«Posada fue un pre-kafkiano que descubrió el rostro de la plebe acuñando «del horror al humor» el arte popular de los mexicanos. Su obra se metamorfoseó de surrealista a suprarrealista… y su «catrina» se hizo calaca universal»
En memoria del mes de las calaveras, quiero recapitular el contenido de 3 singulares conferencias que 3 singulares especialistas dictaron ese año en el museo J. G. Posada el día de muertos en Ags.. La primera, del literato de «carácter» costumbrista Carlos Monsiváis; la segunda del caricaturista EL FISGON -canonista cercano al oficio del insigne grabador— y la tercera del historiador Ricardo Pérez quien destacó el espíritu de la prolija obra litográfica del controvertido artista de Aguascalientes.
LA CALACA DE POSADA —Y NO LA BRUJA O CALABAZA— ES EL ICONO DE LOS MEXICANOS. De esta manera Monsiváis describe la creatividad de Posada, al hacer el elogio del artista que logró rescatar del «limbo de la historia» a la plebe de barriada, la que durante el siglo XIX casi nunca apareció como una realidad visible en las manifestaciones plásticas o pictóricas de la recién independizada nación mexicana. Si acaso, decía Monsiváis, aparecía el rostro de los mexicanos de manera heroica, un verdadero estereotipo de almanaque y pintura preciosista, como el que produjo Saturnino Herrán acerca de los indios de México. Y es que Posada, al estar en contacto con el vulgo desde la penumbra de su «zaguán-taller», —ya desde su remota infancia cuando estudiaba con su hermano Cirilo y cuidaba de los alumnos más pequeños—, pudo reconocer el verdadero rostro «la imagen del horror» de aquella plebe marginada, harapienta y hacinada en las vecindades de la gran ciudad.
Esas fachas de los pepenadores, los albañiles, los cargadores y sus mujeres, a los que veía y trataba en la visita cotidiana a la pulquería -oasis citadino del brebaje sublimador de la existencia— en donde la imaginería exaltada por el efecto alucinante de los «caldos» hacía aparecer las imágenes delirantes: monstruos de metamorfosis, demonios del inframundo que reflejaban» cual caja fotográfica surrealista» las escenas y los rostros de una realidad infrahumana, que lo mismo daba vida a los protagonistas de horrendos crímenes, que a la nota roja truculenta, a las caricaturas de sátiros y políticos, a manifestaciones religiosas de exaltación extática, que a las visiones costumbristas de horrenda miseria suprarrealista.
Por eso Monsiváis nos dijo: «La monstruosidad de las escenas costumbristas de Posada es equiparable a los monstruos humanos de la metamorfosis kafkiana, sólo que ese surrealismo posterior y autocrítico de Kafka, es superado por el suprarrealismo de Posada al acuñar el rostro de la plebe, cambiando el «horror» surrealista por el «humor sincrético de la calaca». Posada es el registro notable de la conciencia colectiva de ese vulgo bastardo despreciado por la élite gobernante, y que lo hace identificarse de pronto ante las imágenes que le permiten, —a esa plebe—, obtener una noción inesperada de su existencia: “No importa cómo me vean, lo importante es que yo aparezca”.
CORTEX





Luis
Triste y hermoso, a la par, socarrón y vulgar, aristocrático y selecto texto, como acostumbras, aunque desconocía- no tengo porque conocer a todo quisqui, escritor o no-, al susodicho. Un saludo y mi voto!
Cortex
Favor que me haces, estimado LUIS,
con tu riguroso comentario, que continuará (2).
J G Posada, fue el grabador.
Carlos Monsivais, el escritor contemporáneo.
Narrador costumbrista,
quien falleció en el sigo XXI.
CORTEX
Esruza
A mi me parece un buen texto en honor del Gran Posada y su catrina, representación auténtica de
nuestras costumbres.
Mi voto
Cortex
Gracias, querida Stella.
Es una honrosa distinción de
una notable poeta mexicana..
CORTEX