Las Cadenas Light

Escrito por
| 7 | Dejar un comentario

 

«Estos puestos de venta –tienditas de esquina– representan la pobreza de nuestra economía. La huella de una sociedad menesterosa que enriquece, paradójicamente, a las grandes cadenas productoras de alimentos empaquetados y bebidas saborizadas, a la mano».

 

 

El martes 23 me invitaron a un programa de radio que se transmite por el 790 del cuadrante AM a las 12 del mediodía, bajo la batuta del señor Iván Ibáñez, y sobre el tema de la Obesidad y las Chatarreras.

Debo decir que mi participación fue meramente incidental o que me eligieron al azar, ya que me pusieron frente a una «panelista» que se dedica a la cosmiatrica: a la moda-face y el diseño-body con base en el análisis de los colores, las telas y los cortes, a efecto de resaltar o favorecer las líneas, las luces y las sombras de la piel y de la figura sex-appeal, que la han convertido én en una «chucha-creadora de imagen» para disimular o encubrir los (d)efectos poco favora­bles de !a gordura, y que las lonjitas de más producen en el cuerpo, la psique y la estética femenina. Algo así como poner «téte-a-téte» a la nutra-medi­cina frente al artificio de la sala de belleza y los afeites pa´ hacer aflorar la belleza escondida. Esa que no se ve, ni se siente pero que sí deja huella: la factura por pagar.

Y es que, en mi opinión, el programa y el tema son de la mayor relevancia, pues la obesidad es hoy un asunto de salud pública, es decir que afecta a más del 70% de la población general y representa también el 55% del problema de manejo de las patologías más comunes; siendo el asunto en Aguascalientes particularmente notorio, ya que incide sobre todos los grupos de edad, es decir: afecta a ricos y pobres, a niños y ancianos, y especial­mente a la juventud ociosa y despreoupada inmovilizada por el confinamiento ante la Covi- pandemia y su consumismo voraz consecuente.

Lo grave del asunto es que este fenómeno social de la gula y el sobrepaso, es producto a su vez de una conducta inescrupulosa respecto al consumo de golosinas, refrescos y frituras; o sea chatarra alimenticia industrializada que se anuncia prolijamente en cada esquina, y se vende en las tiendas y changarros que pululan por nuestras ciudades, pueblos y rancherías –por el país entero, pues’n– y todo gracias a la eficiente distribución de la portentosa industria refresquera, fritanguera y golosinera que cubre palmo a palmo el fabuloso mercado cadena-light con esos carísimos «substitutos del hambre-alimento». Si a esto le agre­gamos la dieta típica de los mexicanos a base de alimentos ricos en masa, manteca, chile y dulce, pues estamos fritos, figurativamente hablando, en la grasa de ta gordura, la diabetes y las enfermedades que de ella derivan, incluidas aquellas de la pobreza y el coronavirus,

Y es a causa de esta pobreza ancestral que los mexicanos, el mestizo como usted y yo, somos un pueblo famélico: lleno de carencias y deficiencias que queremos compensar ingenuamente en nuestros hijos con comida engordante a bastanza, comiéndola nosotros también ´onde cae´. Estas fritangas y zucker-bebidas que se venden en el changarro light y que son más caras que la comida fresca y natural, substituyen hoy en día los auténticos nutrimentos:

–Ya que tenemos la creen­cia de que un pastelillo bien envuelto es un alimento sano. Pero no es así, un niño alimentado en exceso con golosinas es solamente un gordo y no un niño saludable–

No es un niño bien nutrido, sino que es sólo una pequeña víctima de nuestra comodina indolencia, de nuestra flojera mental, desconocimiento o imita­ción agringada, y del contagio publicitario y consumista que nos bombardea con productos chatarra: desde el taco-takis.net hasta el «ratónchurrumais.com».

México es el país consumidor de bebidas refrescantes azucaradas y golo­sinas mas destacado. Así se alimentan los peones y trabajadores de la construcción: una torta-tamal + un litro de pexi-light por jornada.

Representa el 50% del «lonche» de los escolares que se gasta en frituras, chuchulucos, gansitos y otras linduras envueltas en celofán y carísimos empaques de fantasía.

Esta aberrante y popular tendencia nos per­mite extrapolar una singular y temeraria paradoja: «que próximamente nos va a regobernar un exitoso expromotor de este tipo de «alimentos»»; quien cree en la economía de los «changarros» y que preconiza la posibilidad de dotar con estos medios de una actividad productiva y barata a la sociedad menestero­sa a efecto de revertir la pobreza, el desempleo y la desocupación.

Y es que hay paradojas en la vida que nos sirven porque encierran una lección. Yo creo que ese alguien (Fox), que tiene conocimiento y experiencia en el agro-marketing -que sabe de lo que estarnos hablando- tendrá el imperativo categórico y el poder –mediante la revolución agro-pedagógica– para modificar esas tendencias: brócoli pa´la panza y cannabis pa´l cacumen por Coke.

Pues no es justo ni saludable que se promueva de forma tan desfoxxoniana la venta –al tra­vés de la red de changarros y tiendas light- de sustitutos artificiales y chatarra alimenticia industrializada que enajenan la suficiencia alimentaria y económica de la Nación.

Es como cuando un pueblo explotado y famélico carece de una educación —de una recia tradición para conducirse atinadamente ante los demagogos. Es entonces cuando la po­lítica, la fuerza del Polis que concierne a toda la comunidad, se convierte en instrumento de­mocrático para modificar las conductas erróneas y las políticas aberrantes que nos mantienen sujetos en la pobreza, la ignorancia y la malnutrición lucrativa.

 

CORTEX

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas