PRESA FACIL

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Deambulaba solitario por las calles de Asunción una noche de viernes de no recuerdo que mes, habrá sido diciembre por el calor que se sentía. Buscaba,… no se que, alguna aventura tal vez,
distracción, matar el aburrimiento, que se yo… Crucé por un local nocturno que no conocía, me llamó la atención, retrocedí unos pasos y a través de una pequeña abertura en la puerta semiabierta, vi a un grupo de gente jugando ajedrez. Yo lo jugaba en mi juventud, recuerdo que hasta la obsesión. Algo de mi soledad y retraimiento debe ser por culpa de este juego, pero me hacía sentir bien, porque en mi barrio nadie lograba ganarme. Un poco de esa nostalgia, hizo que entrara, quería volver a sentirme con el ego elevado, me hacía falta.
Nadie advirtió mi presencia, todos jugaban muy concentrados. Fui cruzando una densa cortina, formada por el humo azulado de cigarrillos baratos. El sonido de los relojes del juego y de las piezas echadas sobre el tablero, era la única música del lugar. El trac, truc, troc, tenía una cadencia bastante irregular pero constante.  Nadie hablaba. Todos fumaban. Caminé lentamente, observando un juego y otro, analizando con rapidez, sopesando el nivel de los participantes, hasta que llegué al fondo de aquella pequeña galería. Me llamó la atención un hombre de edad avanzada. Llevaba un sombrero de tela oscura, vestía completamente de negro. Estaba sentado, solitario junto a una mesa de juego. Las piezas alineadas, intactas. Supuse que era el dueño del local, o algún viejo maestro, alguién a quien nadie quería enfrentar. Levantó la mirada y al verme, extendió su mano y me invitó a jugar. Yo dudé un instante, pero el ajedrez es un juego de caballeros, no lo podía rechazar. Estiré la silla y me senté junto a la mesa. De pronto se hizo un silencio, todos dejaron de jugar, me observaban. Hice como si no me diera cuenta de aquel detalle. Me acomodé y asentí con la cabeza, el inicio del juego. Me tocó jugar con las blancas. Elegí la apertura española, era la que mayores éxitos me dio en el pasado. Pronto comprendí, que el anciano dominaba el juego, su ataque era técnico, agresivo, voraz. La negra. Tenía que hacer algo para no ser  humillado. Hurgué en mis recuerdos y advertí que la razón por la que nunca llegué a dominar el juego, era mi desconcentración, mi impaciencia, mi nulo análisis del juego del rival. Siempre me enfoqué sólo en lo mío, en mi estrategia, en mis ataques y más de una vez fui sorprendido con un mate, antes de que llegara a concretar mis planes…Esta autocrítica, hizo que variara mi forma de jugar. Comencé a concentrarme en los movimientos que hacía el anciano, en analizarlos, en cierta forma evité la debacle. Poco a poco también fui analizando a mi extraño oponente, ¿Quién era? ¿Dónde vivía? ¿Por qué vestía de negro? que nerviosamente giraba entre sus manos rugosas, un caballo que me había capturado. Recordé a Forrest Whitaker en  Venganza 3. (Ya me ven, otra vez distraído) De pronto el hombre me miró fijamente a los ojos. No sé si fue mi imaginación, algún efecto de la luz, pero vi en ellos un destello rojizo, como los ojos del mismo diablo, como suelen representarlos en las películas. «Esto me pasa por ver muchas películas tontas», pensé, pero aquello en verdad me asustó y me empujó a hacer un movimiento torpe, me capturó gratuitamente un peón. Él sonrió maliciosamente. Allí advertí que todos nos habían rodeado, interesados por el juego. Esto me puso más nervioso. La atmósfera del lugar se puso rara, lo pude sentir. Vi que en el fondo una mujer vendía bebidas. Me disculpé y fui por una coca cola. La mujer me sirvió en un vaso de plástico, luego me sonrió. Juro!,  vi que tenía unos largos y filosos colmillos.  Comprendí que mi vida corría peligro, que el lugar donde estaba no era un sitio normal. Quise correr, pero que cerraron la puerta. No tenía alternativa más que quedarme en el juego. Mientras este duraba, estaba a salvo, en otras palabras me estaba jugando la vida y no podía dejar que me hicieran mate, o que me matasen, valga el juego de palabras. Usé la estrategia de ralentizar todo, vi que esto ponía más nervioso a mi oponente. Al advertir su impaciencia y voracidad, entendí  que esto podía ser una debilidad en su juego. Se me ocurrió una estrategia vital, para mi al menos. Comencé a sacrificar mis piezas, logrando que las suyas se alejaran de la protección de su rey. Le entregué un peón, luego otro y otro. Más tarde un alfil y de a poco fui abriendo camino para mis torres. El siguió con su avidez desenfrenada de devorar pieza tras pieza. Todos me veían torpe y debilitado hasta que descubrí una posibilidad remota. No era ninguna genialidad mía, sólo una variante de la infinita alternativa que ofrece este fantástico juego. Suerte para mi. Ofrecí en sacrificio a mi reina. Era lo último, si me lo aceptaba, tenía un hueco para que, en una combinación de ataque de torre, caballo y alfil le diera mate en tres movimientos. El anciano en su ansiedad no se detuvo a pensar mucho, además mi torpe juego le había dado indicios suficientes de mi poca experiencia. Esta vez no se cumplió aquello de que «más sabe el diablo por viejo que por diablo»  me capturó la reina. Todos celebraron mi fin, pero en fin. Con torre en C1 le hice jaque. Él, apartó a su rey de la vertical vacía, con el último alfil que me quedaba, le volví a hacer jaque en diagonal.  El anciano se inclinó hacia el tablero y desencajado advirtió lo que se le venía, arrinconó más a su rey, porque no tenía opciones y con un salto del caballo en la casilla B7 le dí mate. El viejo salió de sus casillas. Con una fuerza extraordinaria, partió en dos a mi dama, la última pieza que se había tomado. Todos miraron sorprendidos el desenlace de aquella partida. Yo esperé, que se arrojaran sobre mí para darme muerte o que me succionaran la sangre. Pero como el ajedrez es un juego de caballeros, el diablo me pasó la mano. Nos estrechamos mutuamente, porque en aquel tiempo aún no había pandemia. Me levanté y salí caminando lentamente, todos se hicieron a un lado, dándome paso. Llegué a la puerta, la abrí, salí a la calle sano y salvo, con el ego elevado hasta el cielo. Luego volví a escuchar el trac, truc, troc del juego, Nunca más pasé por aquel lugar.

