Secuestro en La Margarita

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Era de noche en el barrio La Margarita en Santo Domingo, las luces tintineaban en la avenida principal, el sonido de los autos, inexistente, la basura recubría el paisaje por doquier, y la oscuridad de la noche acechaba mas allá de la avenida hacia el oeste; es como si una oscuridad se tragara la calle.

La Margarita es conocido como un barrio peligroso en Santo Domingo, donde los crímenes suscitaban por doquier, robos, rapiñas, violaciones y secuestros eran recurrentes, las casas de la avenida, usualmente abandonadas y «okupadas» por criminales, ladrones y enfermos mentales peligrosos y además el sonido del viento recubría la profunda soledad.

Es ahí donde estaba la turista inglesa Wendy, había terminado por una serie de imprevistos y poco conocía la ciudad.  Camino unos metros hacia la parada de ómnibus en donde se sentó y espero, celular en mano y ademan inocente. De repente se sintió un sonido estrepitoso en los contenedores de enfrente como de un golpe y de ello salieron dos hombres que encapuchados se sentaron en la parte delantera de la avenida justo enfrente de Wendy, ella no percato, hasta sentirse observada por los dos hombres, quienes en la oscuridad de la noche la observaba desde la oscuridad de su capucha; fue así que por las lascivas miradas de los hombres decidió tomar la iniciativa de seguir su camino hacia el este en búsqueda de un lugar mas seguro. En la ida, Wendy percato que los hombres la seguían; es así que ella decidió acelerar la caminata, un profundo pavor ocupo su alma al percatar que los hombres también la seguían con mas velocidad, de repente de su boca salió un suspiro de pavor y empezó a correr, cada vez mas rápido, los hombre siguieron y empezaron a correr.

Fue así que después de la travesía, ella sintió la mano del hombre agarrar su mano, miro para atrás y observo tres hombres encapuchados, la agarraron de la boca para que no gritara y se la llevaron para una casa abandonada de las de la avenida; la casa casi derrumbada estaba recubierta de textos extraños en las ventanas, dignas de la psicosis y la esquizofrenia; tiempo después cerraron la puerta con ella y nunca mas se supo de Wendy.

Al siguiente día, en un kiosco en Santo Domingo, se observa el titular del diario «El Pueblo»: «Turista inglesa muere decapitada en el barrio La Margarita»

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