De Héroes y Lana

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Como la película de moda en caricaturas todos quie­ren verse como un Hércules moderno: tirando pata­das y ganando millones. Antes, todos querían ser Aquiles, el más famoso de los héroes griegos de la Iliada. Mató a Héctor en el sitio de Troya, pero fue mortalmente herido por una flecha lanzada por París, el raptor de Helena, que le dio en el talón.

Humano al fin, con un talón míticamente vulnerable, es el símbolo de la leal­tad, el valor y el heroísmo. Miles de jóvenes en el mun­do se inspiraron en las historias de Aquiles; de Ulises y su Odisea, de Héctor y Paris, los troyanos defenso­res. La gloria y su fama asociada al poder, se creyó el paradigma: la aspiración olímpica más noble, y la manera de conseguirla fueron el valor, la fuerza y las proe­zas militares.

El mismo Alejandro de Macedonia cargaba «sus pi­las» con las historias de la lliada y la Odisea bajo la tutela de Aristóleles y, cuando llegó a lo que creía era Troya, fue personalmente a rendirle tributo a donde se decía estaba la tumba de Aquiles, y a prometer a la Patria griega la reconquista de sus territorios enton­ces bajo el imperio Persa.

Si el modelo clásico fue Odiseo y Prometeo, hoy todos quieren ser Bill Gates o Charly Slimson. Aunque para los más maduros, tal vez Bailleres puede ser el otro arquetipo del héroe moderno, y para la chaviza Azcórraga Jean o Hank-Rhon, todos, héroes en dólares del Forbes Revew; aunque hay otros que no le pegan mal al balón dorado como Bexkenbauer, Pelé, Zidane, Ronaldo y Messi.

Tal como los griegos y posteriormente los romanos extendieron su visión a través del mundo mediterrá­neo, hoy los norteamericanos exportan su modelo ca­pitalista/neoliberal, ya no a través de la fuerza de su armada ni de manera frontal, —con la excepción nota­ble de la guerra preventiva del señor Bush contra Irak o del reciente Asalto al Capitolio, o del emboscado muro de su frontera sur—, sino a través de herramientas más pode­rosas y sutiles: el cine, la literatura, la televisión, el teatro, la moda, la culinaria y la tecnología aplicada desde Hollywood y el Silicón Valley.

Si la inmortalidad en el arte se manifestaba cuando una historia se mantenía viva y se transmitía generacionalmente, hoy día esa inmortalidad bizarra parece alcanzarse con aparecer en la portada del Bu­siness Week o Forbes o Milenio, o tener un programa de televisión como The Fallen Apprendice de Don Trump, o el Brozo del Pejeyac, ODhra o Gekko.

En los Estados Unidos los empresarios son mode­los santificados, y cuando entran a la política se vuel­ven héroes. La psique y la narrativa yanqui está domi­nada por los negocios: «time is money, the business of America is. business, nothing succeds like success; greed is good» (a la Gordon Gekko). Y no sólo pasa en Estados Unidos: el mismo Presidente chino va a ver a Bill Gates a Seattle antes que a Trump a la White House; y los niños coreanos (número uno en ciencias y mate­máticas: PISA Report) abarrotan el aeropuerto para ver llegar al fundador de Microsoft.

Tras la caída del Muro de Berlín, ahora en auge con el fútbol y la Merkel, casi todo el mundo quiere ser capitalista. Aunque hay algunos tironeos hacia el pasado marxista vernáculo que se manifiestan con vestigios populistas y de corto plazo (Castro Chávez y Peje-Evo), pero la tendencia global del mundo se desplaza hacia la fuerza de los individuos y la iniciati­va empresarial como pivotes del crecimiento econó­mico versus los contras del desarrollo:

«Querer ser millonario ahora está bien», ¡no te hace ya una mala persona!, dice el capitalismo sui géneris de China»

 

Si en el pasado el obtener la gloria era la aspiración Apolinea, hoy la inspiración Sliminea tiene que ser la acumulación de dinero. «Haz pesos, no pesas», nos dijo un amigo en alusión a lo que puede atraer al sexo femenino (53% de los votos): «si tienes lana te van a querer aunque parezcas tamalito». Si antes se entre­gaba la vida con tal de obtener la gloria, hoy se entre­ga fama e ídem por hacer dinero.

El Zeitgeist (el espí­ritu de los tiempos) se constituye por lo que la gente, ve, piensa, siente o lee. Una narrativa cautivadora del «success way of life» define las aspiraciones de las personas. Entonces, del trueno de la gloria hemos pasado al éxtasis del dinero. El péndulo de los tiem­pos se cargó a la lana.

Y aquí viene al caso la moraleja clásica. «Odiseo, cuando visitó el Hades, se topó con su viejo amigo Aquiles, el héroe de Troya, al cual le preguntó cómo se sentía al haber logrado su cima de gloria: sus historias, sus hazañas inspiradoras de jóvenes guerreros, de cantos y monumentos». Aquiles, resignado le contesta: «preferiría ser un espo­so vivo que un héroe muerto».

Uff, ¿para qué tanto esfuerzo entonces? ¿Héroes sin lana? ¡Eso no es vida!, dirían los endebles héroes fatigados de hoy, con todo y Beca 4T.

 

CORTEX

 

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