| ¿Acaso la comida chatarra es una adicción?
A México le va muy mal con LOS VIRUS, LAS CHUCHAS 4T Y LAS DIETAS. Hubo una época en que llamar a alguien «gordo» era cariñoso. Había muchos y entrañables «gordos». Era frecuente escuchar que alguien llamara «gordita» a la “prójima” y recibiera una sonrisa y un beso. Y si al ¨prójimo”, un ascenso. Hoy tiende a ser la constante del Gabinete, el Sanedrin antiCovid y las y los Curuleros tetracolor. Era el México donde la desnutrición mataba a miles de personas. Ser sumamente flaco significaba enfermedad y pobreza extrema. Lo mismo ocurría en otros países del mundo. Cuenta la anécdota de un inmigrante albano que decide irse a Estados Unidos porque –dice– ahí hasta los pobres son gordos. Hoy en día llamarle a alguien «gordo» es una ofensa, políticamente incorrecta, que demuestra mala leche, ignorancia y falta de tacto, pese a la pandemia que por el confinamiento, la restricción social y laboral más la zozobra social, modifica nuestra conducta y nos compenzamos con comida, bebida e inmobilidad. La obesidad es una enfermedad que con la epidemia Sars2 se podrá convertir en la próxima pandemia mexicana a la par que el valemadrismo comicial: ni a cual “pandejo” irle. Para México es una verdadera bomba de tiempo, sociológicamente hablando, y una catástrofe sanitaria de proporciones gordianas como el letal Virus que auspicia la tragazón y la gordura. Tan incorrecto como describir a alguien por su color de piel y tan cruel como llamarle «canceroso» al que padece cáncer o a quien es bixicleto.
¡Pero qué rico se come en Mexicalpan! El problema es que se nota. Siete de cada 10 mexicanos adultos son obesos o tienen sobrepeso (de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición). Las mujeres mexicanas (73%) sufren gordura más que los hombres pero por ahí se van ambos. Este problema comienza desde el vientre materno (los antojos) y sigue en la niñez. La mía estuvo sazonada por chicharrones, gansitos y todo tipo de chatarra. Esa tradición de comer golosinas a toda hora es una engorda continúa. Uno de cada tres niños mexicanos sufre de sobrepeso. Y tener kilos de más también los puede convertir en víctimas del bullying. “Los niños hacen lo que ven, no lo que les dicen, en casa, escuela y telepantalla”. ¿Qué hacer con un problema gordo por lo redondo? En mi niñez había que caminar media hora cuesta arriba para llegar a la única pizzería de la zona. Pero el Tratado de Libre Comercio y su “gringo way of life” penetró la porosa frontera sanitaria y la publicidad sin conciencia de productores chatarreros y sanitaristas ídem, anuló el gusto por los tacos a las pizzas; las hamburguesas a las tortas y las banderillas a los hot dogs. Hoy todo es sabrutas y nachos; manteca-icecream por helados de fruta: golosinas que consolidan la industria charra-mex de la maza, la manteca, el dulce y sus fritangas chilosas, aderezadas con pexis y churrumais. La combinación de teta-fórmulas fue una bomba. La diabetes, hipertensión y enfermedades del corazón han subido como gaseosas. De una sociedad rural pasamos botaneando a una urbana y dejamos de movernos. Comidas baratas y altas en grasa, azúcar y sodio nos empezaron a matar. El gobierno del Titino atracomula y hoy la 4ta del Pejeyac tuvo una «estrategia nacional» para reducir la cintura-país. Pero fue como tomar agua tibia. No se atrevió a hacer lo debido: sólo decía «Muévete México». Y hoy, el Demos es sabio, y el Pejeyac más, nos ilusiona cada mañana con sus alharacas. A nivel mundial, la campaña contra el tabaco tuvo éxito por dos razones: aumentó exageradamente el precio de los cigarros y prohibió su publicidad en casi todos los medios. Hoy fumar no es tolerado. Pero no hay voluntad política ni conciencia social para hacer lo mismo con las empresas de refrescos, golosinas y comida chatarra que rellenan de publicidad el aire, vacían los bolsillos y atascan de manteca las arterias mexicas. Marzo casi llega a la primavera. A la floración que abre y renace la esperanza y la certidumbre. Pero la dieta de los mexicanos está en veremos. Las promesas de campaña y la sanidad “cifrada por los alomios vespertinos” terminarán como tortas ahogadas junto a las inscripciones de clínicas y gimnasios. No es cuestión de disciplina. Comer bien –-frutas, verduras, quesos y carnes frescas, sin pexis- es mucho más caro que comer mal y grosero. Y bajar de peso requiere mucho más que fuerza de voluntad: «ser saludable requiere un cambio en la mente antes que en la panza». Vivimos hoy la paradoja de haber sido un país de desnutridos a uno de obesos malnutridos. En dos décadas se triplicó el porcentaje de personas con sobrepeso. Por eso la palabra «gordo» se convirtió en herejía. No hay nada divertido ni apetitoso en la gordura excepto en las piaras. El valemadrismo oficial, la contrahigiene y la violencia criminal del narcotráfico no son la principal amenaza para los mexicanos; decenas de miles mueren prematuramente cada mes por Sars2, diabetes, cardiopatías, obesidad e incapacidad motora. O sea: la pura improductividad. Es lo que nos metemos a la boca (o sale de ella) lo que nos está matando a los mexicanos. Entonces sí, hay cosas peores que las palabras soeces. Nos estamos muriendo a bocanadas de virus, y a mordidas macro por nuestra maldita indolencia.
CORTEX |





Sosias
Estimado Cortex:
Yo me acuso. Si,soy culpable de doparme con la comida.
No voy a echarle la culpa a nadie de mis debilidades culinarias,la gente más querida me obsequiaba con comida,sin darse cuenta de mi gran problema.
Todo empezó hace mucho tiempo. Quizás fue la juventud que hacía creerme invulnerable a lo que yo más despreciaba ¡ LA GORDURA!
Veía el rechazo que provocaba,sobre todo en los hombres,que no tenían ningún tipo de empacho en verbalizar las cosas más desagradables hacia estas personas que eran nuestras madres,nuestras tías,nuestras amigas. La mano de obra que procuraba el alimento que sostenía nuestros cuerpos. Ellas se comían nuestras sobras,el tocino que nosotros no queríamos y todo el excedente de nuestra alimentación. Había que aprovechar y ellas eran las limpiadoras perfectas y muy baratas que utilizaban como combustible nuestros desechos. No había más.
Otra cosa muy distinta es el sobrepeso de hoy día.
Tenemos las herramientas perfectas para no caer en el error cometido en otro tiempo por necesidad.
La lucha contra la pandemia de la gordura está en nuestras manos. Podemos hacerlo. Para ello necesitamos una gran fuerza de voluntad, concienciación y soporte emocional.
Lo primordial es dar el primer paso. Alguien dijo”menos plato y más zapato” una verdad irrefutablemente.
Los profesionales como usted,que alzan la voz continuamente desde su experiencia,son impagables. Mil gracias
Un abrazo y mi voto.
Sosias
Sosias
Irrefutable.
Cortex
Favor que me hace, estimada señora Sosias
Su análisis, y su valentía, son los irrefutables.
Somos animalitos de costumbre.
La gordura es, un reflejo de supervivencia, a las carencias.
Esa mano de obra salvadora, la de las entrañables reciclers.
Reciba un abrazo fraterno.
CORTEX