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Recuerdo lo siguiente, hace ya tiempo,

mucho antes de la pandemia,

mucho antes de recluirnos en nuestros hogares,

recuerdo que,

pensaba a orillas de mi vida,

intentaba dar con una conclusión,

más que esto,

una reflexión, una especie de analogía,

como si la vida misma no bastara,

que deseaba perder el tiempo en ambigüedades,

y lo recuerdo como si fuese hoy,

que pensaba en una cosa,

algo tan molesto como una piedra en el zapato,

 

Solitario, y sin intercambios de rimas,

un embudo con problemas,

que no contiene un entendimiento mutuo,

y un sinfín de cuentas para pagar,

me dedico, ineludible y sin cortesía,

a decirme a mí mismo,

que este no ha sido un buen año,

puesto que,

en una razonable ecuación marchita y amoratada,

las deudas mancillan mi coherencia,

delante de un extraviado encuentro,

apostrofando mi conciencia,

 

Me encuentro en este indulgente instante,

abstraído debajo del pilar de luz,

que se halla en la acera,

Es el último día del año,

y estoy solo en la vereda,

sentado bajo la lluvia,

los perros se acercan, me olfatean,

y siguen su camino,

sin dedicarme interés alguno,

la brisa es fresca, cálida,

y en la parte sur de mi país,

aquí es verano,

y el verano es la droga de muchos,

cerveza, sexo, fiesta,

alcohol, vagancia, y exabruptos,

los niños llevan la delantera,

menores a los que nada les importa,

excepto ganar algo de dinero con robos,

clubes nocturnos, y el mismo sonido de siempre,

La cumbia,

esa loca cumbia que regentea las mentes,

mentes llenas de humo, de suciedad,

sin marismos, sin elocuencia,

bajos instintos, baja moral,

todos corren bajo la lluvia,

niñas embarazadas,

niñas de catorce, quince años,

riendo a carcajadas,

mientras son empujadas por otros más grandes,

atareadas con la diversión de la noche,

sin sus padres, sin control,

niñas que van y vienen,

y en medio de todo,

las malas lenguas, palabras soeces,

miradas inquinas, derroche de fantasías,

cerveza, cigarrillo, drogas,

nadie teme, la calle es su amiga,

no hay peligros,

los niños, las niñas,

los jóvenes,

la violencia, la estupidez y la indiferencia,

es el licor del cual todos beben,

ríen, se embriagan y abusan de otros,

mientras sus padres duermen tranquilos en sus hogares.

a ellos no les importa,

sus hijos son libres de hacer lo que quieran,

este es un país libre, dicen,

y mis hijas se pueden divertir con sus amigos,

la sociedad es vana, sin escrúpulos,

no hay sentido de orientación,

todo es una barbarie,

Mis hijos tienen libertad de hacer lo que quieran,

déjenlos que se diviertan,

festejen con sus amigos, que vivan la vida,

y yo los contemplo incrédulos,

porque es como si dijeran,

que mueran en las calles,

solo queremos estar en paz con nuestra conciencia,

vivir sin temor al mañana,

y poder chismorrear con mis vecinos,

 

Las niñas enseñan todo con sus vestidos cortos,

enseñan sus piernas, enseñan más,

y los niños y los hombres las ven como mercaderías,

objetos para su entretenimiento,

pero a sus padres no les importa,

ellos solo quieren estar tranquilos en sus hogares,

─No importa, dice un sujeto con barba, a su amigo,

serán nuestras, esta noche,

las niñas revisan sus celulares,

ellas sonríen, lápiz labial en sus bocas ingenuas,

van y vienen,

no importa,

es de noche y hace calor,

yo estoy sentado y observo,

alguien pasa por donde estoy, y se burla,

una niña de unos trece años de la mano de un sujeto de quince,

ambos ríen,

¿A quién le importa?

ellos viven,

tienen sus derechos dicen sus padres,

déjenlos que se diviertan sanamente,

hasta que algo sucede,

y la culpa es de otros,

Mala noche, mala juerga, mala compañía,

¿A quién le importa? Condenado verano,

y al entrar a mi casa, me llegan sonidos del exterior,

escucho forcejeos, gemidos y risas,

suspiro y voy por un refresco,

ya es tarde y estoy cansado

 

Y esa fue,

creo la última noche en mi habitación,

porque a la mañana siguiente,

me despidieron y,

poco después, me echaron a la calle,

condenado verano.

 

 

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