Anécdotas de hospital

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Toda buena vecindad posee su plaza y cerca de ésta su escuela, su iglesia, su comisaría y su hospital.

Los habitantes de Villa Salsipuedes ya se conocían las caras por haber coincidido en sus visitas al único espacio verde de la zona, o por haber rezado el Ave María los domingos; sus hijos seguramente concurrían al mismo colegio y se habrían atendido alguna vez en la sala de primeros auxilios de la zona.

Eran las tres de la tarde de un frío y húmedo viernes de agosto en el hospital zonal. Mara y su sobrino hacían cola frente a la guardia, el niño presentaba una fuerte indigestión; detrás de ellos se hallaba un hombre vestido de gaucho, que acusaba un agudo dolor en sus genitales tras haberle fallado la puntería mientras ensayaba una rutina con boleadoras; a continuación estaba Gertrudis luciendo un embarazo a término, y luego una extensa hilera de personas con diferentes afecciones.

De repente una mujer vestida de negro se hizo presente en el lugar y de forma súbita se trepó a un destartalado escritorio, ante la mirada atónita de todos. Enseguida se arregló la ropa, luego sacó un megáfono de su bolso y dijo:

— Buenas tardes, señores. Me he ubicado aquí para que todos puedan verme… y ya que tendrán que pasar largo rato en este lugar hasta ser atendidos, les haré más llevadera la espera hablándoles de las bondades de la empresa que represento — comenzó a explicar
— ¿Quién es usted? — preguntó Mara
— Mi nombre es Morticia y vengo a ofrecerles un servicio de primera. Sé que no es fácil para nadie asumir que tarde o temprano tenemos que partir, pero considero oportuno mencionarlo en un momento como éste — continuó
— Sea más clara, ¿a qué se dedica? —  preguntó otro paciente de la fila
— Represento a la empresa de sepelios ‘La partida feliz’ — aclaró la mujer

No tardaron en escucharse risas burlonas y abucheos.

— Señores, seamos realistas. Ustedes hoy están aquí y mañana quién sabe. Si nos basamos en las estadísticas de los que concurren regularmente a este hospital, existe un sesenta por ciento de pacientes que salen con las patas para adelante, entonces conviene ser precavidos. Traje un folleto con distintos modelos de ataúdes a buen precio, los hay en color negro, pardo y caoba; pueden escoger un lustre mate, semi mate o brilloso. Además, esta semana tenemos una promoción 2×1 (mueren dos, paga uno), a la que puede anexarse el servicio Premium, que incluye cremación  — continuó explicando la mujer

Apenas Morticia terminó esa frase alguien le arrojó una muleta que dio de lleno en su cabeza. Ante semejante ‘acogida’, la mujer optó por retirarse.

Tras este episodio se abrió la puerta del consultorio y un hombre salió abrochándose los pantalones y alisándose el cabello. Detrás de éste apareció la doctora, quien de no ser por el guardapolvo y el estetoscopio colgando de su cuello, nada habría hecho suponer que tuviera algo que ver con la medicina. Estaba despeinada, con el maquillaje corrido y sus anteojos desnivelados.

— ¿Quién es el siguiente? — preguntó la Dra. Aleja T. della Puerta
— Nosotros — respondió Mara, señalando a su sobrino, tras lo cual ingresaron al consultorio

Minutos más tarde la mujer en avanzado estado de gestación rompió bolsa y comenzó a gritar:
— ¡Voy a parir, llamen a alguien, por favor!

Uno de los presentes se aprestaba a buscar ayuda cuando un cartel lo detuvo:

‘No se realizan partos en el día de hoy – no hay disponibilidad de obstetra ni de partera’

— ¡Qué barbaridad! ¡Como si una pudiera elegir cuándo dar a luz! – gritó otra mujer de la fila, también embarazada pero de pocos meses

La mujer a punto de dar a luz continuaba gritando:

— ¡Necesito una partera ya! ¡Se viene el nene!
— Si usted me lo permite, doña, yo podría darle una mano con el parto, una vez ayudé a parir a una vaca. — dijo el sujeto vestido de gaucho, mientras se agarraba los testículos en señal de dolor
— ¡Lo que yo necesito es una partera, no un veterinario! Además, dudo que usted esté en condiciones de asistirme —  se quejó ella

— No se deje guiar por las apariencias, mija. Me duelen los huevos pero no las manos, canejo – le respondió el gaucho

Cuando finalizó la consulta de Mara y su sobrino, la doctora interrogó a los presentes sobre el motivo de tanto alboroto, pero antes de que pudieran darle una explicación sonó su celular.

