EL GRIFO DE LA VIDA

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Por razones médicas que no vienen al caso, aunque pueden ser fácilmente adivinadas por personas informadas, o que acaso sufran en silencio de padecimientos similares, digamos que agradezco la comodidad de un baño con bidé.

Cuando fui a visitar, en calidad de candidato, un posible piso compartido, detecté con agrado que contaba con uno, de forma que, tras mudarme no me pareció prudente hacerlo durante la negociacióncomprobé su estado y detecté que adolecía de grifos goteantes.

Observé que se trataba de un modelo descatalogado, por lo que decidí indagar en páginas web de segunda mano, en una de las cuales se ofrecía para la venta un bidé antiguo entero, idéntico al nuestro.

Contacté con el dueño, que resultó ser un jubilado muy amable. Cerramos el trato al precio de cinco euros. Según me informó, vivía con su hija, que había decidido desprenderse de él. Su intención era prácticamente regalarlo, dado que estaba en perfecto uso, en vez de aumentar la montaña de escombros sin más.

Era una tarde invernal, soleada pero fría, en el madrileño barrio de San Blas. Los pisos eran sencillos. El señor me recibió muy agradable, con su bata y sus pantuflas, y me hizo entrega del artefacto.

Bueno, mozo, ojalá te sirva.

Gracias, en realidad sólo necesito un grifo, me he traído la llave inglesa. Lo desmontaré y luego lo tiro yo al contenedor. No tengo coche y no es plan de cargar con esto en el metro.dije, notando como era mucho más pesado de lo que parecía.

Bajé al portal, y me acomodé en una esquina. Los vecinos pasaban y nos saludábamos. Mientras, me había dado cuenta de un terrible error de principiante: Necesitaba dos llaves. Intenté sostener un rato la otra tuerca con las manos, o esperar que girando por ambos lados se aflojase, pero no hubo suerte. Las primeras gotas de sudor asomaron en mi frente. Subí de nuevo al piso para pedir al señor otra llave.

No tengo ya herramientas, joder. Mis hijas no me dejan hacer nada, me las han escondido, espera, mira, tengo un alicate, prueba a ver qué tal.

Muchas gracias, ahora mismo se lo devuelvo, no se preocupe.

Bajé de nuevo al portal y maniobré, esta vez durante una media hora. Chorreando de sudor, desistí de nuevo. Subí. El hombre estaba ya cenando.

Vaya, ¿qué vas a hacer ahora? Si quieres puedes dejarlo y te devuelvo el dinero, pero lo van a tirar hoy mismo a un contenedor de obra que hay por aquí.

No, no se preocupe, además, vivo muy lejos. Voy a bajar por si en una tienda o en un bar tienen una llave.

Anduve algunas manzanas alrededor del bloque. Pregunté a un chino de alimentación, que no tenía. Había unos jóvenes con acento dominicano en la puerta, tomando unas cervezas. Me indicaron una ferretería y un par de bares cercanos, en caso de que estuviese cerrada. Anduve unas cuadras más. No era un barrio muy transitado. Me alegré de ello, pues no conseguía encontrar una postura cómoda para cargar el aparato y acababa torciendo la cabeza, o en cualquier postura ridícula. La tienda estaba cerrada, y en los bares no pudieron ayudarme. Sonó el teléfono. Era el viejo.

— Soy Jaime, el vendedor, solo quería saber si habías tenido suerte.

Hombre, gracias por llamar. Por ahora no. Pero lo conseguiré, no se preocupe.

Era ya noche cerrada y me dirigí a donde intuía que debía estar el metro, deteniéndome cada minuto, para restablecer una respiración normal. Al doblar una esquina, encontré un contendor de obra. Miré a ambos lados de la calle, venían unas personas de lejos. Levanté el bidé con las dos manos y lo estrellé contra el pavimento con todas mis fuerzas. Hubo un gran estrépito y saltaron todo tipo de esquirlas. Las personas cambiaron discretamente de acera. Ahora tenía medio bidé. Lo estrellé de nuevo, con un estruendo casi igual que el anterior, y solo quedó una pequeña parte adherida a los grifos. Me cabía en la mochila. Recogí los pedazos más grandes y los tiré al contenedor, mientras mi sudor regaba el suelo, y me encaminé al metro.

Una hora después, llegué a casa. No quise cenar hasta terminar el trabajo. Golpeé lo que sobraba con el martillo y el destornillador, y, ahora sí con dos llaves, desmonté el antiguo y probé el nuevo, que funcionaba perfectamente. Eran las once de la noche, y me serví un Jack Daniel’s con hielo. Cogí el móvil y redacté un mensaje para el vendedor: “¡lo conseguí!”. Sonó el teléfono.

Eres un chico con gran tesón –dijo Jaime–. Mis hijos, en cuanto trabajan, se lo gastan todo en un móvil nuevo, o en una tele gigantesca. No tienen ni idea de lo que es el sacrificio. Bueno, siento haberte llamado, el médico me ha mandado una pastilla que no sé qué me pasa, me da por hablar.

No se preocupe, muchas gracias. Yo también tengo ganas de conversar, no conozco a nadie en Madrid. No sea muy duro con sus hijos. Crecerán y aprenderán –dije, aunque no lo pensaba–. Yo he dado muchos tumbos, y todo he tenido que aprenderlo a hostias.

Hubo un silencio.

Pues como hacemos todos, hijo.

Ambos nos reímos, y dejamos ahí la conversación.

Terminé mi vaso y me asomé al balcón, contemplando Madrid, mientras sintonizaba “Flor de pasión” en Radio 3. Ventanas anónimas en el edificio de enfrente, donde se adivinaban sombras escurridizas de vidas desconocidas, todos vivimos amontonados en nuestra soledad. Pero a veces nos permitimos entreabrir la puerta unos segundos antes de volver a toda hostia al ritual de la energía absurda.

 

 

Comentarios

  1. JRPineda

    5 enero, 2021

    Buena historia amigo de las cosas sencillas de la vida. Gracias, siempre es un placer.

  2. Naufragoenlaluna

    5 enero, 2021

    Como bien dice JRPineda, es una buena historia de las cosas sencillas de la vida. Hay que tener talento para saber sacar de la compra de un grifo de bidé una historia que no aburra, y que encima tenga su moraleja 😉 Mi enhorabuena César. Por cierto, eso de tener un baño sin bidé es una moda sin sentido, recuerdo que una vez tuve un pequeño problema en casa de una amiga y acabé limpiándome el culo en el lavabo, Si hubiese tenido bidé, hubiese sido mejor para los dos.
    Un abrazo y espero que la próxima vez lleves más herramientas por lo que pueda pasar.

  3. The geezer

    5 enero, 2021

    Muchas gracias por tu visita, JR Pineda, como tú dices, era solo un modesto relato de algo sencillo.
    Un abrazo
    César

  4. The geezer

    5 enero, 2021

    Jajajaja muchas gracias Naúfrago, hasta en tus comentarios te despachas con ese humor contundente! Ay, no se puede luchar contra el signo de los tiempos, y los baños con bidé son ya reliquia del pasado. Quizá vuelvan, como los vaqueros altos ochenteros de las chicas. Mientras tanto, esperaré tu próximo relato.
    Un abrazo!
    César

  5. gonzalez

    5 enero, 2021

    Me gustó mucho, César. Coincido con el comentario de Náufrago ‘Hay que tener talento para saber sacar de la compra de un grifo de bidé una historia que no aburra, y que encima tenga su moraleja’ totalmente de acuerdo, te felicito. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo amigo.

  6. The geezer

    6 enero, 2021

    Muchas gracias Gonzalez, eres muy generoso! Un abrazo grande para vos
    César

  7. Luis

    7 enero, 2021

    Me encantó tu texto, un abrazo César y feliz año, más mi voto!!

  8. ginimar de letras

    7 enero, 2021

    Una historia divertida y tierna a un mismo tiempo. Me encantó, César. Qué solos y qué locos estamos los seres humanos! Un abrazo y feliz año 🙂

  9. The geezer

    7 enero, 2021

    Muchas gracias por tu visita, Luis! Un abrazo grande y feliz año también per te!!
    César

  10. The geezer

    7 enero, 2021

    Muchas gracias Ginimar, por ese comentario tan bonito y generoso! Ah, y muy de acuerdo con tu observación, la palabra «sapiens» debería ir siempre entre grandes comillas jeje. Un abrazo grande !!
    César

