Ni pa´donde hacerse. Es tal la «popularidad» del tema y tan grave su amenaza que obliga a una doble reflexión: la de una preocupación personal y ética que abarca la responsabilida paterna, y la profesional con su extensión sociológica. Considero entonces oportuno relatarles algunas opiniones acerca del tema de la drogadicción. obtenidas mediante el trato con jóvenes adictos en el «Centro de Trabajo Juvenil» en la Alcaldía de Tlalpan en la CDMX de la mano con el equipo multidiciplinario ad hoc.
Cuando analizamos el fenómeno de la farmacodependecia con un criterio médico y sobre todo social, pronto advertimos que sobrepasa la trivialidad de lo popular para situarse como un verdadero problema de salud pública. Esto es así porque involucra a numerosos miembros de la población, la contaminación del mismo va en aumento (actualmente tiende a extenderse a la niñez) y no está limitado a una área geográfica a un segmento de la sociedad ni a un estrato económico exclusivamente.
Desde un punto de vista sociológico, todos los elementos de la sociedad y el estado están afectados: la familia, la población y el territorio; el gobierno y la milicia, la economía y la ética religiosa. Veamos:
LOS FARMACOS
Fármaco o estupefaciente es toda substancia activa (droga, medicamento o pócima) de procedencia natural o sintética que es introducida al organismo por o sin prescripción médica con fines curativos o no; convirtiéndose en producto de automedicación, drogadiccicn y consumo.
Farmacodependiente es aquella persona que utiliza fármacos de manera regular o esporádica y que. al suspender su uso. le produce un cuadro de abstinencia física o necesidad emocional de su uso. Este concepto incluye dos vanantes:
Una. de dependencia física. Y Dos, de dependencia sicológica.
En la primera existe la necesidad fisiológica del fármaco, de tal manera que al suspenderlo se presentan una serie de alteraciones que reciben el nombre de síndrome de abstinencia. Ejemplos: insomnio, desesperación, confusión mental, agresividad, pavor y estupor, contracturas musculares, dolores, etc.
En la segunda no existe necesidad bioquímica del organismo al suspender la droga, sólo la inquietud y la ansiedad por no satisfacer el deseo de «alivianarse» de modificar el estado de ánimo, pero no hay un cuadro de deprivación orgánica.
Existen también una serie de variables dadas por el tipo de fármaco empleado que son: dosis, calidad y vía de administración, la personalidad del sujeto consumidor, el entorno familiar y el tiempo y frecuencia del uso.
EL CONSUMIDOR
Este elemento crucial está formado en su mayoría por jóvenes cuyas edades fluctúan entre 12 y 23 años, existiendo una mayor acentuación del problema hacia los 17 años. Existe un predominio en el sexo masculino. Debido a la edad, casi la totalidad son solteros y la ocupación principal es el estudio (preparatoria) o de plano son Ninis (ni estudian ni trabajan) pero les dan Beca de la 4T.
El tipo de droga más usada por los jóvenes es la marihuana (95%). pero con demasiada frecuencia (automedicación y permisividad sanitaria) hacen combinaciones, llamadas por ellos “cruzarse» con diferentes sicotrópicos: Anfetaminas. sedantes, estimulantes y antidepresivos; solventes y alcohol. Tambien otras drogas fuertes y sinteticas (crack): heroína y cocaína. LSD. peyote y hongos alucinógenos… y mezcalina.
La motivación más frecuente para el uso aparece con el siguiente orden:
Curiosidad o imitación (70%).
Solidaridad al grupo por rebeldía y auto-aceptación (20%).
«Aliviane y «escape» de la realidad (5%).
Dealer$ y proxenetas (5%).
Ahora bien, en la adolescencia se producen profundos cambios -ajenos al control consciente — de tipo físico, sexual y emociónal. así como intelectual y sicosocial. Y es en esta atapa de transición en que se toma conciencia de sí mismo, en que el individuo se sabe diferente y, a la vez, ligado a los demás y al mundo. Es en este «momento» prolongado que se intuye (más que se piensa) oue se existe para «algo» y en el que se pretende encontrar una ubicación ante todos y ante sí mismo.
Es en esta época intensa de la vida, que la mente se abre con una mayor capacidad exploratoria y de abstracción (quiere saber quiere sentir), y el adolescente encuentra a la mano una serie de substancias que afectan el sistema nervioso, el cerebro y la esfera sexual al experimentar cambios emocionales y de ánimo -por amplificación de sus sensaciones- de sedación y/o alegría; cambios en la percepción de las ideas y euforia, cayendo en la trampa de creer que esas substancias le ayudarán realmente a encontrarse a sí mismo o a hacer más profundas sus concepciones, ¡cómo tantas veces ha oído decir a los chamanes del grupo o las redes!
Se entrega entonces a la tarea de consumir fármacos cada vez de manera más frecuente, acompañado de amigos, escuchando música o asistiendo a fiestas y celebraciones rituales de «la onda cool o la sexo diversión».
Se crea así una serie de reflejos condicionados en donde el fármaco (amplificador) desempeña el papel de elemento condicionante; la música y los amigos, el elemento auspiciador-cómplice (alivianador). Música y convivencia producen de manera natural alegría y euforia. Pero a esta experiencia natural se suma ahora el cambio emocional -artificial y efímero provocado por el fármaco.
La cuestión es que el adolescente es incapaz de diferenciarlo debido a que se encuentra en su etapa de inmadurez hormonal y entorno dislocante: etapa en la que apenas se inicia el descubrimiento del sentido estético y social del mundo y. frecuentemente, se encuentra sin la referencia -la guía ariculada- de la familia.
Como él «descubre» al mundo bajo el efecto de las drogas llega a considerar, erróneamente, que la euforia así vivenciada procede únicamente de los fármacos. Es cuando le oímos afirmar que. una fiesta o unos discos, no se disfrutan «de verdad» si no lo hacen bajo el efecto de tales substancias o en las atmósferas sensualistas de los antros.
Cuando el adolescente deja los fármacos por algún tiempo, puede experimentar nuevamente la alegría auténtica que produce la música y los amigos. Con frecuencia llega a exclamar sorprendido:
«¡Me siento tan alivianado, como si me hubiera dado un toque!»
Este es el momento adecuado para hacerle comprender que la capacidad de experimentar felicidad está dentro de nosotros mismos, que su organismo (su mente) está equipado para ello sin necesidad de excitarlo artificialmente con substancias que ponen en peligro su vida y su personalidad; sus cualidades intelectuales y existenciales, la toma de conciencia de que “se existe para algo» y no para ser un Nini.
Continuará.
CORTEX





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