Decepción o Desenlace

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La guerra electrónica por los medios tempraneros nos mantiene cautivos y nos hace sentir «casi encantados» de semejante y re­petitivo espectáculo… Y puede que no sea excesivo pretender que fuimos llamados a engaño, un sutil en­gaño a pausas, pasmos y pautas, lo cierto es que nuestra vida comuni­taria nos lleva de decepción en decepción. No se tra­ta ya de señalar lo que debería haber prevalecido, sino de la triste sensación de que la democracia de los votos y la paz social se vengan abajo por causa del destino manifies­to y la ineptitud onerosa del monopolio de partidos, la burocracia electoral y la política de ganar- ganar del régimen.

Acá en el terruño de Aguascaldas, la incipiente democracia del Cien no ha podido abrir las compuertas para oxigenar los espacios a los nuevos demócratas y así legitimar –con golpes de inteligencia- las competencias electorales que la clase política que requiere el futuro del Estado a menos que le imponga­mos un giro popular que obligue a los partidos a cambiar. Se entiende que la dictablanda castrara -virtualmente- a los líderes naturales de varias generacio­nes de mexicanos y, ahora, cuando deberían estar en el frente democrático, tengamos que contentarnos con burócratas afectados de hebefrenia mediocres y acomodaticios, pues no hay manera de entender su cerrazón, su falta de flexibilidad y sus desatinos para instruir, con sentido común, el cumplimiento del pro­ceso electoral primario.

Y es que no habría de­cepción, en ausencia de hombres públicos de pri­mera, si cuando menos los tuviéramos de tercera y éstos se comportarán al nivel de las expectativas ra­zonables de su rango y talento; y no con las ambiciones des­medidas de algunos protogobernadores, aputaos y ediles que re­compensan sus «invaluables» servicios con ingresos superiores a los magnates yupies; o de aquellos te­merosos de su seguridad personal, pero impertérri­tos ante la violencia: más de 70mil muertos y la muerte de 160mil víctimas de la Pamdemia en un año.

Si bien es cierto que debemos celebrar que el INE consiguiera damos unas elecciones creíbles, no debe dormirse en sus laureles porque ahora requerimos de opciones electorales razonables y frescas que representen a candidatos ideológica o socialmente destacados, que no se encaramen en las cúpulas de los partidos con el poder del dinero o la alcurnia ártidista o gremial o el maridaje de los y las trapecistas.

La decepción no se restringe a la no votación porlos pautaos non sanctos o los ejecutivos estatales de quarta, ni se agota en el hecho lamentable de que los prospectos sean a menudo personas incapaces, mediocres y corruptas, carentes de programa, de ideas o de unarazón tangible y convincente para hacer política. Al poco, el desengaño se ve agravado por la circunstancia de que sean del partido que fueren —cuando llegan a triunfar y ocupan su curul- simulan quegobiernan o legislan ad pedis, olvidando suscompromisos conel conglomerado que los eli­gió y traicionando la misma plataforma del partido que los postuló ($altimbanqui$ ad doc).

La cuestión aquí es que no está dentro de la competencia del INE lograr que los partidos presenten candidatos competentes a la altura de las exigencias de los tiempos, el civismo y la neta demo­cratica, entendiendose que, la política, —la más alta expresión de la cultura de un pueblo—, debe conseguir que todos los miembros delos poderes del gobierno, sean capaces de pensar, proponer y legislar con la ley en la mano, y no sólo de hablar y vivir de las dietas y prebendas que su curul les otorga a bastanza.

Por eso queremos los ciudadanos saber a qué atenernos con el nuevo gobierno 4T: con qué y cómo van a cumplir sus promesas; a quienes se encargarán las tareas y propuestas; los tiempos y las cuentas cla­ras de su accionar y sus resultados.

Queremos saber también cómo castigar a quienes defrauden esa confianza depositada en las urnas.

Queremos uncambio de reglas en el INE y el TRIFE >hacia una segunda vuelta electoral> que legitime a la mayoría en contra de aque­llos partidos y candidatos defraudadores que haga posible la nulificación de los votos: anular una elección y convocar a una nueva con otros candidatos.

Si nuestra democracia, nuestro edificio nacional no funciona, corremos el riesgo de que el país se divida o se quiebre o se anexe a la seguridad continental hasta el Suchiate.

 

 

CORTEX

Comentarios

  1. Cortex

    16 febrero, 2021

    Gracias, estimados amigos, gonzalez y eleachege.

    Favor que me hacen con su comento.

    CORTEX

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