  11. Alejandro F. Nogueira García

    18 enero, 2021

    Puesto que he leído casi todos los comentarios que acompañan tus aportaciones, sé que te voy a hacer pasar un mal rato. Lo siento, César. Sé que tu modestia y tendencia a quitar importancia a tus méritos, repele y encuentra exagerados este tipo de comentarios. Pero no quiero dejar de dar mi opinión sobre tus escritos. Tendrás que hacer uso de tus habilidades pugilísticas y encajar bien el golpe.
    Además voy a empezar por algo que suele molestar a los escritores: catalogar el estilo.
    Se trata de un estilo bien definido. Narraciones directas, semibiográficas, generalmente contadas en primera persona y en pretérito indefinido, sin complicaciones ni barroquismos. Hay un par de poemas (“A veces ocurre”, “Maza masa”) de verso libre y estilo personal, algún relato contado en tercera persona del presente de indicativo (“Seven more days”) y algún otro que podríamos encuadrar en el género fantástico (“Los últimos días de Hekmon”). En algún comentario han salido a relucir los nombres de Kerouac y Bukowsky. Y, en efecto, los ambientes en los que se mueven tus relatos recuerdan el “realismo sucio” propio de la generación beat. Pero creo que hay otros aspectos que te distancian de los elementos más “gore” del “realismo sucio”. Por ejemplo, hay una permanente presencia del humor y del amor, situaciones tiernas, personajes bondadosos o, al menos, bienintencionados, etc. Tus cuentos están llenos de marginación, prostitución, mafia, drogas, bidés, abrigos roídos, calcetines agujereados, ojeras, resacas, olores rancios, bebidas alcohólicas baratas y muchos otros enseres y estados vivenciales propios de los estercoleros de la sociedad. Pero no te recreas en ellos como haría un “realista sucio”. Están ahí como elementos de la realidad o —mejor dicho— como elementos de acceso a la realidad que te interesa comunicar. Tus relatos se leen con una mueca de desagrado en una mejilla y una tierna sonrisa en la otra. Así que me voy a inventar la expresión de “realismo manchado” para caracterizar tu estilo.
    Tal vez la característica más sobresaliente de tus relatos sea la presencia de varios niveles de significado. Ya sé que es algo que está presente en cualquier obra literaria que así pueda ser llamada, que todo artista intenta plasmar una realidad oculta que queda detrás del contenido manifiesto. Pero unos lo consiguen mejor que otros. Y, en el caso de tus narraciones, ese contenido velado es casi tan manifiesto y nítido como el del primer plano. Pero, además, lo muestras sin imponerlo, sin necesidad de “moralejas” ni aclaraciones que, a veces (casi todas), constituyen un insulto a la inteligencia del lector.
    Hay tres aspectos que explican esa facilidad de comunicación que me gustaría destacar:
    1. El vitalismo.
    Tus historias no son estáticas. Desde el primer renglón, el lector se ve impelido a moverse de aquí para allá sin pausa siguiendo a tus personajes, viviendo situaciones más o menos “limite”, más o menos triviales, pero siempre dinámicas, activas. En breves líneas cambias por completo de escenarios y estados de ánimo. El lector llega al final casi sin darse cuenta de que lo has llevado a distintos países, distintos amores, distintos tiempos.
    2. El realismo de tus personajes.
    Este aspecto no tendría nada de sorprendente teniendo en cuenta que, por lo que sabemos por tus comentarios, muchos de tus personajes son reales. Pero su realismo se intensifica cuando esquivas la tentación de colgarles una etiqueta moral. De tal forma, incluso los personajes más turbios de tus cuentos producen una cierta empatía. Y, viceversa, incluso los personajes más “buenazos” tienen un puntito de tierna cabronería que impide su santificación. Es muy loable crear esa mezcolanza de material humano tan diverso y realista.
    3. El equilibrio estilístico.
    En tus relatos se combinan diálogos (magistrales pese al uso heterodoxo de la raya (—)), descripciones (cortas, secas, esenciales) y reflexiones (breves, profundas, siempre oportunas e interesantes) de una forma muy natural y equilibrada. Tus narraciones dan una sensación de fluidez muy inusual. Creo que eso lo consigues trabajando mucho sobre los borradores, tachando cosas que, al principio, parecen geniales y corrigiendo otras que, en principio, parecen correctas. Pero, en definitiva, lo consigas como lo consigas, lo cierto es que cualquier lector agradece encontrar escritos tan acabados, tan fluidos y tan disfrutables.
    En fin, César. Espero que aún sigas ahí, que no me odies por esto y que —a tu ritmo pausado pero seguro— sigas dándonos muestras de tu inmenso talento.
    Muchas Gracias por tu atención y tus aportaciones.

