«Perfección es la elevación del ser. Cuanto más perfectos, más substancia, energía, libertad y armonía somos con la naturaleza”.
Decía Leibniz en sus mónadas (representaciones) que todo lo que se eleva tiende a Dios y, en ese sentido, es la razón suficiente del cosmos, como la idea lo es a la metafísica de Platón. Por eso hallamos en Leibniz las vías que conducen a Dios, como podemos hallarlas también en las analogías de Tomas de Aquino.
Una de las características de la filosofía de Leibniz es su optimista aceptación del mundo, el espíritu en extremo positivo que amaba y buscaba la verdad dondequiera que se hallase. No en vano fue un genio enciclopédico que dominaba todas las ciencias de su tiempo. Su Teodicea, que es una justificación del bien en vista del mal pernicioso en el mundo (pandemia), culmina con la tesis de que este mundo puede ser el mejor. Este supuesto optimismo no trata de negar la existencia del mal y dice, por lo contrario, que el mal está implícito en el mejor de los mundos. Que el mal es sólo privación, es defección del espíritu; y para quien tenga ojos, el bien es la fuerza y lo auténtico. Así, el hombre con espíritu de verdad, debe elevarse de las tinieblas a lo sensible… a la claridad de la razón, y así podrá ver el verdadero semblante del mundo.
Pero veamos a ese mismo mundo 321 años después, con los ojos positivos de la bondad humana que se topa, paradójicamente, con la otra condición humana: la pulverización, la infición del Orbe. Y es que los seres con alma, las personas todas, ya no podemos permanecer «neutrales» frente al grave problema de la contaminación ambiental, la destrucción de los ecosistemas y el agotamiento de los mantos acuíferos, latente pero segura aniquilación del ser humano por el ser terrícola; aunque hasta ahora no se haya señalado un aspecto aún más grave del problema: la contaminación mental.
Y es que el ser humano se alimenta no sólo de pan sino también de todas las impresiones que «ingerimos» diariamente al través de nuestros sentidos. Nos alimentamos, conscientes o no, de todos esos estímulos instagráficos que nos llegan desde fuera y penetran a lo más hondo de la substancia corporal. Lo que vemos, lo que oímos, lo que tocamos, lo que respiramos (Covid) y todo aquello que <nutre> nuestra vida, es lo que condicionará nuestra conducta individual y retroalimentará nuestro comportamiento colectivo.
Es así que la mente está siendo impresionada constantemente por la calidad o basura de los efectos que percibimos; y sí nuestra mente recibe <alimento> grosero, agresivo, desechable y de pobre calidad nuestras respuestas serán también de esa misma magnitud. Si respiramos la polución que se disemina sobre nuestro planeta -aunque sepamos escoger el alimento que entra por la boca— y no atinemos a seleccionar con lucidez el nutrimento para nuestra mente, entonces éso se convertirá en <pan negativo y perturbador de nuestro desempeño>. El pan negativo producirá efectos negativos. Así de sencillo.
Hoy el cine. la tele y los gadgets whatsapp -rolleros y agresivos-; la música estridente, pesada y cacofónica de chacota radiofónica; el enchufe autista del internet; el sexo-violencia explícitos, burdos y baratos dejan su huella sensible sobre nuestra psiqué (alma). Actuamos y vivimos con un tinglado reflejo, como autómatas, según la <calidad> de las impresiones que recibimos del mundo exterior; y ya va siendo la hora de que mejoremos la substancia de nuestra artificiosa vida, eligiendo otras impresiones más elaboradas con mayor valor agregado y de mejor calidad, puesto que:
¡Como piensas, eso eres; qué comes, así pareces; qué te metes, así acabas… y viceversa!
Nos estamos asfixiando cotidianamente respirando venenos, bebiendo y comiendo ídem.
Este suicidio silencioso es causado por la ruptura del equilibrio de nuestro gran ecosistema —de nuestra casa común— en la que vivimos y la única que poseemos, llamada Tierra; la que sobrevive amenazada por la contaminación y la enajenación de la naturaleza -que incluye al ser humano— en contra de la razón, de la lógica, del sentido común, y de los altos ideales de la mente humana.
Es urgente tomar consciencia planetaria de la inminente catástrofe y empezar a enmendar el daño. Cada día se produce más erosión por la tala despiadada de árboles y el abandono del campo; mientras que las ciudades se saturan de menesterosos produciendo una monstruosa cantidad de basura urbana e industrial con los desechos orgánicos, las excretas y las toxinas que contaminan nuestras calles, ríos, lagunas y mares. Cada día el aire que respiramos es más denso y viciado: irrespirable y letal para la especie humana e «infumable» por los automotores que contaminan por gas y ruido, adueñándose del espacio urbano como cucarachas.
La contaminación ambiental produce también otros daños corporales perniciosos, entre otros, la disminución de las defensas de nuestro sistema inmunológico que nos hace cada día más vulnerables a las infecciones, al cáncer de piel y a los Virus respiratorios que, junto al estrés de la pandemia y a las adicciones en todas sus variantes, nos llevan a la depresión, a la desesperación y al suicidio potencial por claudicación.
La capa protectora de ozono ha sido destruida paulativamente por el uso “comodino” de aerosoles que empleamos hasta en el aceite de Cañóla y de protectoras cremas solares, tintes y pinturas, formando el amenazante agujero ultravioleta austral y alterando la atmósfera y el clima del globo terráqueo.
El equilibrio climático desaparece y el caos resultante (las torrenciales lluvias o las sequías o el frío) hace desaparecer centenares de especies de flora y fauna que enriquecían el clima y protegían nuestro ecosistema.
El planeta Tierra, como un ser viviente que es, empieza a rebelarse en contra de la pulverización y el daño que le inflingimos, y se prepara a luchar por su supervivencia- ¿O acaso los estertores del Popo y del volcán de Colima son llamaradas de petate? Yo creo que ya es tiempo de despertar ante esta <antipaz apocalíptica> y sobreponernos al letargo que nos inmoviliza a fin de retomar la perfección: esa elevación de la naturaleza humana que preconizaba Leibniz
¿No les parece a ustedes, estimados coterráneos?
CORTEX





Sosias
Estimado Cortex:
Aunque no seamos coterráneos permítame opinar sobre el tema.
A lo largo y ancho de su escrito nos invita a reflexionar sobre el acuciante y desconcertante enigma del bien y el mal.
El ser humano siempre tuvo muy presente estos dos conceptos de vida. Su preocupación por resolver este enigma,se pierde en la noche de los tiempos. Los principales filósofos del la humanidad han tratado de solucionar este problema sin conseguirlo.
Es tan importante su planteamiento que,cuando males y catástrofes de nefastas consecuencias nos llevan a cuestionar profundamente el sentido que tenemos de nosotros mismos nos encontramos perdidos y tratamos de asignárselos a los designios divinos.
Efectivamente,el hombre es un lobo para el hombre,y de ahí,la pulverización humana.
Hay que incidir sobre este tema.
Felicidades,muchas gracias y mi voto.
Un abrazo.
Cortex
Estimada señora Sosias:
Un abrazo de año nuevo y mis mejores augurios por su bienestar.
No sabe cuanto me halaga su comento: es como aire matinal
para mi atribulado espíritu, una luz del alba que abre la esperanza.
Seguiré con el tema. El siguiente será un poco más estremecedor.
Nuevamente, mi saludo afectuoso.
CORTEX