Comentarios

  1. Cortex

    18 noviembre, 2020

    Don Rey, es usted un monarca de la narrativa.

    Su juego, el ambiente y su disciplina-destreza

    en el master de los caballeros satánicos, me cautivó.

    Me recordó a su ciudad: indiana, pintoresca como el Chohuí,
    con su Placita central encantadora, al lado de la
    Plataforma marcial, la de los Poderes republicanos,
    al lado del río Paraná y su submarino emblemático.

    Mi voto y felicitación.

    CORTEX

  2. Alejandro F. Nogueira García

    20 noviembre, 2020

    Sin menoscabar el mérito de otros autores que publican en Falsaria excelentes relatos de terror, creo que es justo decir que —hoy por hoy— eres el referente del género en esta red social. Con notable regularidad has ido aportando narraciones que hablan mucho y bien de tus capacidades inventivas. Sorprende ver cómo, semana tras semana, has sabido encontrar una variación dentro de los márgenes de la temática del horror, saliendo airoso de los escollos que todo el que haya escrito alguna vez textos de este tipo conoce bien (dotar de verosimilitud al cuento sin caer en el ridículo, llegar al cerebro reptiliano del lector sin recurrir al asco gratuito o encontrar belleza estética en los estercoleros del alma).
    Tus últimas aportaciones son las que más me han gustado. No sé en qué se concreta esa mejora puesto que mis conocimientos sobre escritura son muy limitados. Tal vez tenga que ver con el hecho de que los protagonistas sobreviven a su encuentro con el terror y eso te permite narrarlos en primera persona.
    Una de las características de tus cuentos que me llama la atención es que casi siempre partes de situaciones cotidianas y realistas para introducir después los elementos fantásticos. A pesar de que la irrupción de lo sobrenatural en el relato siempre conlleva sorpresa, casi siempre consigues que el relato no pierda su coherencia.
    El cuento sobre el que escribo este comentario me ha generado una duda. No entiendo por qué el viejo respondió al jaque de la torre con un movimiento del rey a b8 en vez de situarlo fuera del alcance del alfil en d7. Creo que, en el fondo, quería que escribieses el relato en primera persona y, para ello, tenía que dejar ganar a su contrincante. Incluso en este caso, más supo el diablo por viejo que por diablo.

  3. Rey

    23 noviembre, 2020

    Caramba! no me había dado cuenta! El viejo me dejó vivir. Gracias por la crítica!

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