«Ensenada: ciudad pesquera fundada en 1882, experimentó el auge industrial pero también su extinción en los 90 ‘s. Fue el Turismo y la adaptación de su gente, el factor multiplicador de su recuperación».
Existe una curiosa semejanza entre dos ciudades con tradición vitivinícola: una, Aguascalientes, en casi extinción: y la otra, Ensenada, en plena expansión, que me lleva en contrapunto a un eje conector: el Turismo como fenómeno social y económico multiplicador de empleos. Antaño, en este Llano de Aguascalientes, se vivía la Fiesta de la Vendimia como una celebración netamente campirana. Hoy, es el Valle de Guadalupe, en Ensenada, el punto de atracción de estas fiestas.
La Vendimia es la fiesta de la uva: se bebe, se come, se baila y se disfruta de los placeres de la vida. Comienza en agosto cuando las bondades de la tierra han alcanzado su madurez. Como todos los años, campesinos y vinicultores inician el arduo proceso de la pizca, concluyendo un ciclo de esperanza con la celebración festiva. El Valle de Guadalupe posee un microclima propicio para el cultivo de la vid… y los olivos. Durante 40 años se coonvirtió en la región vinícola de México por excelencia. Por ello allí se concentra la celebración de las fiestas dionisiacas, de la antigua Grecia, en honor de Dionisio, deidad del vino y la lujuria. Durante los primeros días de agosto, las Casas productoras -L.A. Cetto; Santo Tomás; Domecq; Chateau Camou y las Bodegas de Guadalupe y Calafia— abren sus puertas para ofrecer sus mejores caldos y celebrar los eventos alusivos a la Vendimia: degustaciones, catas, recorridos, conciertos, novilladas, paellas y verbenas populares. Y aunque dicen que únicamente aquellos que han cultivado la vid pueden entender esta tradición, para disfrutarla no hay más que estar dispuesto a brindar con una copa de vino y deleitarse con la sensual expansión de los sentidos.
Pero la verbena no se acaba ahí. Se traslada a la costa, en el centro de Ensenada, sobre la costera Miramar que se cierra para dar paso a los espectáculos de danza, desfiles y conciertos frente a las Bodegas de Santo Tomás y del propio Centro Cultural y de Convenciones: un hermoso edificio de imponente corte mudéjar, que alojaba el antiguo Casino de la ciudad. Baste decir que la esbelta cúpula-minarete aloja en su interior un riquísimo artesonado de maderas preciosas digno de admiración. Es allí frente a este deslumbrante escenario y sobre el malecón en donde tiene lugar la fiesta popular, verdadero carnaval donde cientos de copas y de rostros alegres brindan y bailan y se regocijan de las bondades de la tierra… y el Turismo.
Grandes buques de la Caribbean Crusier atracan en el puerto dos veces a la semana llenando los establecimientos turísticos. Durante el año se preparan competencias de pesca deportiva de altura y regatas de veleros que acuden de todas partes de la costa californiana. Su cercanía con la frontera (una hora de Tijuana) la hace el sitio ideal para vacacionar o para pasar los fines de semana en los alojamientos de primera calidad como el hotel Las Rosas, en donde preparan los mejores cócteles tipo «bloody mary» con trozos de abulón fresco, disfrutando del mar y deleitándose con un estupendo «filet au flamme» de pez espada acompañado de un delicioso Chardonay… y la mirada sensual de una rubia.
El folclore y la fiesta tienen lugar en la calle primera, en donde se concentran los establecimientos típicos o antros: bares, restoranes, tiendas, terrazas, artesanías, table-dance, streapers, sex shops, malandrines y malandrínas que hacen la alegría de turistas y lugareños. Uno no se puede perder la cantina Housong’s en donde conocí a la mismísima Nicole Kidman y otros astros y estrellas de la meca del cine y ni que decir del súper antro Papas & Beer en donde a las «gringas» las paran de cabeza y les hacen sentir las maromas más extravagantes. Algo singular es que, estos mismos espacios, son visitados los viernes en la noche por la dorada juventud y los marineros del puerto y, los domingos, por las familias de la «jaih socaity» de la comarca.
Por supuesto que hay también el folclore popular: las cantinas y danzoneras ubicadas en la calle segunda en donde se baila, se bebe y se aprecia el erotismo artístico multisex hasta las 2 de la mañana. Esto sin que a la autoridad le falle la vigilancia, y la seguridad pública mantenga un confiable y estricto control de los eventos. Por supuesto que no hay que faltar a los puestos y mercado de mariscos, a los ricos tacos de pescado que pululan sobre el malecón y al «mercado de pulgas» en donde se puede encontrar a la misma lámpara de Aladino o a un singular personaje, especie de cicerón de estos recorridos, a quien tengo el honor de conocer y que recibió el nombre de «el Diablo de Ensenada» mi entrañable amigo, Benigno Gálvez.
El escenario anterior muestra la adaptación progresista de una sociedad tradicional a efecto de considerar la posibilidad de establecer en nuestra ciudad un proyecto de Profilaxia Social o amenidad turística lesbo-trans-gay multiplicadora de empleos, fomentadora de inversión y de desarrollo social.
Es interesante señalar ciertos fenómenos socio-económicos que tienen que ver con el turismo, su avance o retroceso, según el péndulo de las decisiones políticas:
- La ley seca y la cuarentena por la pandemia fue catastrófica para Aguascalientes. Todo ese folclore de la Féria se convirtió en una tumba sin productividad, amenazando con la abstención electoral y los desequilibrios político-sociales que conlleva.
- Tras 40 años de vida, la Secretaría de Turismo, todavía sigue siendo un lugar de paso de desaforados del gabinete o de las «primeras parejas» y no el vector inductor de la actividad productiva estatal.
- Se requiere de una sensibilidad… una especie de neurosis, un gusto por ser anfitrión, hacer los honores de la casa e inducir a que los visitantes vuelvan y recomienden a sus amigos nuestros atractivos. Es el sentido de ser «polite» o político en el sentido simple de la palabra. Es saber fomentar la Industria de la Hospitalidad y sus dividendos económicos.
CORTEX





marta otero
Ay, ojeras, qué hermoso relato.
Casi, casi, que tomo el avión
pa´ tomarme un «bloody» con abulón
en Las Rosas resort.
Esos de Aguas, deberían llamarte
para fomentar las amenidades turísticas.
Mi voto, Cortex.
Martucela.