De Ultratumba para México

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«Maximiliam I, Kayser von Mexiko».

 

 

Desde mi fusilamiento en el Cerro de las Campanas he procurado no volver a meterme en la política de México porque, invariablemente, le va a uno como en feria; y como jamás lá he entendido, ni hay poder humano que la entienda, prefiero ser un simple observador y, a veces, desternillar­me de la risa ante las cosas que hacen los políticos paisanos y sus «chuchas cuereras».

Recientemente cayo en mis manos el libro del mexicano Fernando del Paso intitulado «Noticias del Imperio», escritor e investigador de mi tiempo mexicano. Si bien su libro es más literario que histórico, y en ocasiones cae en una verborrea pesadísima, no deja de ser un documento ameno sobre el episodio de la intervención y el imperio. Contiene muchas falsedades-como decir que le enviaron’a Carlota un trozo de mi lengua pero, no dejo de reconocer que la novela es la amante de la historia, y esta le deja to­marse licencias a aquella para tenerla contenta.

En fin, con este anecdótico libro y una carta que me envió una agra­ciada señorita mexicana/en la que se queja del saqueo de que ha sido victima mi hermoso Castillo de Chapultepec, he estado más cerca de mi imperio.

¡Ay señorita ay! tantos y tantos directores de Antropología e Historia que han desfilado por el presupuesto de egresos. ¡Ay, políticos de mi tierra tan ladrones! De ese saqueo vengo dándome cuenta desde el mo­mento mismo de mi encarcelamiento en Querétaro. Poco a poco han de­saparecido la mayor parte de los objetos qué Carlota y yo trajimos de Miramar y de otros que nos fueron regalados por lambiscones imperialis­tas de Napo III.

Así es México. Me consuelo porque ahora soy invisible, puedo colarme al interior de muchas mansiones de políticos y allí contemplar esos obje­tos. Y tengo la esperanza de que algüñ día un Presidente o gobernante amante de la historia dicte un decretó expropiatorio sobre todo lo que ha desaparecido de los museos a lo largo de los años; no solo cosas mías, sino bellas pinturas, esculturas, ornamentos religiosos y muebles y, lo que es increíble, edificios completos y monumentos para ser trasladados piedra por piedra (con cargo al erario) a otros rumbos más elegantes de la capital y la provincia feudal.

Pero todo es posible en mi país adoptivo, porque, como dice la agra­ciada señorita de la carta, hasta mi bacinica particular desapareció de de­bajo de mi cama en Chapultepec. Y está bien que se roben los cuadros pero no esos objetos de uso tan personal y necesario.

Y es que los mexicanos runca han dado importancia a esos menesteres del cuerpo y la higiene. Recuerdo cuando Carlota y yo desembarcamos en Veracruz y nos fue ofrecido un banquete. Con una falta total de previsión, de lógica y de sentido común, por querer quedar bien con los nuevos em­peradores nos ofrecieron ¡Mole poblano!.

Al ver aquella salsa roja como la sangre quise dejar el platillo, pero una señora que fumaba cigarrillo de hoja, dándome un codazo amistoso me dijo: «Ay, Maxito, pero si no pica casi nada»… Y me lo comí.

Que nochecita pasamos Carlota y yo efectuan­do salidas constantes al corral del lugar donde nos hospedábamos. ¡Y que incomodidad y que suplicio!. «¡Hojas de tabaco para el aseo perineal!».

Por eso al llegar a mi Castilio de Chapultepec estaba yo muy satis­fecho con mi bacinica de porcelana pintada a mano, ¡y ahora me la han robado!

No hay derecho.Es por esto que los molesto con esta carta des­de Miramar y les suplico se pongan en contacto con las autoridades poli­ciacas de la capital que, como no hacen por ahora nada de provecho có­mo no sea atracar y asesinarse entre ellos, se pongan a la búsqueda de mi bacinica que tanto añoro y en la que ahora debe estar defecando algu­na esposa de algún funcionario de regímenes pasados (o alguna excandidata a senadora); porque todavía hace 20 años yo la poseía -a la bacinica- ¡no a la señora!

Agradezco la atención que se sirvan dar a la presente y espero y man­do, como emperador de México, que este invierno (ya entrados en el T-Mec y la era antipandemia), cuente de nuevo con mi querida bacinica de porcelana pintada a mano, y se me ahorre el sacrificio penoso de salir al Bosque con riesgo no solo de un enfriamiento sino de ser asaltado por una patrulla.

Reciban ustedes un saludo cordial de Carlota, que sigue igual de enajenada con Mexiko: y las seguridades de mi atenta y distin­guida consideración imperial.

 

CORTEX

Comentarios

  1. Esruza

    27 febrero, 2021

    Original forma de narrar las atrocidades que suceden en este nuestro México que,
    a pesar e todo, es aparentemente nuestro, porque aquí nacimos, para bien o para mal,
    creo que más bien, para mal, hoy y siempre.

    Mi voto, Cortex.

    Estela

  2. Cortex

    27 febrero, 2021

    Agudo comentario, querida Stella.

    Pero así es.

    Somos un pueblo, cuasi primitivo.

    Bastardo y castizo de origen y abusón por sobrevivencia.

    No damos importancia a los menesteres de la higiene

    ni de la pulcritud: gordos, renegridos, fanáticos y fachosos.

    Pero la pandemia nos ayudará a corregir el rumbo.

    La depuración lleva ya 230mil óbitos y llegará a 2millones.

    Con la criminalidad, la impunidad y la insalubridad de la 4T, la letalidad global triplicará los nacimientos y en 10 años, seremos 40 millones menos.

    Si no hay algún fenómeno contranatural que nos lleve al exterminio colectivo, como los Lemmings: roedores que se reproducen exponencialmente; se comen las cosechas y se suicidan colectivamente en los Fiordos, corrigiendo la catástrofe con una rica pesca.

    Saludos y gracias por el voto.

    CORTEX

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