Churrasic Park

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Apreciado autor,

A lo largo del libro nombras a tu pueblo varias veces, ¿de qué se vive en él? ¿agricultura? ¿industria? ¿se puede visitar? Siento curiosidad.

Un beso en el páncreas,

Terminator García (soy niño)”

Respuesta :

Apreciada niña,

gracias por el interés que muestras por nuestro pueblo. Por supuesto que se puede visitar, el turismo es una de nuestras principales actividades. Te recomiendo que vengas preparado para una larga estancia porque te gustará tanto - o no - que te quedarás.

Mi pueblo es muy innovador en cuanto a generar recursos económicos. A fuerza tiene que serlo porque la autopista solo tiene vía de entrada pero no de salida y la estación del tren igual. Vamos, que cuando vienes aquí te quedas ya para siempre a no ser que huyas monte a través pero para eso tenemos manadas de lobos que en la capital dicen que lo hacemos por ecología pero nosotros sabemos la capacidad disuasoria que tienen los perretes para aquellos que pretenden huir.

En cualquier caso no le hacemos ascos a cobrar subvenciones por nuestros lobitos y también por la cabra Jennifer, que se ha hecho una experta en fingirse muerta y hacerse la despedazada por los depredadores - esos ojos lividos, esa lengua colgando, esos chorretes de sangre - que si hubiera un Goya a los animales se lo llevaba ella seguro. Claro que pronto la tendremos que jubilar, porque cada vez que aparecemos en el Ministerio el perito se mesa las barbas y dice encontrar similitudes con la «cabra del año pasado».

Sea como sea nos hemos juntado casi un millón de personas y claro, no todos están en su sano juicio, que muchos rondan como perdidos por las calles vistiendo harapos y cogiéndote por las solapas con los ojos abiertos como platos pidiéndote salir, que tenían una vida y una familia, pero locos o cuerdos a todos hay que alimentar. Por desgracia los «negacionistas» no están en condiciones mentales de aportar ningún esfuerzo productivo. Ni siquiera se les puede dar cubiertos que no sean de plástico, imagina el panorama laboral que tenemos.

Uno de los primeros negocios masivos que se implementó en el pueblo para alimentar a tanta boca fue el de clickar enlaces de Google de forma masiva cobrando por ello, claro.

Llegamos a poner en primera página del buscador términos como «mochuelades de riofrío» o «ternasco loco de la higueruela» aunque tuvimos que bajar el ritmo cuando llegó la camioneta de Google, se bajaron cuatro matones y la emprendieron a patadas con las partes nobles del alcalde, que desde entonces nos sermonea desde el balcón del ayuntamiento con voz de pito. Claro que nuestra venganza fue épica y organizados en escuadrones perseguimos por medio mundo las coloreadas furgonetas de Google Maps para despelotearnos cada vez que veíamos que la cámara no enfocaba, hasta que finalmente Larry Page y Serguei Brin nos llamaron pidiéndonos «por la gloria de nuestras madres» que les dejáramos en paz, que les habían dado un premio en Pornhub que no iba bien con su política de empresa ni su código ético, y tras algunas concesiones, firmamos un armisticio que más o menos todos cumplimos. Ellos nos han borrado de sus bases de datos y nosotros solo clickamos compulsivamente cuando merece la pena. ¿Te acuerdas del Brexit? La próxima votación en la que influiremos es aquella que pide considerar Inglaterra provincia de los Estados Unidos. Si, ya se que parece imposible que algo así pueda ocurrir, pero tiempo al tiempo…

Pero el gran negocio del pueblo, el que de verdad nos alimenta, es el Parque Temático de Cuñados. Nos viene de lejos.

