Casa Rosa de mi Navidad

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No se qué se sentirá separarse del ombligo. No me acuerdo, no registré ese dato cuando nací. Estaba demasiado deslum­brado por el acontecimiento, la rabia, el llanto o el sol de las 15:30 de mi llegada a este mundo. Mi progenitora me puso «rayito de sol» y yo me quedé con el motecito. Pero no me acuerdo del corte de mi cordón umbilical… ¨Porque ese lazo de continuidad pertenece al recién nacido».

 

¿O acaso es la exten­sión, el enchufe del claustro materno, al que permanecemos anclados?

 

Ese tema es más bien asunto de los analistas lacanianos. ¿O de quién será? Se me hace que se quedó en el limbo de la sicología, aquella sobrina putativa de la filosofía y amiga íntima de «la loca de la casa» o sea de la literatura.

 

Cuando a uno lo bota la matriz al nacer -el canal del parto es un cañón- cae la bala redonda en este mundo y grita su protesta. Enseguida te desconectan: pinzan el cordón, lo cortan con tijeras, y te separan del mundo líquido tibio y confortable -que nos contenía en la panza de la madre. La mitad del cordón se queda pegado a la placenta. El otro cacho lo hacen un cucurucho y nos lo pegan al ombligo.

 

La madre, al poco rato, arroja la placenta y el cordón se deshace de los rastros del alumbramiento. Nosotros nos quedamos un más largo rato con el cabito distal y, finalmente, con la sexy cicatriz umbilical de por vida. El ombligo pertenece, entonces, al bien parido o al recién nacido por cesárea y sin alumbramiento.

 

En mi caso, -el segundo ombligo-, el de la memoria sufrió una metamorfosis.

 

El registro del entorno del espacio dónde crecí, también fue afectado al desaparecer «el rayito de sol» tempranero. Ese ombligo o memoria es parte de una casa soleada de cantera rosa: el nicho floreado de mi abuela Rosa. La que me dio posada y me enseñó a obedecer: “hay que cumplir con una tarea o disciplina si algo quieres resolver”. Se vive para algo, decía.

 

Su casa fue entonces mi referencia. Cuando mi abuela murió, mis padres la habitaron. Le compré su mitad al hermano de mi padre. Entonces, el que narra, vivía en ia capirucha, era soltero y era feliz por mantener esa referencia: la casa de la abuela Rosa, “la cantera de donde provenimos”.

 

Muere mi padre y mi madre se queda allí. Muere mi madre y
la casa, con mi mitad, se va a mis hermanas. Me quedé como
con el cordón umbilical, con una mitad, pero inseparable una
de la otra. Solidaridad de género, diría mi madre. El ombligo se
convirtió en entuerto: ¿cómo separar dos mitades en disputa?
Enajenándolas después de cortar el cordón. Así lo hicimos, des
pués de guardar por 92 años la piedra de toque familiar.

 

El ombligo de piedra se hizo añicos en mi engrama existencíal. La casa rosa desapareció del código filial. La referencia y mi pertenencia, como la placenta y el cordón en el alumbramiento, se fueron por el olvido. El ombligo conector fue cor­tado. Le dije adiós a mi vieja casa y me regresé al llano helado que hasta hoy habito.

 

Simple metamorfosis de sueños color de rosa… Como aquellos de las navidades de antaño.

 

 

CASA ROSA

 

 

Hoy he perdido mi cordón umbilical.

Aquél de la memoria, de la referencia.

Y, por increíble que les parezca,

es sólo un trozo de una casa rosa.

 

Finca soleada, vieja y señorial.

Cantera de donde yo provengo;

piedra que señala el espacio de luz

en donde yo viví, aprendí y padecí.

 

Ya nunca cruzaré tu portal rosa.

Jamás me encontraré en tu espacio.

Mi pertenencia se fue por el olvido,

aquel que se pierde con la enajenación.

 

 

CORTEX

 

 

 

Comentarios

  1. SDEsteban

    1 enero, 2021

    ¡Cuánto amor se respira en esta historia! Y cuánto siento el final. Aunque la abuela Rosa permanecerá para siempre en tu corazón. Un abrazo y Feliz Año!

  2. Esruza

    2 enero, 2021

    Siempre anhelamos pertenecer a algún lugar y cuando este se pierde, no queda nada. Me es difícil entender lo del cordón umbilical, y no recuerdo nada de mi nacimiento y tampoco del nacimiento que vendría de mi, porque no nació, no hubo cordón qué cortar, y eso duele más y siempre se recuerda, no se puede borrar con el tiempo.

    Excelente tu escrito y tu amor por el hogar de tu abuela… y tuyo.

    Mi voto, Cortex

    Stella

  3. Cortex

    2 enero, 2021

    MIL GRACIAS POR TU COMENTO SDESTEBAN.

    ES COMO LOS RIOS: SE DESBORDAN O SE SECAN.

    FELIZ AÑO NUEVO.

    CORTEX

  4. Cortex

    2 enero, 2021

    Favor que me haces,

    con tu entendimiento,

    querida Estela.

    Feliz Año 2021.

    CORTEX

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