Reflejos en el agua

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Cubrimos con denuedo las distancias,

y no hay motivos para detenernos,

han sido demasiadas las discordias,

y el amor ha fluido de manera admirable

en bálsamos, al igual que un río bonancible,

no obstante; eso nos ha agotado,

 

Y hoy, como cada día,

cómo cada noche, apenas en el atardecer,

hacia el final, en el punto intermedio del ocaso,

justo debajo de las sombras que acechan,

al abrigo del oscuro manto neblinoso,

sostengo la lámpara, esa bendita lumbre que ilumina,

los taciturnos sonidos del corazón,

 

 

Y en el recodo, en la orilla del sendero,

donde pueblan los gritos de los grillos,

sus largos cabellos que entrelazaban mis manos,

se desprenden de mi lado;

ella sonríe, se apea del caballo y corre,

corre hacia el lago, delgada, venturosa,

¡Y sus piernas son veloces!, ágiles,

flota sobre el terraplén, se desliza,

cubre el recorrido con firmeza y suavidad,

y en una vaga señal, atrevida y temeraria,

atento a su imagen, acentuada y decorada,

a causa de sus atractivos relieves,

intento darle alcance,

y,

¡Amada distracción!, porque,

entre los sondeos de mis fantasías,

tropiezo y caigo,

de bruces contra un matorral,

y al instante,

a vuelo de un gorrión,

escucho el chapoteo y sus risas,

la carcajada que resuena en mis oídos,

me incorporo,

y de nuevo sigo mi camino,

 

El junco detrás de los arbustos,

se mece al compás de la brisa,

y son esos instantes, esos peculiares,

y triviales vuelos de la realidad,

los que nos empujan a vivir, a ser aquellos,

que dibujan y narran sus historias,

el lienzo, el despunte de lo ordinario,

la madeja de la cual se extrae el hilo dorado,

 

Y son los atributos de nuestras acciones,

lo que componen nuestra canción,

la melodía que deleita, que enamora,

y no hay vino, no hay nada que nos embriague,

solo el chisporroteo de nuestro fuego,

el sueño que modula nuestra imaginación,

y lo que se alza en los escalones,

de un cuadro inmaculado,

 

Me ve, sonríe, y me invita a ir con ella,

mueve sus manos sobre la superficie,

y su nado se pierde entre las olas,

y el salpicar del agua,

De un negro encendido, su vestido corto,

flota en ese espacio grandioso,

ilimitado, consistente y transparente,

mi musa de brillante encaje,

 

Regulares, monótonos, uniformes,

son sus movimientos,

una sirena escapando de un cazador,

a través de la albufera que nos entretiene,

serena, tranquila,

mientras las brumas se desprenden,

y el ascenso las empuja hacia arriba,

se levantan entonces,

los espejismos de la noche,

las colinas brumosas se empinan obedientes,

en el opaco fulgurar de un suceso,

que inscribe formas y figuras caprichosas,

 

Todo está en silencio,

apenas unos murmullos, el rozar de las ramas,

y el aleteo de las aves nocturnas,

todo se conjuga en el descanso de la jornada,

una maravillosa jornada, que tarde tras tarde,

repetimos al igual que un pacto,

un pacto de acuerdos, y juegos,

 

Y nos movemos,

a través de las oscilaciones del estanque,

en sintonía con lo que nos rodea,

sin la arbitrariedad de los prejuicios,

y es ese movilizar de nuestras vidas,

lo que nos permite componer,

la esencia de lo que somos,

un compendio de notas contemplativas,

dos corazones entrelazados,

un hombre y una mujer,

en una sencilla noche de amor y romance,

 

La luna se desplaza en el oscuro firmamento,

un viaje sin retorno, de ida,

y de nunca acabar,

su luz desciende menuda, una llovizna blanquecina,

un exquisito haz plateado, amigable, soñador,

un ahogo tenue, contenido, pronunciado,

y dispuesto a abrirse delante de nosotros,

para revelarnos su misterio,

y quién sabe qué otras cosas más.

Comentarios

  1. Gian

    7 marzo, 2021

    Bonito poema.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

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