Viaje a Europa

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Rodrigo estaba cansado de toda esta situación. Había comenzado a odiarla.

Ya lo había intentado muchas veces, pero esta vez por alguna razón le parecía más dificultoso. Se le había hecho muy difícil volver a su antigua rutina, pero a insistencias de Carola, su esposa, había comenzado poco a poco, corriendo y caminando y hoy había intentado aumentar la intensidad y el ritmo.

—Es tu problema si no quieres ponerte en forma —le dijo Carola en tono de reproche—. Yo estoy lista para empujar tu silla de ruedas si es necesario.

Cuando comenzó a doblar la curva se dio cuenta que el camino comenzaba a subir. Lo notó por el dolor que sentía en sus rodillas y el esfuerzo que tenía que hacer para respirar.

—A mí sí me importa cómo luzco —dijo Carola parándose frente a él y mostrándole el progreso que había conseguido.

Él quería verse bien y sentirse más sano. Precisamente por eso había salido a caminar en las mañanas al parque de la esquina. Comenzó caminando a un ritmo lento para que sus pulmones, su corazón y sus músculos se acostumbraran. Pero el entusiasmo inicial se evaporó y su energía comenzó a disminuir poco a poco. A pesar de todo su esfuerzo, no lograba ver resultados con suficiente rapidez.

—Maldito viaje —pensó.

Su esposa lucía mejor que nunca. Después del café de la mañana, hacia entrenamiento también en el parque de la esquina. Llevaba varios meses haciéndolo y había logrado convertirlo en un hábito.

—Me siento mejor física y mentalmente —le dijo. No quiero estar sobrepeso para el viaje. Allá tú si te quieres quedar estancado.

Andaba con sus amigas una hora todos los días. Buscó y encontró en internet planes de ejercicio y los seguía religiosamente. Le había animado bajar de talla de ropa y ver como su cuerpo comenzaba a esculpirse como cuando era más jovencita.

Es tu problema si no te motivas le dijo en la mañana. La ropa ya ni te queda y así no vas a andar conmigo.

Rodrigo, cansado y adolorido decidió regresar, pero en el camino a la casa vio un anuncio que ofrecía servicios fúnebres comenzando en tres mil dólares y se detuvo a pensar.

—Me cuesta menos enterrarla.

Comentarios

  1. Mabel

    20 octubre, 2020

    Muy buen relato. Un abrazo José Rubén y mi voto desde Andalucía

  2. SDEsteban

    20 octubre, 2020

    Ja, ja, ja. Sí; a veces somos un poco pesadas…. Un abrazo!

  3. Salma

    20 octubre, 2020

    ¿Será cuestión de dinero o de envidia? jajaj
    Me gustó el relato y me dejó pensando…
    Recibe mi abrazo y mi voto

  4. Esruza

    20 octubre, 2020

    Muy bueno, José Rubén, pero hay que esforzarse para estar en forma.

    Mi voto con un saludo.

    P.D. Nunca recibí tu correo.

    Estela

  5. gonzalez

    21 octubre, 2020

    Jajaajajaja, lo que me hizo reír este relato amigo, te felicito!!! Mi voto más que merecido y un abrazo.

  6. Eli...

    22 octubre, 2020

    Genial, muy bueno ese final. Me encantó amigo.
    Te dejo un abrazo!

  7. ginimar de letras

    23 octubre, 2020

    El final me pilló desprevenida! Qué bueno, JR! Gracias por este ataque de risa. Un abrazo 🙂

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