Parece ser que los romanos que fundaron nuestra villa tenían un pequeño anfiteatro en el que se promocionaban luchas entre koalas y osos pandas. Ellos lo llamaban «slow-gladiator» porque podías pasar horas viendo las evoluciones de los dos grupos de osos sin que pasara nada relevante. Si acaso interactuaban era para que un panda diera un tallo de bambú a un koala y este le correspondiera con un par de hojas de eucalipto. Ocho horas de «lucha» pa’ na’. Así se tiraron un par de siglos hasta que llegó un koala que era un cuñado y se lió parda. Lo que era coexistencia pacífica se tornó en una masacre que salpicaba de sangre a todos los espectadores. Volaban los miembros de koalas y pandas, las cabezas decapitadas, los ojos arrancados de las órbitas, para regocijo del público que se lamentaba del tiempo perdido. Dos siglos, nada menos.

Luego llegaron los bárbaros y la Iglesia y el circo de pandas contra koalas llegó a su fin. No de nuestra memoria, pero las veces que se trató de hacer revivir el espectáculo parece ser - y digo esto extendiendo los brazos y entrecomillando el parece ser - que ambas especies de osos ya estaban protegidas. Como somos gente emprendedora reconvertimos el espectáculo del anfiteatro en un circuito que transcurre por los montes que rodean el pueblo. Construimos una pista forestal y soltamos a un puñado de cuñados odiosos, de esos que desvelan tu instinto criminal más oculto.

El parque se debe recorrer metido en el coche y a ser posible intentando no establecer contacto con los cuñados, y mucho menos alimentar sus ganas de conversación. Cuando te detienes en uno de los Meeting Point para echar una meada siempre aparece el típico cuñado, con la chaqueta sobre los hombros, con un cigarillo calado en la comisura de los labios o un palillo, el pelo engominado y sonriendo con cinismo mientras mira el coche que conduces. Te pregunta el precio y te suelta varias respuestas, a saber 1) él iba a comprarse el mismo pero tenía poco reprise, «no era un coche de hombres» 2) él sacó el suyo cinco mil euros más barato «porque tenía un amigo en el concesionario» y, ya para joderte el día del todo, 3) lo tuvo que cambiar porque «el culo de tu hermana se rozaba con el salpicadero».

Que bueno, que esto último se lo pasas con una sonrisa porque «ese» cuñado no es el tuyo de verdad, pero joder, que en alguna parte hay uno que es tu cuñado, es también un imbécil y además se está cepillando a tu hermana y te lo cuenta con detalle. Y claro, a partir de ahí, hecha la trasposición metafísica, las cosas se han venido a veces muy arriba y es un no parar de ambulancias acudiendo al Parque para solventar politraumatismos y navajazos varios.

Lo peor no es la actitud de listo de los cuñados, es la capacidad que tienen para juntarse en manadas y tratarte como si fueras imbécil por comportarte con un poco de lógica, educación y sensatez en lo que dices y haces.

No, gilipollas, es imposible que tu coche corra «de promedio» a 200 kilómetros por hora. Ni tampoco lo has sacado más barato. Ni te pusiste en Alicante en 45 minutos. Ni mi hermana hace «eso».

Aunque hayas conseguido evitarlos durante el recorrido, esas manadas de cuñados te las encuentras en el self-service del Parque, porque esa gentuza también come mientras no holgazanea, arrastrando las bandejas delante y detrás tuyo y poniendo a parir tus elecciones culinarias. «Yo esa tortilla no me la como ni loco porque mi madre me enseñó a comer como Dios manda»,o «a tu hermana le encanta la nata» (guiño).

O se ponen a comer todos juntos en la mesa de al lado y empiezan a hablar de esos temas que tu dominas pero de los que ellos no tienen ni puta idea aunque ello no les impida sentar cátedra. Así, si escribes al Parque antes de ir y les dices que eres Doctor en Ciencias Físicas, por ejemplo, ten por seguro que un grupito de cuñados se pondrá cerca de ti -o lejos, es igual, su conversación es siempre a grito pelado - hablando con aplomo y suficiencia de los viajes en tiempo, de que la mecánica cuántica no existe (además la pronuncian como «acuántica») o que el gato de Heisenberg (al que llaman el gato ese del alemán de los cojones) está siempre muerto porque dentro de una caja un gato está muerto sí o sí. Y el doctor en Física se va calentando y calentando, hasta que al final se levanta y se encara diciendo que es doctor en Física y están diciendo chorradas, y es entonces cuando se lía, porque los cuñados se ríen de tu título y se preguntan, entre carcajadas, como «si eres tan listo y sabes tanto de Física tienes un coche de mierda como el que conduces, que yo esa mierda la uso para que la parienta, que es tu hermana y a la que tengo contenta para que no se me revolucione, lleve los niños al cole». Y claro, las ambulancias no dan abasto.

