Condenado a repetir

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Un hombre muy cansado de manejar toda la noche se detiene ante un pequeño hotel al costado de la ruta. El hotel tenía aspecto de estar abandonado, pero el hombre se encontraba tan cansado que no le importó. Sólo quería descansar aunque sea un par de horas. De modo que entró igual. Se buscó una habitación y se acostó a dormir.
Cuando el hombre estaba por quedarse dormido, de la habitación contigua comienza a escucharse el rechinar frenético de los resortes de una cama. Y unos gritos lujuriosos.
—Ay, sí mami, sí, así, haceme mierda, guacha! Uff! Uff!
El hombre furioso no podía creer su mala suerte.
—No te la puedo creer —se quejó el hombre—. De todas las habitaciones del hotel, me vengo a meter en una donde al lado están cogiendo.
El hombre va hasta la habitación contigua, golpea la puerta con fuerza y ésta se abre. Para su sorpresa se encuentra una pareja de ancianos fantasmas cogiendo.
—Disculpen, no es mi intención interrumpirlos, pero podrían coger más bajo. Estoy tratando de descansar.
—No, lo siento. No podemos —dice uno de los fantasmas anciano mientras se trata de tapar un poco con las sabanas—. Hace varios años atrás nos metimos en esta habitación a… bueno, ya sabe. Y le entramos a dar como locos, hasta que nos dio un infarto mientras cogíamos y ahora estamos condenados a repetir nuestros últimos segundos de vida por toda la eternidad.
—Ok, le responde el tipo muy cansado y resignado, no se hagan problema, sigan nomás con lo que estaban, yo voy a irme a otra habitación.
El hombre toma sus efectos personales y se muda a la habitación más alejada del corredor. Se instala, se acuesta y en seguida se queda dormido.
 A los pocos segundos de la habitación de al lado se escucha que alguien se pone a hablar por teléfono a los gritos.
—Ya te lo dije 20 veces, me quiero dar de baja. Ustedes me dijeron que el abono era de tarifa plana y ¡una mierda! Todos los meses me aumentan algo. Me tienen podrido.  
El hombre indignado va hasta la habitación de al lado y golpea la puerta con fuerza.
—Che boludo! Podés hablar más bajo, estoy tratando de dormir.
La puerta se abre y asoma un fantasma que tiene un teléfono en la mano apoyado contra el pecho como para que no se escuche del otro lado.
—Hola, disculpe las molestias. Verá, yo hace muchos años estaba en esta habitación discutiendo con una operadora de Movistar. Me quería dar de baja pero me tenían como pelotudo de un lado a otro hasta que me puse tan furioso, que me dio un ACV y me morí. Y ahora estoy condenado a…
—Sí, a repetirlo para siempre —lo interrumpe el hombre—, ya lo sé. Ya me explicaron cómo es el asunto los fantasmas de la habitación 4.

El hombre exhausto y resignado tomó sus cosas y se fue del hotel en busca de otro lugar para poder dormir. Estando de nuevo en la ruta y al cabo de unos pocos kilómetros el hombre se queda dormido. El auto se sale de la ruta a toda velocidad. Al morder la banquina el auto se sacude con violencia y el hombre despierta sobresaltado para ver cómo se hacía mierda contra una pequeña iglesia, muriendo en el acto.

Esa iglesia solía tener muchos feligreses, pero desde ese día muchas de esas personas decidieron ir a otras iglesias, decían que no se podía concentrar uno en rezar, si a cada rato se escuchaba el grito ensordecedor de alguien diciendo: “¡Ay, la puta madre, me mato!”.

Comentarios

  1. Naufragoenlaluna

    5 enero, 2021

    También es mala suerte dar con los dos únicos ancianos que aún andan por ahí follando 😉 es una historia muy original y divertida.
    Un saludo

  2. Tara Ling

    7 enero, 2021

    Grande, ídolo. Me hizo reír mucho el cuento, esta muy bueno. La manera en como lo relatas y me gusta que no hay nada innecesario, todo es muy fluido y muy original, hace mucho que no leía algo tan ideal, felicidades. Saludos.

  3. Gian

    8 enero, 2021

    Excelente cuento, me hiciste reír.

    Saludos y mi voto. Te has ganado un seguidor.

    Gian.

  4. The geezer

    13 enero, 2021

    Buenísimo, muy divertido y original!!
    Mi voto y saludos
    César

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