Pero claro que no basta la emisión de una norma para modificar conductas y alentar nuevos valores y pecaría de superficial quien supusiera que con esta ley triunfó la lucha a favor de la diversidad sexualy en contra del sectarismo. La ley parte de reconocer que la sociedad mexicana practica una doble moral y padece varias formas de discriminación, las más de las cuales se esconden tras la apariencia de un igualitarismo o puritanismo social que en muchos aspectos no es más que un disfraz. Es necesario, en consecuencia, identificarlas y atenderlas, propiciando lo que en otros países se llaman acciones afirmativas, o sea mecanismos de compensación y promoción que amortigüen o extirpen los prejuicios y la satanización de tales conductas.
La discriminación, según esta ley, es «toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen, raza, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, religión o militancia, oficio, estado civil o preferencia sexual, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento a su diversidad o el ejercicio de sus preferencias y la igualdad real de oportunidades entre las personas». Animada por este nobilísimo espíritu, esta carta de intención constituiría un referente en la búsqueda de la tolerancia y el respeto a la diversidad que son la base de la convivencia civilizada.
No obstante el valor democrático de esta ley, se reparó en sus riesgos (contra la libertad de expresión especialmente) como un defecto que podría inhibir su eficacia: la eventual inconstitucionalidad del órgano creado para aplicar la norma. El propio expresidente del Consejo Nacional contra la Discriminación de entonces, el docto humanista José Luis Soberanes, expuso su preocupación al respecto, pues, a su juicio, el Consejo contra la Discriminación «entraría en la esfera de competencia de la CNDH como hoy lo hace». Sin polemizar con Soberanes, Rincon Gallardo sostuvo que «es perfectamente constitucional que distintas instituciones persigan fines no idénticos, aunque sí convergentes, en el terreno de los derechos de la persona».
¿Cuál posición es la correcta? Es un dilema que en los hechos tocaría a los tribunales dilucidar. Valga como criterio, en la eventualidad de que haga falta, esta consideración de Rincón Gallardo, en más de un sentido artífice de esta ley: «No es lo mismo un chiste o frase ingeniosa que sea poco sensible con algún grupo vulnerable que la decisión de un agente del ministerio público de no investigar el homicidio de un homosexual trans» por creer que se lo merece. O censurar, localmente, la exposición de erofotos o permitir los anuncios discriminatorios al ingreso de canes y otros especímenes humanos atípicos al balneario de moda.
Y a propósito del tema, tuve la osadía de presentarle personalmente al inge exAlcalde de Aguascalientes –un miércoles ciudadano- un planteamiento acerca de la Profilaxia Social (¿sobre what?): sobre la conveniencia de establecer un programa «de evaluación, atención y vigilancia a la problemática social de los oficios y los establecimientos relacionados con la sexualidad, el entretenimiento erótico-artístico, la prostitución y las modalidades de explotación de esas prácticas de la conducta humana, con un enfoque de profilaxia social y transparecia ético-sanitaria».
Su respuesta fue canalizar «mi petición» a la Dirección de Control Reglamentario, en donde su director, el licenciado J M L C me atendió, previa cita, entre el ajetreo de los múltiple solicitantes de permisos para operar giros reglamentados (los etilic-antros); no habiendo encontrando ni la receptividad ni el entedimiento sobre mi propuesta.
Derivado de lo anterior quiero reproducir una síntesis de lo presentado -ante los miércoles ciudadanos de antaño—para ponerlo a consideración de los amables lectores y potenciales electores:
1. Identificar a los núcleos de población con conductas o preferencias sexuales «diferentes» a efecto de prever los contagios y las conductas perniciosas con objeto de cumplir también con la nueva ley para evitar y eliminar la discriminación y, -aplicando el esquema a la pandemia actual- obrar en consecuencia.
2. Reestructurar una zona de tolerancia atractiva y bien controlada para radicar allí el oficio de la prostitución; ampliando los giros para las minorías «lesbo-trans-gay» por medio de un corredor de tolerancia: fondas, cafés, shops de películas y objetos eróticos, ejerciendo un control de aforos y alertando a los visitantes sobre los riesgos y las medidas preventivas y sanitarias a las que se sujetarían.
3. Dar ocupación a los cientos de personas que trabajan en los «antros» y divertimentos del Palenque y la Jugada, capacitando a la población desempleada en estos nuevos giros, como lo hacen en Las Vegas o en cualquier ciudad turística de primer mundo (Amsterdam).
4. Eliminar persuasivamente el ambulantaje clandestino de travestís que deteriora la imagen pública y favorece los contagios y la delincuencia; desvaneciendo gradualmente la imagen puritana e intolerante de la autoridad al proporcionar la asistencia social, sanitaria y sicológica para el desarrollo comunitario de ese segmento atípico y encriptado de la población, mediante una campaña de orientación, conversión y rehabilitación humanas que incluya la obra social de las iglesias.
5. Promover la inversión, el sentido empresarial y el empleo, modernizando el concepto de turismo artístico-erótico y controlando el fenómeno de la prostitución -dentro de un marco normativo de profilaxia social (previsión)y vigilancia éticosanitaria, adelantándonos al tiempo y los acontecimientos.
Corolario. Como respuesta a lo anterior, recibí, por enésima vez, una exhaustiva visita de verificación de mi establecimiento médico, por parte de la Dirección de Regulación Sanitaria, que agravió mi dignidad, experiencia y competencia profesional.
CORTEX





Esruza
Excelente tu reocupación por los prostíbulos ¡!!!!!!
Bossy
Esruza
Quise decir: preocupación.
Bossy
Cortex
Gracias por tu preocupación, querida Bossy-
¿Y dónde quedó el voto?
CORTEX