«Entelequia: imagen con la que los hombres del poder público inclinan a su conveniencia la imperfección».
Siete empresarios de la radio, y algunos de la televisión, se quejaron amargamente con el candidato presidencial Madrazo hace 15 años. ¿Y de qué se quejaron? Por supuesto no de ser regañados por el gobierno que nunca les ha molestado más allá de lo formal, —rogándoles solamente no monopolizar las concesiones derivadas del nuevo espectro de digitalización de frecuencias y darles chance a las llamadas Radio Comunitarias de mayor trascendencia social y regional.
No se quejaban estos siete magnates del fundamentalismo religioso del secretario de Gobernación, dixit que apenas si comprendía el laureado escritor laico Carlos Monsivais. No se quejaban del rezago social ni del escaso crecimiento económico del país, ni de los 70 mil millones de dólares «blindados» en el Banco de México, ya que todo ello siempre ha representado para ellos muy buenos negocios. No se trataba de nada que el priista Madrazo pudiera acometer como compromiso de campaña presidencial ya que el sentido social de estos caballeros de empresa es de miras más altas.
La razón del airado enojo de los señores de Grupo Acir, MVS, Radio Mil, RASA, Radiorama, Televisa Tv13 y Radio Grupo es bastante más simple. Los representantes de estas empresas le reclamaron al candidato «la forma por demás inequitativa y arbitraria en la que el PRI decidió distribuir la cantidad de spots publicitarios que el IFE puso a su disposición de acuerdo con lo dispuesto en el Cofipe».
En breves y sustantivas palabras, los empresarios de la radio se quejaron con el tal Madrazo, en una carta muy a tono con su frecuencia, la de que sus comunicadores y publicistas no les dieron un «moche»: un trozo del pastel disponible para promover su candidatura presidencial por la radio.
Lo notable es que los quejosos, profesionales todos de la publicida saben muy bien que los contratos «derechos» de compra de publicidad no se otorgan en función de criterios de equidad, sino de eficacia. Dichas compras pueden parecer arbitrarias, sí, pero no porque un hombre o una familia o las organizaciones que estos hombres representan las decidan per se, sino porque sus indicadores de cobertura radial están condicionados por el mercado, por los radioescuchas, que son los que mueven el bote. Si los medios radiofónicos tienen audiencia, entonces tienen anunciantes. Así de simple.
Pero esta singular palabreja del «caló» de la corrupción es la que señala con más puntería lo que le reclaman los empresarios de la comunicación radial al político Madrazo, ¡quien sí sabe de qué lado masca la iguana!:
>El precio de compra o sea el poder de decisión (voto) sobre la audiencia de una emisora, —que puede tener espacios venales con los que omercia—, puede determinan qiénes compran esos espacios y también quiénes no. Un Partido o Madrazo o el IFE como cualquier otro anunciante compran espacios en las emisoras que llegan a los oyentes, aquellas con penetración en la población, que buscan y que tienen la capacidad de convencerlos de comprar el producto comercial o el mensaje político propuesto porque cumplen los horarios, los emiten y llegan a los radioescuchas. No por otra razón.
Si los radio-magnates quejosos no tienen penetración o los meten en horarios venales y no en los espacios sociales que busca el candidato, éste no les va ni les debe comprar ni un solo minuto. Es más, ni siquiera como un regalo funcionaría, pues si los difusores le regalaran el tiempo, se estaría comprometiendo inútilmente, y a cambio de nada. El candidato Madrazo y el PRI tienen todo el derecho de no comprarles ni medio minuto de transmisión a las empresas de radio cuya publicidad no sirva a sus propósitos difusores, aunque el presupuesto, el dinero, se lo haya dado el IFE o aunque se lo hubiera dado la Mitra o la Fundación Pro México, que no fue el caso.
Si el PRI no les compró spots a estas siete empresas radiofónicas es porque, seguramente, no tienen radioyentes para venderles al partido. Esto en los negocios «derechos» se llama eficiencia y efectividad publicitarias.
El famoso «moche» estaría operando sí a los magnates quejosos de la radio, a pesar de saber que será una inversión inútil, el tricolor y Madrazo los contrata nada más para mantenerlos contentos y, eventualmen-te, con los micrófonos cerrados. Los contratos «no derechos» de publicidad sí que son ofensivos y arbitrarios ya que, según el criterio de los siete quejosos, se otorgan a los malandrines en contra de quienes sí los merecen. También sería agraviante e «inequitativo» otorgar contratos de transmisión de publicidad sólo para quedar bien con los medios aunque éstos no vendan el ;producto anunciado. En los negocios eso es ineficiencia, en política se llama soborno, y en ambos casos es corrupción por impunidad de lesa patria
Los magnavoces quejosos exigieron conocer el criterio usado por el PRIMOR para determinar la distribución de los anuncios propagandísticos. El candidato Madrazo ofreció explicar lo que probablemente quiere decir «mocharse» en polako con los radiodifusores molestos, ordenando tal vez anuncios que no venderán su imagen pero que sí le costarán al tricolor, bueno, es un decir, le costarán al erario, a usted y a mí, mi estimado conciudadano, a quienes los políticos, difusores y encuestadores: todos los ¡que viven del cuento electoral y dicen servirnos con eficacia y honradez, >pero que no lo hacen porque están demasiado ocupados observando de qué lado masca la iguana.
CORTEX





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