Las manos acumulan cuchillos
y los dedos tragan tormentas,
cuando la noche no es más
que un depósito de gasolina sin alma,
y los lapiceros gastados del taxidermista
alcanzan la hora desierta.
La noche esboza su gaseoso porvenir
de citas entre asteriscos y almohadillas,
durante el cuarto de hora que va
desde tu casa a la taberna del desespero.
No es un templo, sino una hoja quemada,
la rosa de ayer tatuada, en el fondo de un azulejo,
donde plantaste tu copa de trébol, sobre un posa vasos
siniestro. Sombras simiescas, y un árbol
destrozado, dan cuenta de la siguiente escena.
No es bueno cambiar de humor cuando de amor
se trata-.
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Esruza
Así es, estimado Luis, muy buen poema, qué más se podía esperar de ti.
Mi voto y saludos
Estela
Mabel
¡Me encanta! Un abrazo Luis y mi voto desde Andalucía
Luis
Gracias Estela, un saludo!!
Luis
Gracias Mabel, un abrazo!!
Salma
Siempre es un gusto leerte, presentas las escenas como un acto, en las que se puede sentir hasta el viento que sopla fuera. tienes mi voto.
Luis
Gracias Salma, un saludo!
ginimar de letras
Los cambios siempre cuestan. Transmiten muy bien la sensación en tus letras, Luis. Un abrazo 🙂
Luis
Gracias Ginimar, un abrazo!!