Mira si nuestros cuñados del Parque Temático de Cuñados son odiosos que cuando se los nombramos a los perretes que vigilan el perímetro del pueblo es que se ponen a dar bocados al aire. Y eso que ni siquiera saben lo que es un «cuñado» pero claro que cuando pillan a uno y este empieza «que si mi perro es mucho más fiero que tu», «que si eso es morder tendrías que ver a mi chihuaha»,»que no sabes ni despedazar a un cuñado como Dios manda» y claro, los perretes están como hartos, que no dejan de ser profesionales del descuartizamiento.

Poner todos los huevos en el mismo cesto supone un riesgo, así que en el pueblo llevamos tiempo diversificando las fuentes de ingresos. Iniciamos un stock estratégico de plásticos cuando nos dimos cuenta que corrían el riesgo de desaparecer dadas las presiones de los ecologistas. Los fuimos acumulando en un prado de alto valor ecológico hasta que el prado se convirtió en una colina de bajo valor ecológico, todo ello con ánimo de revalorizarlo una vez hubiera desaparecido del Mundo (el plástico, no el prado o la subsiguiente colina, me refiero).

Llamamos entonces a un consultor - que hizo bien en acercarse en helicóptero y dejarlo en marcha a su espalda mientras hablaba con nosotros - y nos dijo que lo que llamábamos «colina de bajo valor ecológico» era en realidad un «vertedero» y nuestro «stock estratégico» era en realidad «basura».

Gracias a su clarificadora intervención racionalizamos qué tipo de productos plásticos almacenábamos para un futuro en que ya no existirían. Nada de guardar las tapas de los yogures o las cucharillas usadas. Cada año compramos lotes de toallitas para el inodoro, bastoncillos para el oído, cañitas para beber, compresas, pañales y papel film de cocina. Hemos calculado que en unos 100 años, cuando ya no se fabriquen, los podremos vender con un sobreprecio del 3000% y mientras eso llega cobramos subvenciones por «retirar plástico del mercado» (digo esto alzando los brazos mientras entrecomillo la frase y muevo las cejas hacia arriba de forma compulsiva como buscando en ti pícara complicidad).

Mientras no nos pregunten qué haremos con el mismo…

Gracias a los perretes y al plástico nuestro pueblo es la Meca de los ecologistas, lo cual ha dado lugar a la creación de negocios menores, entre los que destacan nuestro Restaurante Vegano especializado en cochinillo y el Taller Psicológico para Ecologistas Deprimidos en el cual la terapia principal consiste en realizar una excursión al río para lanzar baterías AAA - cuanto más lejos, mejor - o al embalse, donde aquí ya hundimos baterías de coche y de camión porque hay como más agua y como que las cubre mejor.

Nuestro último proyecto será abrir un nuevo parque temático dedicado a los influencers, youtubers, instagramers y fauna similar. No es que estemos descontentos con nuestros cuñados, pero queremos alcanzar un segmento de población que todavía no ha probado las mieles de odiar al marido de tu hermana. Un público más juvenil y dicharachero. Hace poco abrimos en plan experimental el túnel del terror dividido en tres partes. La primera, en grado de terror ascendente, se llama Primero Estudiar y Luego Trabajar. La segunda Estudio y a la vez Trabajo mientras que la tercera, con la que nadie se ha atrevido todavía, se llama Trabajo por la Mañana y Estudio por la Noche. Hubo discusiones sobre añadir a esta última etapa «y además aporto algo útil a la sociedad» pero quedó claro que allí no se iba a meter nadie.

