Calabazas al vapor

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El cielo negro nocturno recoge todo ápice de luz que refleja la luna. Especialmente esta noche, a pesar de ser plenilunio, el paisaje se siente sumido en una obscuridad absoluta, ínfimamente iluminada por las pocas farolas que se despliegan por el barrio de Suita. De no estar acostumbrado a la soledad, el niño sentiría pena ante el desamparo de la luna, totalmente abandonada a su suerte en lo más profundo y recóndito del abismo. Como si fuera un solitario nenúfar flotando en un tranquilo pero siniestro estanque, y cuya serenidad podría ser fácilmente alterada con el solo zambullido de un insecto. Una paz envuelta de espinas, o un caos latente escondido en el interior de una flor de loto, depende de cómo se vea.

Para acompañar tal penumbra, el niño no se digna si quiera a encender la lámpara de su escritorio ni un simple mechero. Así, apaga por completo su teléfono de tal forma que tampoco pueda interrumpir este negro ritual con sus destellos y se levanta de la cama para detenerse erguido frente al ventanal del cuarto. Aunque sea prácticamente imposible por la falta de luminosidad, podría decirse que su amplia y macabra sonrisa, casi recorriendo su rostro de oreja a oreja, se refleja en el nítido cristal. Una sonrisa que no acompaña la hastiada expresión de sus ojos. Sin embargo, tal macabra imagen es en cierta medida conmovedora. La soledad en sí misma se huele a través de la rendija de la puerta de su habitación. Pero no es una soledad fría ni melancólica, sino una acogedora y con olor a cirio e incienso de canela. Es un libro postrado sobre una antigua pero restaurada mesita de madera de roble, cuyos cientos de páginas en blanco se ven interrumpidos por una solitaria palabra en el medio de la hoja. Una palabra que, con un simple golpe de vista en ella, nos sobrecogería y acunaría en sus brazos. La oscuridad en que el niño se sume, solo aviva la propagación de dicho perfume.

Y pese a la lobreguez o siniestralidad de la escena, si mirásemos desde su punto de vista, entenderíamos que lo único visible, es la calle. Una calle mucho más fría y solitaria que la habitación. Y en esa calle, una familia. Una familia de un padre, una madre, un hijo y una hija, que se disponen a entrar al inconfundible monovolumen que todo buen japonés parece poseer, probablemente para ir a celebrar esta noche de Año Nuevo con sus parientes y allegados. El niño, al oír la puerta del auto cerrar, abre bruscamente la cuenca de sus ojos y retorna de su letargo. Un letargo que siente como si hubiesen sido años. Años frente al cristal observando como todos huyen de esa lúgubre noche que todo lo envuelve, infinitamente viajando hacia los meridianos occidentales, buscando el día eterno. Sin embargo, en Oriente permanecemos en la noche. Una noche que parece ser el párpado cerrado de un abismal monstruo marino, al que todo el mundo está esperando despierte, dejando ver su dorado y fúlgido iris anunciando el apocalipsis. Dicha desgarradora y desesperanzadora idea, desalienta la repentina emoción del niño, y su ojo se torna a entrecerrar ante su desolado e inevitable destino. Da media vuelta, y se dirige a la cocina.

Una vez allí, enciende la luz. La bombilla parpadea un par de veces antes de prenderse completamente, probablemente cerca del fin de su vida útil. El niño se acerca al frigorífico y saca un paquete de verduras congeladas a punto de acabarse, y se prepara para cocinar. Su mente está clara y sosegada y ningún pensamiento intenso la altera, como ese cielo estanque nocturno en el que flota la luna llena. Con unas gotas de aceite, fríe unos trozos de calabaza verde japonesa y, una vez dorados por todos sus costados, rellena un cuarto de vaso de agua para cocerlas con su vapor. Una vez derrama el agua sobre la sartén caliente, que comienza a burbujear y evaporarse, el reloj del horno-microondas marca las 00:00 del nuevo año. Sentado en la mesa y rodeado de un silencio hermético, se come las calabazas al vapor mientras mira por la ventana.

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    18 enero, 2021

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

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