— Aguárdenme un momento que me está sonando el celular — se excusó al tiempo que tomaba el aparato de su bolsillo y atendía la llamada. Del otro lado alguien le decía: ‘Aleja, venite al consultorio externo de Obstetricia. Es el cumpleaños de Gladys, la partera de guardia, y trajo una torta exquisita. ¡Ojo que nadie sabe que ella está acá!’…  Ah, bueno, enseguida estoy por ahí (respondió la galena), y luego se excusó con los pacientes: Lo siento, señores, me surgió una emergencia, interrumpiré la atención por unos minutos — tras lo cual se alejó con premura

Se escucharon quejas y exabruptos de diversa tonalidad.

— ¡Ya viene el bebé! ¡Ya viene! — seguía gritando Gertrudis
— Abran paso, señores, que yo me encargo de traer al crío  — dijo el gaucho, muy decidido a colaborar con la mujer, pese a estar dolorido de su entrepierna

Caminó con dificultad hacia la mujer, se arremangó y miró a su alrededor buscando un lugar apropiado para atender el parto. Enseguida divisó el escritorio al que se había subido la tal Morticia y ayudó a la parturienta a subirse a éste; a continuación solicitó la colaboración de los presentes para proveerle de agua caliente, toallas limpias y algo para cortar el cordón umbilical.

— Que el de arriba me ampare — expresó Gertrudis mirando al techo, mientras  se santiguaba

El gaucho masajeaba el vientre de la mujer y la instaba a pujar con más fuerza, mientras se preparaba para recibir al bebé. Sentía un fuerte dolor en sus genitales cada vez que se agachaba para ver si ya asomaba la cabecita, pero eso no le impidió continuar su labor. El niño por fin nació luego de una ardua tarea y varios de los presentes se acercaron a darle la bienvenida.

Enseguida se oyeron aplausos por el buen desempeño del gaucho.

— Estoy en deuda con usted, dígame cómo se llama, le pondré su nombre a mi hijo en reconocimiento por su gran hazaña — dijo Gertrudis apenas se recuperó del agotamiento físico
— ¿Está segura, mija? Yo que usted lo pensaría… me llamo Indulgencio  — respondió el gaucho
— Pensándolo bien, mejor lo invito un día de estos a tomar mate con tortas fritas, estoy segura que a usted le gustan — dijo sonriendo la mujer

— Cuente con ello, doña, cuando se sienta mejor me apunta su dirección en mi teléfono móvil.    

A pesar de la precariedad que rodeó al alumbramiento, el bebé nació saludable, con un peso de 5,600 kilos. No obstante, hubo que llamar a un colchonero amigo para que cosiera de abajo a su mamá, ya que tampoco había quién hiciera esa tarea. Luego de permitir el paso de semejante criaturita, el canal de parto de la pobre mujer parecía la desembocadura del Amazonas.

Los pacientes, que aún aguardaban en la fila para ser atendidos, decidieron organizar una manifestación en contra del nosocomio debido a la abrumadora negligencia demostrada hasta entonces. No tardó en hacerse presente un inspector, quien prestó oídos a las variadas acusaciones y luego se dirigió al despacho del Director.
— Adelante Señor, tome asiento. ¿En qué puedo servirle? — dijo el Director
— Estoy al tanto de lo que está sucediendo en este hospital; recibí muchas denuncias — explicó el inspector
— Bueno, estimo que no será para tanto… usted sabe cómo es esto: demasiada gente para tan poco espacio. Hacemos lo que podemos — intentó justificarse el Director
— No lo puedo pasar por alto, el hospital tendrá que ser intervenido y a usted se le iniciará un sumario — determinó el inspector
— A ver si con esto se le nubla la memoria  — dijo el Director, al tiempo que le mostraba una considerable cantidad de billetes verdes, tomados de un cajón
— Bueno, en ese caso… aquí no ha pasado nada

 

L. C.

Comentarios

  1. eleachege

    11 febrero, 2021

    Muy simpática y denunciante historia. Mi voto y saludo para ti, Laura C.

