Las facciones camerales «tetracolor» pretenden aprobar, en sus términos actuales, sin cambiar una coma, la reforma energética que ya ha provocado dos que tres apagones: en Palacio, en la CFE y en los pastizales nevados del Norte.
Dicha aprobación puede interpretarse como un mutis a sus candidatos “chuchas cuereras” en el afán de garantizar los intereses del monopolio de luz y fuerza bartletiano, para en su momento conformar una oposición cerrada en contra de quienes, sotto voce, van conformando una sería confrontación con los dictados del T-MEC, la provisión de gas natural y el neo régimen de mister Biden.
Creer que tamaña torpeza voltaica es producto de falta de luz o comunicación entre las facciones parlamentarias, las dirigencias partidistas y los proto-candidatos de la magna elección 2021, suena a inocentada. Puede ser que con esa decisión el PRIAN-rD consiga más spots para sus candidotes pero es improbable que obtengan más votos. Más bien, parece que resolvieron montar un escenario de posguerra electoral a partir de un inminente madruguete cameral moreno.
Una artimaña de ese tipo sólo hace pensar que esos candidatos serán abandonados por sus respectivos partidos o que el equipo de campaña que los acompaña de plano carece de voltios. Resulta increíble que, a pesar de todas las advertencias hechas sobre lo que implica renunciar a la soberanía energética (Nahle dixit), la oposición demócrata no hayan operado en el Congreso para impedir el madruguete.
Y es que la reforma a la Ley de marras (voltios) que los curuleros «tetracolor» pretenden ratificar en el curso de este mes, supone una doble claudicación que a la postre pagará la nación y todos los mexicanos:
-La primera tiene que ver directamente con los legisladores que se inclinarán en favor de la reforma: renuncian a la representación popular que se les otorgó para asumir la defensa de sus electores y no la sumisión al “dictat de palacio”.
-La segunda tiene que ver con la renuncia a la modernidad de las energías limpias y un retroceso al chapopote contaminante en contra de la tendencia ecológica mundial y la salida de los inversores privados en el sector.
En nada sorprende que los senadores Nonreal y Nahle hayan operado en contra de los principales proveedores de energía eólica y solar. En ambos casos es asaz sabido cómo esos legisladores «pluris» han hecho de la representación popular un asunto privado y cómo, a partir de esa práctica, supeditan el interés general al interés faccioso de la 4Ta y sus satrapas.
Llama la atención la postura de la mayoría de los curuleros «tetracolor». Varios de ellos tienen claro que la aprobación de esa reforma golpeará a su coalición, a sus candidatos y al país, pero la fatalidad de la pandemia parece que los inclina a enchufarse en un duelo-ciego de preguerra electoral, pa´inocularse contra el virus gateliano.
El mandato popular otorgado al Pejeyac fue integrar un gobierno de sinergias para desarrollar un equilibrio entre los poderes a fin de adoptar decisiones inteligentes. Los legisladores «tetracolor» se desentendieron de ese mandato y, al menos en este caso, parecen apoyar al “factótum” de los massonsitos para seguir reciclándose en política. En vez de buscar sinergias energéticas, alimentan a un gigante fofo que terminará por engullirlos.
Cual trama de telenovela, el tema de la Reforma de Energías nos ha llevado del enojo a la ira, de la desilusión al agravio por estupidez. Y es que lo que está ocurriendo con la llamada Ley Bartlett no es para menos. Los diputados y senadores que elegimos y mantenemos con sendas dietas y beneficios millonarios, acabarán jodiéndonos. Disculpen la palabra, pero no hay mejor forma de decirlo.
Pero en este país, gracias a los curuleros contra-pueblo, las cosas no operan así. En este año electoral, estimado lector, la norma televisiva, como fue aprobada por los especímenes que tenemos de diputados, les permite a los concesionarios quedarse con todo el espectro en automático. Además, impide la entrada de las estaciones comunitarias. Limita también los tiempos públicos que tiene el Estado en los medios y debilita el órgano regulador al no darle autonomía e independencia.
Estamos retornando al viejo sistema en donde, una sola empresa CFE-Pemex, controla todos los procesos y no es, ciertamente, la que nos dicen ser: la luz-empresa de nivel mundial. A los políticos los elegimos, pero a éstos leguleyos –-que no dan luz—lo único que se les ocurre es entregarnos atados de manos al monopolio de la 4Ta y de paso echarle una descarga de E-incienso al Pejeyac.
CORTEX





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