¿Nos estamos faxiando?

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«Entre changarros, mini emprendedores y 18 millones al margen del fisco se designan $1000 millones al programa emergente de empleo: ¿a quiénes le tocará la bolita buena de $556.00?»

 

En julio del 2018 hubo un mandato por el cambio, cierto, pero también por un gobierno acotado. Por eso la 4T ganó la mayoría en el Congreso. También es cierto que la popularidad del Pejeyac alcanzó un inesperado 83%. Se abrió entonces la posibilidad de que el nuevo presidente transformara ese nivel de acep­tación en una apabullante fuerza de cambio. Pero para que dicha estrategia funcio­nara era necesario que el reciclado gobierno de los «meros buenos» ofreciera resultados tangibles. Baste recordar lo que ocurrió con el PRI en la elección del 88; Salinas la libró con una pobre credibilidad, pero en la intermedia del 91 su recuperación fue espectacular: nada se movía sin su voluntad.

Eso no ocurrió ahora. Las pifias y la ineficacia de la 4T han sido las notas dominantes. Por eso los electores refrendaron su mandato minoritario por un gobierno dividido, pero además sancio­naron al partido en el gobierno por su aberrante comportamiento. Las elecciones del 2021 no parecen apuntar a la consoludación de un equipo de gobierno capaz de conducir la Nación hacia un puerto firme. El Legislativo, el Judicial y los gobiernos de los estados quedaron en el limbo, al no saber a que atenerse con el Eje­cutivo. La victoria de unas elecciones confiables, quedó oscurecida por la vocación de mafia del sistema de partidos secuestrado por los facciosos de siempre.

Y es que evadir la responsabilidad que tiene el Ejecutivo en la debacle es poco edificante. Y lo es porque todo el mundo percibeque el Presi­dente hizo campaña con sombrero ajeno. Las evidenciassde la intervención de la mañanera hasta los llamados al culto del Pejeyac oara que le «quitaran el freno al cambio». Conducta poce prudente también, porque la apabullante derrota contra el PAN sí constituye una afrenta al desempeño del gobierno del cambio. Los ciudada­nos están irritados con los magros resultados de estos dos añosyconsideran que los responsables son de carne y hueso: el Presidente, el gabinete y el partido en el gobierno. De ahí que las frases: «yo no estuve allí; todo es consecuencia de los Fifis y los emisarios del pasado. Vaya burla quenos pone los pelos cual puas.Porque si no se reconoce que el Tren se está saliendo del carril y que cada mañanera es un fax contrasentido, no habrá manera de corregir el desempeño y los desatinos del Ejecutivo.

En esta transición de corte nonliberalhay unas ciertas tendencias. Una de ellas es la pulverización de la sociedad o sea la paulatina sustitución del organismo social por desordenados montones de gente incapaces de ver más allá de sus intereses de sobrevivencia y decididos a imponerlos a fuerza de chicanas, tumul­tos callejeros o asonadas. Así se pretenda soslayarlo, no hay duda que la fragmen­tación social ha resultado en un aumento exponencial de las demandas populares. A los campesinos de Ateneo o Xalatlaco se les verán los machetes, pero las exi­gencias de los empresarios, banqueros e industriales -así se manifiesten en otro estilo y forma- no son por ello menos tajantes. Cada vez es más frecuente que los reclamos, como ocurre en todo crimen, se vean acompañados por la exigencia de aplicar castigos corporales atroces o por linchamientos o violencia cada vez más inhumanos o aberrantes en lugar de disuadir con la pena capital.

 

La intolerancia hacia los demás, los otros, o las ineptitudes del aparato judicial hacen cada día más áspero e inflamable el ambiente social y el trato entre las diferentes clases sociales: la paradoja de los de arriba y los de abajo.

 

Continuará.

 

 

CORTEX

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