«Anatomía es destino» Molkas.
En los países civilizados -Costa Rica o Chile- el ejército o la guardia civil coopera en la formación cívica, social, técnica y competitiva de los jóvenes ciudadanos; porque a través del servicio militar efectivo se fortalece la integración nacional y se prepara a las nuevas generaciones en el trabajo y las aptitudes formativas y productivas (no reproductivas). Nosotros, ni siquiera hemos intentado hacer efectivo el año de servicio militar que estipula la ley a fin de reconvertir -con disciplina y endoctrinamiento patrio- a esa enorme masa de jóvenes cautivos por el ocio y el consumismo y carentes de expectativas reales: ocupacionales, laborales o educativas, para convertirlos en verdaderos agentes de cambio social, aprovechando su fuerza de trabajo, talento, vehemencia y disponibilidad de tiempo, incluyendo, por supuesto, al género femenino y los trans.
De esta forma se podrán abrir espacios para recomponer la pirámide educativa y rediseñar la arquitectura, las estructuras dispersas del sistema nacional de enseñanza profesional, técnica o de oficios. El papel de un ejército moderno -además de ser garante de la soberanía y de la defensa y protección del régimen institucional interno- podría ser también palanca y salvaguarda de ese potencial -que es la juventud— mayormente desperdiciado.
Y es que los jóvenes, desilusionados por una visión consumista en relación con el sexo y la hipocresía de los adultos; hastiados por la vulgaridad en cuestiones tan trascendentes como el amor y la sexualidad; hartos de las mentiras que se supone les ofrecen protección y guía…
-cuando en la realidad televisiva y propagandística se promueven formas y expresiones groseras, irresponsables y riesgosas en torno al sexo por mero desquite o reventón o imitación barata—
dejando de lado el sentido edificante del matrimonio como un auténtico proyecto de vida: como el espejo existencial de sí mismos para escoger con previsión, intención y afinidad las mejores cualidades de la pareja, a efecto de terminar con el estigma derrotista de que el oficio de madre le está permitido a cualquier aficionada.
Las jóvenes deben aprender que el sexo es la potencia de la vida: una fuente de placer, amor y complementariedad y que, por razones biológicas, está íntimamente ligado a la reproducción, a la conservación de la especie, por más que se le quiera convertir en un pasatiempo barato, en un juego o diversión a cambio de placer, poder o dinero.
Deben saber también que cuando entregan su cuerpo, es porque ya han entregado antes su corazón en un compromiso que implica respeto, pertenencia y lealtad al proyecto de vida juntos.
Sin embargo, en los ambientes oficiales, privados o sociales, se presume de apertura y modernidad aunque con frecuencia se percibe un enfoque demasiado moralista: el sexo es sucio y degrada a la persona. No es sociológicamente correcto promover el matrimonio temprano entre los jóvenes y menos preconizar la abstinencia sexual como medida de continencia reproductiva, puesto que estas políticas aparecen como las causas de los fracasos en los programas educativos y contraceptivos institucionales en torno a los programas de atención a la juventud.
¿Acaso no se puede diseñar un lenguaje distinto: facilitador y discreto, veraz e instructivo, convincente y seductivo, para hablar de sexo y sensualidad a nuestros jóvenes?
Yo creo que sí se puede y, —como en las artes de ejecución, con su cortejo erótico—, conmoverlos e inducirlos a la reflexión amorosa, a la “hechura del amor” con sentido, estética y destreza.
CORTEX





Esruza
Parece un texto contradictorio.
pero, va mi voto.
Bossy