  12. The geezer

    22 enero, 2021

    Querido Alejandro: Efectivamente, he tardado unos días en levantarme de la lona tras leer tu comentario. Me dejaste encantado y sorprendido a partes iguales. Lo último que esperaba en Falsaria era encontrar a alguien que hiciese ese cuidadoso análisis de mi modesta obra, tanto en la forma como en el fondo. Y además, con una milimétrica puntería respecto a mis intenciones y mis “métodos”.
    Todo lo que escribo responde, en definitiva, a un único anhelo: Intentar convencerme (y a quien me lea) que, a pesar de todos los escombros, la vida merece la pena. Por supuesto, ese amor y ese humor (que suelen ir de la mano) se encuentran, más que en ningún sitio, en los márgenes humildes de la sociedad. Mejor no añado ningún detalle biográfico, pero digamos que tengo bastante experiencia en la materia…
    Por último, acertaste también en mi “método de trabajo”, por llamar de algún modo a mi perezoso proceder. El único sistema que he encontrado para que todo parezca escrito en una servilleta, o contado por un compañero de cervezas, es dejar las ideas y los borradores dormir unos días, o semanas, para luego ir arrancando todo lo superfluo hasta que solo quede exactamente lo que quería decir.
    En cuanto al uso “heterodoxo” de la raya, ha sido sin intención ¡creía estar siguiendo las convenciones jaja! Tendré que revisar eso.
    Conste que me ha costado explayarme de esta manera, pero tu amabilísimo estudio y comentario merecían, al menos, una respuesta, y mi agradecimiento por ver “el vaso medio lleno” en tus valoraciones personales.
    Creo que, para hacer lo que has hecho, además de estar un poco loco, tienes que ser una buena persona. Si algún día me hacen caso las editoriales (cosa difícil, aunque no pienso rendirme) te juro que te contrataré para hacer el prólogo jaja!
    Un abrazo muy grande, Alejandro, y muchas gracias de verdad.
    Te dejo mi correo electrónico por si este proyecto de Falsaria se malograse y podemos seguir en contacto. cesarholgado@hotmail.com

  13. Laura C.

    30 enero, 2021

    Este relato demuestra cómo un simple contratiempo, de esos que cualquiera de nosotros podemos tener, sirve de inspiración para lograr una atrapante narrativa.
    Lo disfruté. Saludos cordiales.

  14. Alejandro F. Nogueira García

    31 enero, 2021

    Ya ves, César; yo también he tardado en responder. Y, en mi caso, no ha sido porque haya tenido que recuperarme de ningún golpe sino por puro despiste. No he visto tu encantadora respuesta a mi comentario hasta hace unas horas.

    Aunque tú, de acuerdo con tu lema “Ay, qué bueno que estemos todos locos”, apelas a mi locura como motivación para realizar comentarios, para mí se trata de una cuestión de sentido común. Debo a los libros mucho más de lo que jamás podré devolverle. Y, si bien es cierto que —como siempre se dice— los autores no existirían sin los lectores, lo contrario también es verdad. Tú, que tal vez seas unos años más joven que yo, pero que has conocido la era pre-internet, comprenderás lo que digo cuando afirmo que se hace necesario redefinir la relación autor-lector.

    Antes, al menos en las sociedades capitalistas, esa relación estaba muy clara: el lector pagaba y, con ello, quedaba exonerado de su deuda aún en el caso de que saliese beneficiado en el trueque. Ahora, con todas las reservas y excepciones que quieran hacerse, no es así. Las nuevas generaciones han aceptado eso como natural y en el futuro nadie lo pondrá en cuestión. Pero a mí no me gusta. Me resisto a tomar algo de lo que saco tanto provecho (intelectual, anímico, didáctico,…) y no dar nada a cambio.

    En una red social como Falsaria lo único que puedo dar como contrapartida son mis comentarios. Me gustaría hacerlo con todos los autores que realizáis aportaciones. Es obvio que no puedo. Pero, en la medida de lo posible y siguiendo un orden que será inevitablemente caprichoso, arbitrario e injusto, seguiré intentándolo. Por sentido común y por locura.

    En tu caso, te ha beneficiado el hecho de que hayamos coincidido varias veces en nuestras apreciaciones a las aportaciones de otros autores y que tengamos un similar estilo de narración (lo podrás ver con más claridad en mi próxima entrega; habrá quien piense que te he plagiado).

    Me ha halagado mucho que me hayas señalado como potencial prologuista de tu libro. Aunque, teniendo en cuenta que hay un montón de títulos de los que solo he leído el prólogo, te aconsejo que lo publiques sin él.

  15. The geezer

    7 febrero, 2021

    Muchísimas gracias Laura! Un honor atrapar tu interés durante un rato!!
    Saludos
    César

  16. eleachege

    11 febrero, 2021

    Interesante historia y también los comentarios que genera. Un saludo The Geezer

  17. The geezer

    13 febrero, 2021

    Muchas gracias por tu lectura Eleachage! ¡Sí, yo fui el primer sorprendido !
    Saludos y hasta la próxima lectura!
    César

  18. alca

    23 marzo, 2021

    Me ha encantado. Sabes darle forma literaria a la vida cotidiana. Un saludo literario.

  19. The geezer

    26 marzo, 2021

    Muchas gracias Alca! Me alegro mucho de que te gustase. Saludos y nos seguimos leyendo por aquí!
    César

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