«El oficio de padre, le está permitido a cualquier aficionado»
Santiago Genovés
La noticia es desalentadora. Después de 50 años de iniciada en nuestro país la cultura de la anticoncepción y de establecida en marcha azarosa la educación sexual formal —con la consecuente «planificación familiar institucional», la vasectomia y los preservativos condolatex—, además la práctica del método Billing de control natural de la fertilidad, el resultado es que los embarazos en las adolescentes por falta de previsión, educación y anticonceptivos se han convertido en verdaderos focos rojos para la Dirección de Salud Reproductiva de la SSA y la CONAPO. (Consejo Nacional de Población)
Ahora resulta que la falta de anticonceptivos y no el aumento de las relaciones sexuales entre las menores es la que ha provocado la proliferación de embarazos en las adolescentes. El hecho es que se atienden más de 496 mil partos al año (SSA) en madres menores de 20 años y la UNAM dice que son más de 550 mil. Ello sin considerar las interrupciones intencionadas o los embarazos fallidos. Y que los casos de embarazos en menores entre 12 y 17 años van en aumento, según estadísticas de las propias dependencias.
¿Tendrán estas cifras algo que ver con la promiscuidad… con la fatalidad y la falta de expectativas entre las jóvenes… o será simplemente que la falla se centra en la falta de anticonceptivos… o en el fracaso de los arcaícos métodos y sus asegunes afectivos?
A nivel educativo y universitario se han establecido programas para educar y dar información sexual y cuadernos alusivos desde la temprana edad. ¿Será acaso que nuestros –univ-bachilleres- no conocen de métodos anticonceptivos o que nunca han oído hablar del sexo en biología, ni de las consecuencias reproductivas de una pareja que tenga relaciones sexuales sin previsión, intención o «protección»; ni saben tampoco lo que es un condón, ni tampoco han asistido a las charlas de orientación sexual (laicas o no) para poder controlar sus impulsos y tener acceso a lo que se conoce como «sexo seguro» o simplemente aprender a decir… que NO, por vía genital pero SI, ¿por otros canales manuales o bucales?
Pero la realidad es muy distinta y lo sabemos los aún aficionados padres. A los estudiantes de prepa y secundaria les sobra información acerca de las funciones sexuales y reproductivas… y la gran mayoría está suficientemente informada sobre el uso y abuso de los anticonceptivos, la cuestión es que se amparan en su condición de adolescentes: adolecen de todo y fingen demencia al momento de ejercer su libertad (sexual), abusando del poder que de ello se deriva para confrontar su realidad familiar y salirse con la suya, haciendo que sus progenitores asuman la responsabilidad social y económica pagándoles el boleto: la licencia para fornicar impunemente o configurar la alianza patrimonialista del matrimonio a cargo de los padres de ambos.
Desde 1970 se han destinado millones de dólares para financiar programas de control de fertilidad con el propósito de reducir el fenómeno de la explosión demográfica, la sobrepoblación y el hacinamiento urbano que tanto les preocupa a los centros de poder financiero. Lo que ha sobrado es dinero (gastado en burocracia y difusión demagógica) y apoyos tecnológicos para producir y promocionar mejores y accesibles contraceptivos. Hoy por hoy, nuestros jóvenes saben y conocen sobre sexo más que muchos adultos, aunque los aficionados padres, hagamos mutis.
Hasta cuándo entonces vamos a entender bien a bien cuál es la conducta preventiva de adelantarnos a los acontecimientos, -la de proveer protección eficaz-, a proporcionar a nuestros jóvenes la atención sicosocial que necesitan. Qué es lo que urge hacer para señalarles el camino de que no se vale meter gol impunemente?
Continuará.
CORTEX





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