Hay otra zona terrorífica, «El Bosque sin Cobertura«, para una experiencia aún más intensa en que inhibimos la señal de los móviles para que muestren el mensaje «solo se permiten llamadas de emergencia».

Luego tenemos la Montaña Rusa de los Morritos donde paramos el recorrido de las vagonetas para que la peña que vive del Internet pose poniendo morritos. El recorrido tarda 6 horas en completarse a paso de tortuga - emoción lo que se dice emoción tiene poca - pero allí no se queda nadie sin posar, aunque no tenga ganas. También las Sillas Voladoras de Likes (si no te atas y sales volando te dan 1000 likes póstumos) y el Precipicio de los Selfies, donde recibes más likes cuanto más cerca te sitúes del borde del acantilado.

A lo largo de todo el recorrido del Parque diversos paneles van mostrando cómo desciende la cotización de clicks de Google por minuto y vale, lo admito, somos un poco malos y la manipulamos para provocar desmayos y situaciones de pánico mas que nada pa’ divertirnos. Y si no, no haber venido.

La prueba piloto del Parque no funcionó demasiado bien, también hay que reconocerlo. El error fue orientar las atracciones a que fueran los mismos youtubers los clientes. Esta fauna está acostumbrada a no pagar por nada, cobrar por posar en el photocall y hasta te amenazan con publicar malas reviews en Tripadvisor cuando no obtienen de ti lo que desean (como si eso nos importara).

Así que cambiamos la táctica. Ahora invitamos a los influencers de forma gratuita y sin que se den cuenta los hemos reconvertido en parte del espectáculo. Al público normal, el que realmente paga, se le permite interactuar con ellos. Claro que a los influencers no les hemos dicho que elegimos a la plebe entre los haters y trolls más salvajes de las redes sociales. Así, cuando el instagramer de turno se acerca al filo del Precipio de los Selfies, un montón de gente sentada en sus butacas les exige más y más cercanía, simulando con un móvil fake que están enviando más y más likes a medida que se aproximan al borde. Un gran panel de leds luminosos, también fake, va mostrando el incremento y claro, los instagramers se vienen tan arriba que el final es predecible.

Es el único lugar de nuestro pueblo que permite la salida, aunque sea de forma totalmente metafísica.

Esperamos inaugurar el año con viene de forma ya oficial con una gran fiesta de influencers, youtubers, tuiteros, instagramers, bloggers con ínfulas, facebookers, gamers, negacionistas, antivacunas, trolls, okupas, haters, poĺíticos y tontos de pueblo en general. Tenemos perretes que ya han dejado de comer y así hacer hueco para el buffet que se avecina, ya te puedes figurar la ansiedad que les está provocando el evento.

Tuyo afectísimo

 

Comentarios

  1. meliklein

    20 abril, 2021

    ha,ha,ha, qué locura es esta? no me había reído tanto desde hacía tiempo

  2. inesarjona

    20 abril, 2021

    me encanta el «parque temático de cuñados». Tengo varios candidatos para que los encierren allí.

  3. anaisbeca

    20 abril, 2021

    Hace falta un poco de buen humor. En cualquier caso si me invitas a tu pueblo tendré que declinar la oferta, es peligroso acercarse. ¿Esto qué es, el extracto de un libro?

    Besos

  4. xabiep

    20 abril, 2021

    Hola !
    aparte de una locura, es un libro. Lo publicado es solo un extracto. Casi 600 páginas donde lo más suave es lo que has visto.
    Besos y gracias por dejarte caer por aquí !

    Xavier

  5. xabiep

    20 abril, 2021

    Hola Anaïs,
    Hace falto mucho humor para lo que está cayendo. Esto es solo un extracto. Es un libro que habla de comida y gastronomía pero todo como muy loco. Se llama igual que este extracto, Churrasic Park
    Besos y gracias por dejarte caer por aquí !

    Xavier

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