  2. Laura C.

    14 febrero, 2021

    Muchas gracias, eleachege, por ser mi primer comentarista, y al parecer el único… jeje
    Tal vez no están habituados a este tipo de humor en el sitio.
    Saludos cordiales.

  3. ginimar de letras

    15 febrero, 2021

    Cada vez funciona peor la sanidad y ahora con el Covid están saturados los hospitales. 3 horas de espera la última vez que visité al neumólogo… Muy divertido tu relato, Laura. Sin duda es mejor reír que llorar. Un abrazo 🙂

  4. Laura C.

    16 febrero, 2021

    Esta historia pretendía ponerle un poco de humor a la triste realidad.
    Gracias, Gini, un abrazo.

  5. Gian

    7 marzo, 2021

    Me ha gustado el relato y me sacado una sonrisa.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

  6. Laura C.

    7 marzo, 2021

    Qué bueno que te gustó y te provocó una sonrisa, Gian.
    Espero que te agrade el próximo relato que publicaré, porque también tiene algo de humor.
    Saludos cordiales.

  7. JR

    8 marzo, 2021

    @lauracamus – ¡Otra vez vuelves a hacer de las tuyas! Me has hecho reir. En mi pueblo hay un sector que se llama Salsipuedes. Es muy probable que tu relato haya ocurrido de verdad en alguno de nuestros pueblos. Según me contaba mi madre, yo nací en el asiento trasero de la camioneta de Don Andrés el zapatero. Es toda una historia, tal vez algun dia la cuente.

    Saludos!

  8. Laura C.

    8 marzo, 2021

    Celebro que te hayas reído, JR. Tengo muchos relatos jocosos, que compartiré en algún momento.
    Espero leer sobre tu nacimiento en esa camioneta.
    Gracias por tu visita. Saludos cordiales.

  9. Beto_Brom

    9 marzo, 2021

    Una sonrisa apareció en mi rostro.
    Eres especial, LAURITA.
    Gracias por estos mometos de grata lectura.
    Abrazotes van,,,

  10. PabloM

    10 marzo, 2021

    Laurita: me hiciste cansar de risa. Pobre Morticia, qué mal que la «acogieron». Pero a la galena De La Puerta no parece. ¿Qué habrá pasado con el sobrino de Mara? A Indulgencio, ¿le habrá pasado que su voz se le elevara dos octavas? El hospital se podría cambiar de nombre a Mal Si Entras. Seguramente somos compatriotas: -entre nos- creo suponer que muchos de esos verdes quedaron del Covidgate…
    Me encantó tu humor. A mí me publicaron mi cuentito ayer, y hoy leí tu anecdotario, y sí, hay gente que agradece este tipo de humor. Es música para mis oídos.
    No sé cómo se hace, pero cuando le encuentre la vuelta, tenés mi voto. Besitos grandes.

  11. JRPineda

    11 marzo, 2021

    Simpática historia Laura. Gracias por compartirla.

  12. Laura C.

    11 marzo, 2021

    Gracias Beto y JR Pineda por su visita. Me alegro que les haya gustado la historia.
    ¡Bienvenido a mis letras, Ensucorcel! Me resultó simpático tu comentario; soy de C.A.B.A. y hace tiempo decidí no ver noticieros para no deprimirme. Esto del Covidgate, como lo defines, ya me hartó.
    Al comienzo pensé que no sería bien recibido este tipo de humor, ya que demoraron en llegar los comentarios. Pero, viendo que me equivoqué, publicaré más textos de este tipo.
    Saludos cordiales para todos.

  13. Opzmo

    5 abril, 2021

    ¡Otra agradable sorpresa, Laura! Cuentos de humor, me alegra, pensé que era el único, en los lugares que publico no he encontrado ninguno, a no ser algún que otro, pero muy pocos, en Instagram, más que nada frases debido al poco espacio que concede. Felicitaciones, amiga!!!

  14. Laura C.

    5 abril, 2021

    El humor es lo que nos ayuda a sobrellevar lo que acontece. Qué bueno que ya seamos dos.
    ¡Gracias!

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