Un triángulo amoroso

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Se conocieron en una conferencia sobre “El uso de las nuevas tecnologías en los adolescentes”. Zamira Albano, psicóloga, trabajaba en una institución educativa y Augusto Conte, analista en sistemas, dictaba un módulo en el encuentro.

La jornada había sido bastante intensa. Cada uno había acudido allí con su grupo de trabajo y en realidad, sólo cruzaron la vista en algunos momentos.

Cuando llegó el momento de retirarse, todos se dirigieron al estacionamiento. Allí se saludaron y algunos se dispusieron a cenar en algún lugar de comida rápida. La noche estaba entrada ya y el fr

ío de junio era bastante intenso. Sacó la alarma del auto y cuando abrió la puerta escuchó una voz grave, seductora y atrapante que la saludaba. Era él.Ella se volteó y le respondió el comentario y en ese momento él la invitó a un café. Entre dudas y obnubilada por su presencia, aceptó.

Fueron a un café al lado de la arboleda del parque, cerca de la Universidad. Se sentaron en una mesa arrinconada, al lado de un hogar que simulaba ser a leños.

Conversaron durante dos largas horas de sus vidas, de sus trabajos, de sus sueños.

Intercambiaron sus números telefónicos y se despidieron. A la semana, él la contactó y la invitó a desayunar un viernes por la mañana. Entre medialunas y sorbos de café con leche, comenzaron a hablar de sus situaciones personales. Ella divorciada hacía diez años. Él separado, en una situación algo confusa. Separados de hecho, viviendo aún juntos por algunas cuestiones económicas y otras, sociales y familiares, digamos. Pero ambos de acuerdo, en que ese matrimonio no tenía futuro ni destino.

Lo cierto es que comenzó, desde ese día un vínculo que no tenía definición alguna. Ni tampoco mucha exposición. Mensajes de textos, llamados, algunas salidas, visitas a casa de ella… Y un enamoramiento mutuo que cada vez fue haciéndose más intenso como un alud que crecía día a día…minuto a minuto… segundo a segundo.

Pero sin definición alguna, comenzaron a verse cada vez más, a contactarse con más frecuencia… a llegarse al corazón. Aquello que había empezado como algo más bien casual, se terminó transformando en una relación firme, sostenida y sobre todo muy querida para ambos, aunque nunca se lo dijeran entre ellos.

El tiempo fue pasado y el vínculo se fue afirmando, pero la situación se hacía algo indefinida dado que Augusto aún seguía viviendo en matrimonio, aunque él se esmerara en dar razones como “no pasa nada”, “ni hablamos”, “sólo es convivencia, como amigos”. El hecho de que él aún conviviera con su mujer, que aunque él dijera que ya no lo era, legalmente lo seguía siendo, y socialmente también; hacía más difíciles las cosas. Según él, su mujer no tenía nada que decir… aunque ni lo sospechaba, si se enterara no debiera siquiera molestarse; al fin y al cabo ella exigió vivir con esa pantalla. Ella lo había elegido así. Ella sabía bien que no había relación alguna.

Pero esa sensación de estar metida en medio de un vínculo, que aunque estuviera roto seguía de alguna manera siendo un vínculo, incomodaba y perturbaba demasiado a Zamira. Ella preferiría que las cosas fueran de otra manera. Más transparentes, más legales, más justas. Y sentirse en ese lugar últimamente la había puesto mal. En muchas ocasiones tenía ganas de acabar con esa relación, que en cierta forma, no lo era del todo.

Una mañana, cuando se levantó, se sintió bastante descompuesta. Se dio un baño reparador y se dirigió a trabajar. Ya en el trabajo el malestar continuaba, por lo que decidió que a la salida, se llegaría a la guardia del sanatorio.

Apenas si logró llegar cuando sintió desvanecerse. La socorrieron, le hicieron algunos exámenes y sí…era lo que temía… un principio de apendicitis. Había que operarla. Mientras estaba recostada en la camilla en la antesala del quirófano, se acercó la anestesista que mientras leía sus datos y le ponía la anestesia le dijo… cuente hasta diez, mientras yo le hablo, se irá durmiendo lentamente… Mi nombre es Analía , soy médica anestesista… y estoy casada con Augusto Conte… es analista en sistemas.

Eso fue lo último que escuchó cuando la anestesia la durmió…

Comentarios

  1. gonzalez

    23 marzo, 2021

    Me gustó mucho, amiga. Mi voto y un fuerte abrazo.

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