LA VENGANZA Cap 1

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La tarde estaba dilapidando su anémico color gris haciendo que el entorno tomara un aspecto pantanoso, esto a que desde el mediodía se había presentado una llovizna de sereno pertinaz de esas que suelen traer nubes cargadas de una horrenda borrasca. En la casa de Indalecia Bermejo se estaba viviendo un momento incómodo, doloroso y muy triste para ella.

Precisamente se celebraba el velatorio de su esposo, este había fallecido de una rara enfermedad de la cual los médicos no daban razón ni chica ni grande. Su cuerpo se fue paralizando poco a poco hasta el punto de perder todas sus facultades, eso sorprendió a todos sus allegados.

Lo más curioso del caso era que este sería el quinto esposo que Indalecia sepultaba en el lapso de cinco años, lo que quiere decir sin ser adivino que cada marido le duró un año. Los anteriores también habían fallecidos  de enfermedades penosas e insólitas, el deterioro físico y mental de los hombres eran el común denominador de los decesos. A pesar de lo lúgubre y sombrío del panorama varios vecinos se habían acercado a la casa de la susodicha para ofrecerles las condolencias junto con el infaltable sentido pésame, Indalecia se hallaba meditabunda y atribulada al borde de un soponcio, ya que lloraba afligidamente sentada en una silla muy incómoda.

De las pocas personas que se hallaban en la sala de la casa rodeando el ataúd, se hallaba un personaje rocambolesco por la vestimenta que ostentaba, traía camisa amarilla, pantalón azul y zapatos rojos. Además traía terciada una mochila la cual amarraba con un hilo grueso que terminaba en dos motas de lana blanca.

Al parecer nadie conocía al personaje, pero todos se interesaban en saber quién era, sobre todo porque miraba insistentemente a Indalecia de arriba abajo como haciendo un escaneo de todo su cuerpo.

Como el tipo era ágil mentalmente se percata que todos lo miran y por eso procede a presentarse, en voz pausada pero contundente decía llamarse Gumersindo Echenique, contaba que era hechicero de profesión pero samaritano por vocación. En medio de tan sencilla presentación alcanza a llamar la atención de Indalecia que también lo miraba un poco raro. Gumersindo aprovecha para presentarle las condolencias a la viuda y le da un abrazo fuerte, además le dice sutilmente al oído que él tiene la cura para el “mal bajo” y “el hígado blanco” que ella poseía. Según el hombre esta era la causa de las muertes de  sus esposos. Indalecia queda sorprendida y le dice a Gumersindo que le explique cómo es eso de la cura de su mal y además por qué medio se enteró el que esta  poseía una estela de varios muertos.

La mujer le dice a Gumersindo que lo espera en el último cuarto de la casa que se hallaba contiguo al patio para que le explique mejor. El hombre reacciona de inmediato y trata de disimular en medio de la gente. Indalecia marcha primero y más atrás le sigue el hombre orondo como si nada.

En un santiamén llegaron al cuarto en mención, el hombre le dice a Indalecia que se  ponga de pie en todo el centro de la habitación que  cierre los ojos y extienda los brazos hacía arriba agarrándose las manos.

Mientras que este sacaba de su mochila un frasco con agua, un amuleto muy raro que parecía un crucifijo y el manojo de unas raíces secas que despedían un olor bastante fuerte. No cabe duda que estos serían los aditamentos para realizar un ritual. De inmediato este comienza a rodear a la mujer y a mojarla con buches de agua, seguido empieza a sobarle el cuerpo con las raíces con la mano izquierda y con la derecha le mostraba el amuleto mientras rezaba una rara oración en un extraño idioma parecido al latín. En medio del grotesco espectáculo el hombre suelta el crucifijo al igual que las raíces y comienza a desnudar lentamente a Indalecia, esta parecía estar poseída o bajo el efecto de algún somnífero al no oponer resistencia.

El hombre emprende un manoseo morboso en contra el cuerpo desnudo de Indalecia hasta el punto de llegar a la cópula forzada sin ningún pudor, mientras que en la sala de la casa seguía el velatorio. Como era de esperarse los murmullos salieron a flote, todos empezaron a susurrar que la mujer dejó el cadáver del su marido en la sala mientras se encierra con otro en el último cuarto.

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