Inesperadamente

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Parecía inmortal, mucho más que siete vidas. Seguramente ya las había gastado aunque no se hiciera público. Raro, todo lo suyo era público. Su existencia era absolutamente conocida, revolcada por diarios y revistas.

Tal vez nunca lo deseó. Pero, ser contestatario, rebelde y poner su cara frente a todo; dio eso como resultado.

¿A cuántos su paso por la tierra les dio de comer?

A muchísimos.

Cantidad de veces critiqué sus modos “de hacer”. Sin embargo e innegablemente, él nos dio más alegrías que cualquier gobierno de turno. Podíamos ser peronistas, radicales, de izquierda o de cualquier partido político. Todos éramos de él y él también era todo nuestro.

Su corazón palpitaba por la “celeste y blanca”, con ella nos llevó a la cima.

Un ícono, ya que en cualquier lugar del planeta decir “soy argentino” era sinónimo de su nombre. Ése que salía automáticamente de la boca de quien escuchaba nuestra nacionalidad.

Era nuestro, y sin oponernos tuvimos que compartirlo con el mundo. Él hizo que no nos quedara otra posibilidad.

En los últimos tiempos transitaba una depresión. Los genios son víctimas de esa maldita enfermedad.

Vincent van Gogh y Ernest Hemingway se suicidaron.

Nuestro adorado cardiólogo René Favaloro, también. Su bala fue justo al lugar en que sabía que no le erraba a la muerte.

Pero él… nunca se hubiera suicidado de ese modo, lo hizo muy de a poco; abusando de su fortaleza durante años de excesos nefastos.

El último día que lo vi por televisión era su cumpleaños número sesenta. No podía caminar y apenas hablaba, no presenció el evento; se retiró por recomendación de los médicos. Realmente se lo veía muy mal.

Le detectaron un hematoma subdural. Producto de una caída y acompañado por su adicción al alcohol –es muy común en alcohólicos. Lo operaron, y agregó un éxito más. Luego de diez días de estar internado, su recuperación la hacía fuera de la clínica por propia decisión Era indómito aun estando débil.

Lo trasladaron a una casa en un country. Estaba atiborrado de medicinas para controlar su adicción, más el terrible estado que eso le generaba. Asistido a diario por una psiquiatra y un psicólogo, con enfermeros las veinticuatro horas del día; acompañado por un sobrino y su querida cocinera.

La mañana del 25 de Noviembre, se levantó y desayunó. No se sentía muy bien y volvió a su cuarto, en el que permanecía todos los días por muchas horas, aislándose; síntoma común en cualquier persona que está desmoronada, él no escapaba a esa característica.

A la hora en que el sol estaba en el cenit, con su fulgurante esplendor, idéntico al suyo; él partió. Dicen que estaba solo en la habitación, aunque no lo creo. Extrañaba mucho a sus padres, seguramente ellos también estaban entre esas paredes y lo tomaron de la mano guiándolo por el nuevo camino.

En el trayecto a su eterna morada no dudo de que escuchó un cántico: ¡Marado, Marado…! Algo que le cantaban y seguirán cantándole por siempre.

Inesperadamente te fuiste Diego, después de darnos tantas alegrías, inundaste de tristeza al mundo. Desde lo más profundo de mi alma deseo que en tu lápida escriban: “Gracias a la Pelota”, porque… “La Pelota No se Mancha”.

¡Gracias Totales por Tanto!

Q. E. P. D.

Comentarios

  1. Alicia

    7 diciembre, 2020

    Muy bueno y cierto
    Vivió intensamente sin cuidarse
    Nuestro país quedó asociado a su apellido

  2. Diego

    7 diciembre, 2020

    Impresionante!

  3. silvia

    7 diciembre, 2020

    Muy cierto, en la vida del Diego fue todo intenso, Gracias por tan hermoso relato de la vida de un grande, no pudo estar mejor contado.

  4. Sandra

    8 diciembre, 2020

    Hermoso homenaje, 👏👏👏👏👏👏👏

  5. Marita

    8 diciembre, 2020

    Emotivo relato, me encantó!!

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