VER PARA CREER CAP 2

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Como si fuera poco aparece en escena “Leoncio” un vecino amanerado del cual se sospechaba su condición pero él la mantenía en suspenso. Cuando el papá de pancho ve al delicado personaje en su puerta le dice;

-¡Qué haces ahí parado!

Leoncio responde en un tono suave y gesticulando delicadamente con sus manos,

-¡Su hija me mandó a llamar, para que le ponga los rulos!

Cuándo el hombre escucha eso exclama de forma burlesca;

-¡Lo que faltaba que mi casa ahora se convierta en salón de belleza!, -entra antes de que me arrepienta-

De inmediato Leoncio camina como pisando cáscaras de huevo y pasa por encima de nosotros tapándose la nariz con dos dedos de la mano izquierda, mientras que la derecha la venteaba como apuntando a cada uno de nosotros con un movimiento de hada madrina y hacía gestos como para espantar el fuerte tufo de su interlocutor.

Al entrar a la habitación donde se hallaba la muchacha más inquieta que de costumbre cierra  la puerta, ese acto enfurece al padre de la chica que enseguida lanza el grito;

-¡Abran esa puerta, en esta casa nadie anda con cuchicheos, anoten porque no repito!-

La chica y Leoncio obedecen, abren la puerta y empiezan a reírse a carcajadas, esto también parece enfurecer al hombre y nuevamente grita;

-¡Aja, cuál es la risa, no me dejan oír la transmisión del partido!

Esa situación se estaba poniendo color de hormiga, porque Leoncio no obedeció el mandamiento del hombre y suelta una carcajada tras otra hasta el punto de ocasionar una fulminante advertencia;

-¡Por última vez les digo!…..-me dejan esas pendejadas o  tendré que tomar medidas extremas, ¡este invertido cada vez que viene me trae problemas! dijo en voz baja.

Mientras tanto el partido continuaba y pasa lo esperado una soberbia descolgada del defensa brasilero Junior que se acerca al área contraria habilitando a Paulo Roberto Falcao  y de soberbio disparo de media distancia anota el empate y el júbilo llegó, todos saltamos de alegría e inclusive el papá de pancho daba muestras de estar contento con el golazo anotado por el mediocampista brasilero, y por un momento el hombre parecía olvidarse del incidente con su hija y Leoncio.

Pero la dicha duró muy poco, porque seis minutos más tarde Rossi el verdugo de los brasileros anota en un descuido de la defensa después de un cobro de esquina y pone cifras definitivas al partido al minuto setenta y cuatro, esto ocasionó un patatús al papá de pancho que procede a echarnos de su casa y acto seguido va a la habitación de su hija para descargar la rabia con ella junto con su acompañante. Pero el desconcierto fue considerable, su hija no estaba y Leoncio mucho menos.

¿Por dónde salieron, si las paredes del patio eran sumamente altas?, ¿cómo hicieron para pasar por la sala sin ser vistos?, esas preguntas no las pudo resolver el hombre en medio de la confusión. Pancho lloraba afligidamente y su padre maldecía hasta por los codos, en una de esa saca un viejo y oxidado machete que si cortaba a alguien esa persona se moriría más por el tétano que por la herida.

Mientras en la calle mis amigos y yo lamentábamos la eliminación de Brasil nuestro equipo favorito, entre tanto la gente del barrio salía a su puerta a ver de qué se trataba la algarabía que se había formado en la casa de pancho. Debía ser algo de enjundia comentaban todos.

Pocos días después la selección Italiana se coronaba campeona de ese mundial y se supo de buenas fuentes que dejaban escapar los rumores de los chismorreos  que la hermana de pancho se había fugado con su novio con la ayuda de Leoncio, el cual poseía un secreto para hipnotizar a las personas solo con señalarla y era capaz de pasar por delante de alguien sin ser visto.  Era un hechizo que había aprendido muchos años antes con unos amigos ocultistas con los cuales cruzaba una secreta correspondencia y astutamente lo utilizó el día que le sirvió de celestino a su amiga para escapar de la casa de su temible y desaliñado padre.

FIN.

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