Cielo roto

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Hoy sigo, una vez más, un paso más cerca de morir de tanto echarte de menos. Y miles de pasos más lejos de encontrarte.

Poco a poco tus huellas se van desdibujando de la acera en tu calle. Y tu olor de mi cama. De mi boca, la sonrisa. De mi corazón, la esperanza. Escribo esto porque, aunque temo que cada vez te tengo más lejos, cada relato es un paso más cerca. Pero aún no sé de qué.

No sé cuánto tiempo ha pasado ya, pero tus carteles, con los que cubrí cada palmo de esta mierda de ciudad, están sepultados por otras gilipolleces. Comidos por la lluvia. U olvidados por el tiempo. Pero puede que esta ciudad te olvide. Puede que hasta el puto mundo se empeñe en que tú ya no existes. En que nunca has existido. Pero yo no olvido. No olvido una promesa. No olvido la promesa de no olvidarnos. Aunque nos lleve el olvido.

Ahora esa promesa parece que era una premonición de lo que estaba por ocurrir. Que ni en mis peores pesadillas. Pero no sé si tú ya sospechabas algo.

Me niego a creer que esto estaba escrito. Pero lo está, a medida que agoto la tinta y el papel.
A medida que agoto las lágrimas. Porque ya no tienen recipiente. Tú, que siempre las recogías de mis mejillas antes de que se estrellaran en el suelo, como un sueño de cristal.

Tengo que confesarte algo. El otro día, reventé tu guitarra contra el suelo. La reventé porque estaba cansada de su silencio.

Que es el tuyo.

Nunca supe tocar sus cuerdas como tocaba las tuyas. Nunca supe afinarla como sólo tu voz podía afinar la mía. Nunca supe y nunca aprendí. Porque tú eras toda la música. Eras poesía, estrofa, verso o concierto. Caricia, abrazo, beso y universo.

Instrumento de cuerda, de viento. Percusión. Coro angelical. Mi concierto.

Eras las alas de la mariposa. Me besabas, y producías huracanes en la otra punta de mi cuerpo.

Ahora tu efecto se va disipando. Como tu olor perdiéndose en la niebla de algún mes lluvioso y gris. Y mi cuerpo sufre una calma extraña. Que ojalá fuera previa a una nueva tormenta. Pero esta calma amenaza con quedarse. Y mi cielo, con no volver a romperse.

Somos las de cielo roto. Viviendo a base de parches. Poniendo uno con cada beso.

Vuelve, porque mi puto cielo no se puede romper solo.

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