Círculos

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Casi todo lo que gira impulsado por una fuerza propulsora vuelve a su lugar de origen sin cambios aparentes: la hélice de un ventilador o de un motor, el tambor del lavarropas, las ruedas de un vehículo en funcionamiento, las aspas de un molino, una calesita, etc…

No sucede lo mismo con las agujas del reloj ni con un disco.

En el caso del reloj, pese a que las agujas hacen todo el recorrido y luego reinician su giro pasando por los mismos números, el tiempo ya se modificó y dio origen a un nuevo día.

Por su parte, el disco gira dando inicio a la música y no repite el proceso, a menos que programemos el aparato con ese propósito.

Se me ocurre pensar que el tiempo guarda alguna relación con la música porque ambos producen cambios en nosotros.

El paso de los años altera nuestra fisonomía, la manera de encarar la vida y la forma de reaccionar ante los estímulos; eso es inevitable porque somos seres temporales y entramos en un proceso de deterioro irreversible.

Ocurre algo similar cuando escuchamos una melodía, nuestro cuerpo responde acompañando el ritmo si es pegadizo, o cerrando los ojos para entregarnos a la melancolía si el tema nos propicia recuerdos.

No me animo a generalizar, en mi caso particular no es lo mismo estar en silencio que escuchando música y tampoco reacciono de igual manera frente a diferentes ritmos.

Volviendo al tiempo, Nietzsche se refería a éste como un ‘eterno retorno’ y lo concebía de un modo circular mediante el cual los acontecimientos siguen reglas de causalidad y tienden a repetirse de manera infinita e incansable.

Hoy en día se acepta más la teoría del tiempo lineal.

Y a propósito de la música, cabe recordar que la disposición de quienes ejecutan instrumentos dentro de una orquesta es semicircular.

Lo círculos nos acompañan allí donde vamos.

Observemos por ejemplo los íconos de los navegadores, el indicador celeste que aparece mientras se carga una página, los emoticones, la forma en que aparecen los perfiles en Facebook y en el whatsapp, las luces del semáforo y algunas señales de tránsito, el símbolo olímpico…

 

L. C.

 

Comentarios

  1. ginimar de letras

    22 enero, 2021

    El círculo es más natural que la línea recta, que es exclusiva de las construcciones humanas. Parece que, a pesar de que nos hemos distanciado la naturaleza, nos seguimos inspirando en ella. Me gustaron tus letras reflexivas, Laura. Un abrazo 🙂

  2. Alejandro F. Nogueira García

    24 enero, 2021

    Estoy en desacuerdo con casi todas las reflexiones que incluyes en este artículo. Pero mi intención al escribir este comentario no es polemizar sino aportar una opinión sobre la idea del eterno retorno en Nietzsche.

    Paradójicamente, se trata de una idea central en la filosofía del alemán pero de la que no nos cuenta casi nada. Si nos atenemos a sus escritos, a lo que publicó hasta 1889, sólo se menciona en el tercer libro de “Así habló Zarathustra”. También se habla de ella en “Voluntad de poder” que —recordémoslo— es un libro póstumo, que contiene aforismos y textos dispersos, publicado 12 años después de su muerte y 23 años después de su incapacitación, bajo la supervisión de su hermana y su cuñado a los que la práctica totalidad de los conocedores de la obra nietzscheana ponen en entredicho.

    Sabemos que el eterno retorno se trata de una idea a la que Nietzsche daba una importancia capital. Él mismo lo dice en uno de sus últimos libros (“Ecce Homo”) cuando afirma: “Voy a contar ahora la historia de “Así habló Zarathustra”. La idea fundamental de la obra es la del eterno retorno y es la fórmula de la suprema afirmación más elevada jamás alcanzada”.

    ¿Cómo comprender que, tratándose de una idea central no la hubiese desarrollado en sus libros? Más aún, ¿cómo comprender que, siendo la idea que supuso la chispa inicial del “Así habló Zarathustra”, no haya en él más que breves referencias?

