estelarz39hotmail-com muchísimas gracias!!!

  8. Eli...

    24 octubre, 2020

    @asnoren
    Así fue amiga, una situación horrible, seis meses entre el odio y el amor. Además su pedido fue que nadie se enterase de que «habíamos vuelto»… Mucho dolor.
    Abrazo querida 🙂

  9. The geezer

    24 octubre, 2020

    Me alegra mucho leerte de nuevo. Creo que contaste muy bien esa dinámica tan destructiva y estéril del amor/odio, que muchas personas hemos conocido, por falta de una verdadera educación sentimental (fuera de cuentos de hadas) ¡Un abrazo!
    César

  10. Eli...

    24 octubre, 2020

    @cesarholgado
    Gracias por alegrarte, primeramente. Ya pasó, por suerte.
    Te mando un abrazo y otro gracias 🙂

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