VER PARA CREER. Cap 1

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Es difícil que un barrio popular esté calmado por cierto tiempo, siempre hay cuitas por resolver, nunca falta el bullicio y por lo general siempre hay personas que saben todo lo que se cuece dentro y fuera del mismo, así sea a costa de no vivir su propia vida con tal de estar pendiente de la de los demás.

Aquel cinco de julio no sería como todos los días, la calma reinante sería el detonador de una serie de sucesos o infortunios que no pasarían inadvertidos. Precisamente ese mismo día se jugaba un partido de fútbol muy importante en el mundial de España 82 y aún recuerdo con emoción ese encuentro entre la selección de Brasil e Italia.

Los brasileros con su “jogo bonito” ilusionaban a todos aquellos suramericanos que no tuvimos representación en ese mundial, y los italianos conocidos por practicar un  fútbol de defensa férrea y ultraconservadora. Se jugaban la segunda ronda, Brasil había apabullado a sus rivales en la primera  y salía como favorito al partido pero todo cambió con el paso de los minutos.

Con tres de mis mejores camaradas disfrutábamos del evento, pero tuvimos que pagar para ello nada menos y nada más que cinco pesos cada uno para poder ver el partido en la casa de nuestro amigo Pancho, un gordito pusilánime cuyo padre era un astuto negociante que disfrutaba vengarse de nosotros porque no dejábamos jugar al fútbol a su hijo siempre y cuando que él fuera quien colocase el balón.

Además era el único que tenía un televisor a color, un elemento extraño en nuestro barrio. Dicho televisor era un armatoste de veinticuatro pulgadas marca Sankey que el padre de pancho había comprado en Maicao el paraíso del contrabando por aquellos días.  Así mismo teníamos que cumplir otra terrible condición, sentarnos en el piso y estar absolutamente callados porque el único que podía comentar el partido era el papá de pancho, este se gastaba unas ínfulas de ricachón pero tenía una halitosis pavorosa, y era más tacaño que “cura de pueblo” no brindaba ni agua.

Al minuto cinco sucedió lo impensable, Paolo Rossi delantero italiano había aguado la fiesta y de soberbio cabezazo anota el primero, no hubo palabras para expresar lo que se sintió con ese golpe. Hasta que apareció la magia que se desprendía de los botines de los jugadores de la verde –amarela  y Sócrates se saca el clavo anotando un golazo en un ángulo muy difícil, así empataba las acciones y  había vida para la selección carioca. Cuando el partido seguía su curso Italia perseguía y presionaba a Brasil, pero este  buscaba con su endiablado toque-toque la salida y marcar diferencia en el partido, pero por esas cosas del fútbol al minuto veinticinco el curtido defensa de Brasil “Junior” da un mal pase y eso es aprovechado por Rossi que se aviva y toma la pelota anotando el segundo para los italianos dejando a los seguidores de Brasil en shock.

Así con ese resultado termina la primera parte y tuvimos tiempo para levantarnos ejercitar las piernas y le hicimos unas señas a pancho para pedirle que sacara su balón para echar una patiadita frente a su casa mientras comenzaba el segundo tiempo. Pero el padre de este lanza el grito;

-¡No van a sacar ningún balón, después vienen a la sala sudados hediondos a sudor  y a pedir agua, ya pancho sabe que está caliente!

Este decía eso a viva voz tratando de decir que nosotros no podíamos patiar un ratico porque esto nos convertiría en bolas de sudor, y no se daba cuenta que el pestilente era él con ese terrible hedor bucal convertía a la sala en una verdadera alcantarilla. En ese preciso instante nos percatamos de ciertos movimientos extraños en la casa de pancho, su hermana salía y entraba repentinamente a su cuarto como guardando o sacando cosas. Su andar era nervioso y trataba por todos los medios de hacer su vida normal pero sus reacciones de nerviosismo cuando la mirábamos eran evidentes.

Sin embargo seguimos concentrados en el partido y comienza la segunda parte, el trámite transcurre normal y nuevamente Brasil retoma su juego característico armando jugadas  llamativas para buscar el gol. De un momento a otro el padre de pancho se percata de lo que estaba pasando con su hija y la reprende toscamente con gritos que se escucharon en toda la casa, era una rabieta del viejo para hacernos sentir mal, es posible que él se diera cuenta que ya nos habíamos percatado de la situación embarazosa que estaba por acontecer.

CONTINUARÁ……..

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