    Miguel Morey en “Friedrich Nietzsche. Una biografía” (Ed. Archipiélago, 1993) nos da una posible respuesta:
    “El 18 de Octubre de 1884 [Nietzsche] concluye el libro tercero [de “Así habló Zarathustra”], en Niza […]. Mientras, no ha dejado de trabajar en unos cuadernos de aforismos, a los que alternativamente da el título de “La voluntad de poder” o “La inocencia del devenir”, y que presumiblemente preparaban su proyecto de una fundamentación científica de la doctrina del Eterno Retorno, tarea a la que piensa entregarse cuando concluya su Zarathustra”.

    Hoy sabemos que Nietzsche nunca llevó a cabo esa tarea y que lo único que nos ha quedado de ella son los ya citados aforismos y textos dispersos en ese cajón de sastre que es “Voluntad de poder”. Su actividad, ciertamente fecunda y frenética durante sus últimos cinco años de vida lúcida, lo llevó a escribir títulos importantes (el cuarto libro de “Así habló Zarathustra”, “El caso Wagner”, El Crepúsculo de los ídolos”, “El anticristo”, “Ecce Homo”, “Nietzsche contra Wagner”, “Ditirambo de Dionisio”) pero que no abordaban el asunto del eterno retorno.

    Ahora bien, con lo poco que tenemos, ¿cabe hacerse una idea de lo que pensaba Nietzsche al respecto? Interpretaciones hay muchas. G. Deleuze, G.Vattimo, E.Fink, M. Haar, por ejemplo, han dedicado muchas páginas a exponerlas. Pero, en resumidas cuentas, si nos ceñimos a lo escrito por Nietzsche, debemos contentarnos con hacer unas pocas observaciones. Y una de ellas es que podemos afirmar que su concepción del eterno retorno tenía poco que ver con la antigua doctrina del Gran Año a la que se refieren los presocráticos, los órficos, Platón, los hindúes (kalpas), los neoplatónicos, etc.

    De hecho, en “Así habló Zarathustra”, en el capítulo del tercer libro titulado “De la visión y del enigma”, Zarathustra niega a su interlocutor cuando éste afirma que el tiempo es circular. ”No tomes la cosa tan a la ligera” le dice Zarathustra explicando entonces que el eterno retorno no viene de la circularidad del tiempo sino de carácter eterno del pasado y del futuro. Por si quedaban dudas, aparece en ese momento un pastor atacado por una serpiente que penetra por su boca. Zarathustra manda al pastor que muerda la serpiente. El pastor lo hace y se convierte en “un ser que irradiaba luz y ¡se reía!”.

    Considerando el simbolismo de la serpiente (ondas, eones), es fácil saber de qué se reía el pastor: había alcanzado la eternidad al morder(matar) la serpiente(el encadenamiento al tiempo). Posteriormente, en el capítulo “El convaleciente” sabemos que ese pastor no era más que un “alter-ego” del propio Zarathustra que, al final del libro tercero, canta gozoso “Eternidad ¡Te amo!”.

    ¿Adónde me lleva todo este rollo? Bueno,… teniendo en cuenta la indisimulada misoginia de Nietzsche y su tendencia a emplear la negación como elemento fundamental de su mordaz crítica a la cultura, estoy casi seguro de que, si tuviese oportunidad, desaprobaría verse mencionado en este artículo. Pero también estoy convencido de que incluso los genios pueden estar equivocados.

    Muchas gracias, Laura, por tu aportación.

  3. Laura C.

    25 enero, 2021

    Gracias Ginimar y Alejandro por el tiempo dedicado a la lectura de mi texto.

  4. The geezer

    25 enero, 2021

    Me han parecido interesantes tus reflexiones sobre el tiempo, la música, y las puertas (en el otro escrito)
    Confieso que nunca entendí nada de Nietzsche, pero sí recuerdo leer que los pueblos indoeuropeos (griegos, celtas, hindúes…) tenían una concepción del tiempo circular, que se repetía como las estaciones del año, mientras que los orientales (judíos, cristianos, islam), una concepción lineal, con principio y fin.. Yo también me siento más cómodo con la circular, serán las cosas de la tierra!
    Ahí queda mi granito de arena para el debate, jeje.
    Un saludo
    César

  5. Alejandro F. Nogueira García

    27 enero, 2021

    Quería comentar la opinión de “el colega” @cesarholgado .

