Un muro con ventanas

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Una de mis hermanas hubiese puesto plantas, árboles, matas… un vivero, la otra ni hubiese cercado, yo hubiese hecho un cubo de bloques muy parecido a un búnker, pero él hizo un muro con ventanas.

De pequeño, veía cómo él picaba en tres pedazos un jabón azul mientras las demás personas creían que usábamos jabón del caro. Los tres trozos de jabón ya tenían sitio determinado: un extremo para un baño, el otro para el baño común y el pedazo del medio para el fregadero.

Parecía que esa división del jabón era una metáfora de nuestra vida: parca y con sentido de futuro como la fábula de la cigarra y la hormiga que nos hacían leer en la escuela; y, aunque en la niñez lo veíamos como una injusticia, ahora parece que ha sido una de las cosas más sensatas que hemos aprendido.

Luego de que mis papás dejaron la ciudad para asentarse en un valle rural, decidieron comprar un terreno que nadie quería y donde todos veían un montarascal, un botadero de basura, él vio la casa donde crecerían sus hijos.

Cuando el terreno estuvo apropiado para comenzar la casa, él mandó que esta se construyese en todo el medio con ese pensar hogareño que muchos venezolanos cultivan en su imaginario familiar y la intención de que si alguno de sus hijos así lo quisiese, tuviese la opción de construir su casa en el patio y así vivir el sueño patriarcal de tener a todos sus retoños cerca.

La casa llegó a estar lista y solo faltaba cercarla porque por cultura, costumbre y seguridad así se nos ha enseñado. Sabíamos que no sería una empalizada, mi mamá se opondría y hay batallas que él está claro que no va a luchar; además, una empalizada simboliza un pasado del que ha ido deslatrándose pensando en el progreso de él y los suyos.

Tampoco desplegaría mallas, lo suyo no es hacer que una casa bonita tenga aspecto de gallinero; entonces, hizo un muro con ventanas.

No es un paredón porque lo que fue hecho para nada lleva en sí las sombras fúnebres que esa palabra ha dejado en los hispanoamericanos, es un muro con ventanas.

Destaco que es un muro con ventanas y, aunque no soy arquitecto, ingeniero civil, murólogo ni nada por el estilo, creo que las ventanas no son un rasgo característico de los muros. Pero, sobre todo, resalto ese aspecto porque esa gran pared que resguarda la casa es la mayor metáfora que nos legó con su crianza.

El muro con ventanas son las bases firmes de nuestras creencias, los pilares de nuestra educación para la cual no tuvimos que trabajar porque lo nuestro era estudiar y la provisión divina él la procuraría, los bloques de años experiencia que forjaron y recubrieron el carácter de cada uno y ventanas que nos muestran la necesidad de empatía, de ser y estar para los otros de necesitar y acudir cuando se es necesitado, de volar tan lejos como queramos en busca de los sueños sabiendo que, de la misma forma en que el aire que pasa por las ventanas de ese muro, nosotros tenemos libre acceso a esa casa donde siempre seremos bienvenidos así estemos en Murcia, en Mérida o errantes por la vida.

Aunque pedíamos otro jabón, además de un montón de cosas, él nos dio una casa y puso en ella un muro con ventanas.

Comentarios

  1. Mabel

    27 octubre, 2020

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

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