    Por una parte, creo que Nietzsche es uno de los filósofos más claros de la historia. Se le puede calificar de engreído, de misógino, de teatral, de odioso, de faltón o de políticamente incorrecto; él mismo suscribiría encantado algunos de estos calificativos. Pero ni la prosa de sus inicios ni los aforismos de sus últimos libros presentan excesivos problemas de interpretación. Tal vez “Así habló Zarathustra” sea la excepción.

    Por otra parte, aunque hay que tener cuidado con hacer este tipo de generalizaciones, tal y como dices, el tiempo en las metafísicas indoeuropeas es circular. Así es, sin duda, en el hinduismo (doctrina de los kalpas) y en el pensamiento chino (¿hay mejor emblema para representar el tiempo cíclico que los trigramas Pa’kua situados en torno al símbolo del Ying-Yang?). Los pueblos asentados en Europa en la Edad de Bronce (celtas, etruscos, germanos, etc) también tienen una concepción del tiempo cíclica y lo mismo cabe decir de las civilizaciones maya y azteca en América. Esa universalidad no es tan sorprendente dado que, en definitiva, los diversos pueblos que van surgiendo en esa época parten de un enclave cuyo centro se puede situar en el Oriente Próximo y se distribuyen por todo el globo terráqueo.

    Es más difícil de explicar lo que vino después: un pueblo no muy numeroso como el judío, esclavizado, exiliado y sometido allí y allá, consigue, en pocos siglos, propagar sus ideas religiosas por todo el mundo y hacer que su concepción del tiempo sea, hoy en día, dominante (sé que corro el peligro de que me declaren “persona non-grata” por decir esto pero el cristianismo y el Islam no existirían sin el judaísmo). A ello ayudaron otros hechos históricos tales como la eclosión del pensamiento racional en Grecia en torno al s.IV a.c. (precisamente en “El origen de la tragedia” Nietzsche habla de ese momento en que lo “apolíneo” se opone a lo “dionisiaco”) y la eclosión del cientifismo en el Renacimiento (teorías heliocéntricas, dominio de la Naturaleza a través de la técnica, etc). Hoy en día, “gracias” a la ciencia, la tecnología y a la globalización, la idea cíclica del tiempo está amenazada de muerte.

  6. The geezer

    27 enero, 2021

    Estimado Alejandro: Gracias por tus puntualizaciones.He sido absolutamente sincero cuando he puesto que, en mi época de bachillerato, intenté leerlo e incluso que me gustase, pues me parecía provocador, pero tuve que confesarme que, en mi caso, no lo estaba entendiendo. Quizá era demasiado joven o acaso empecé por su libro más arduo. Pero me has animado a darle un nuevo «repaso».
    Saludos
    César

  7. Laura C.

    30 enero, 2021

    Resulta sorprendente que mi humilde texto haya dado lugar a tan interesante debate.
    Gracias César y Alejandro. Saludos cordiales a ambos.

  8. Opzmo

    5 abril, 2021

    ¡¡¡Qué revuelo, Laura!!! Yo creo que Nietszche se refería concretamente a las acciones humanas a través de distintas épocas. Tendría que leerlo más seguido, tengo como veinte PDF´s de él, pero muchísimos más de otros tantos autores Así que Nietzsche tendrá que esperar la vuelta del círculo, jajaja De cualquier manera tu texto está de maravilla y lo encontré muy bueno. Saludos, Laura

  9. Laura C.

    5 abril, 2021

    Agradezco tu maratón por mis textos, John.
    En verdad no pretendo generar este tipo de ‘revuelos’ con mis textos. Procuraré no volver a citar a ningún filósofo en adelante, para no despertar el afán de ostentación de sabiduría de ningún integrante de Falsaria.
    Considero que si alguien tiene necesidad de disertar sobre algún tema en particular, dando cátedra, debería hacerlo en su propio blog abriendo un debate. No me parece apropiado invadir el espacio de otros con comentarios extra large. Es mi punto de vista, aunque respeto otras opiniones.

  10. PabloM

    6 abril, 2021

    Grande, Laurita. Así se habla. Al que no le gusta Fuck y enema de cascotes. Kisses.

  11. Laura C.

    7 abril, 2021

    Le escapo a los conflictos, pero cuando me buscan, me encuentran.
    Gracias, Pablito.

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