“Mataron a la paloma, que te llevaba un recado… Por eso es que tú pensaste, que yo te había abandonado”
Aunque usted no lo crea esa noble institución del mensajero que, como la paloma del mismo apellido, daba la vida antes de fallar en la entrega de una correspondencia, está agonizando. La posibilidad de remitir (enviar) con un margen razonable de certeza una pieza de correos (carta, sobre, documento o valor, tarjeta, bulto o paquete) y a un costo ídem, es ciertamente dudosa.
El Servicio Postal Mexicano, que debería ser el baluarte nacional de las comunicaciones entre los ciudadanos de este país, —una especie de soberanía efectiva de enlace y permanencia—, se encuentra en un estado lamentable de descrédito y desmantelamiento. De entrada, en las oficinas, agencias o centros operativos de tal servicio, el aparatoso anuncio del MEX POST, o sea la mensajería especializada, ha desplazado a la modesta ventanilla de los timbres postales: la del correo ordinario, aéreo o de entrega inmediata, privilegiando el servicio de mensajería y paquetería privadas que se ha convertido en el consentido (por caro y lucrativo) de la modernidad tecnocrática del País y del del régimen… que sí sabe como desfacerlo.
Y para muestra basta un botón. Raquel Martínez, que vive en Chicago, me envió una carta el siete de Febrero, según el matasellos del US POST. Es recibida en el Centro Operativo Lindavista de SEPOMEX Aguascalientes, el cuatro de Marzo según el matasellos local; pero el cartero no encuentra el número de mi calle, lo cual no es cierto, como lo verificaron más tarde, y anota: NO HAY NUMERO el 04/03/21, ¡el mismo día de recibido en la agencia! Entonces el COL de SEPOMEX (qué nombre tan rimbombante) lo envía de regreso a Chicago… Y Raquel Martínez lo pone en otro sobre y lo envía al domicilio de mi oficina el siete de Marzo, según el matasellos del US POST y me llega el 15 de Abril.
Curiosamente el día antenor, recibí una llamada de mi amigo Benigno Gálvez, quien vive en Ensenada, B.C., para notificarme el recibo de una carta y unos fotos que le envié la primera semana de Enero… y que tardaron (como el envío de Chicago) la friolera de 90 días para llegar a su destino. Algo para los Récords de Guinness, en esta tan cacareada modernidad de primer mundo.
Total que me apersono en el COL de SEPOMEX, porque la agencia que funcionaba en la Central Camionera ya no existe, y previa consulta a la Policía Municipal, que sí supo decirme en dónde estaba ubicado el Centro Operativo Lindavista, escondido entre las calles del Encino y la de Alameda en la colonia del mismo nombre, (precisamente atrás del IMSS No. 1); pero cuya vialidad es de un solo sentido, lo que dificultó el acceso de sur a norte, ya que no tiene señalamientos. En fin, que llego al tal COL cuya fachada recién pintada ostenta el logo de la casa y la divisa del MEX POST.
Entro y pregunto a una señorita sobre el servicio de correos y la ventanilla de timbres (debía contestarle a Raquel, que me anunciaba el nacimiento de su bebé para el 19 de Junio) y me contesta:
–«Aquí solo tenemos el servicio de mensajería MEX POST”.
Le replico que allí dice SEPOMEX, y me señala a regañadientes:
–«Pues busque por allá adentro».
Tengo que salir y entrar ahora por el estacionamiento.
Pregunto a algunos choferes sobre la oficina de correos, y me dicen:
–«Por ahí, pero a la mejor no hay servicio».
Penetro a la oficina, y nadie se ofrece a decir «¿qué se le ofrece?»
Pregunto por la ventanilla de timbres, y me señalan a disgusto el lugar. Me acerco y no hay nadie.
Los burócratas me miran como a un intruso, hasta que les reclamo:
–¿En dónde está el encargado de esta oficina?
Me señalan a un nombre joven y corpulento, de nombre Mario González, sentado en su escritorio y de aspecto feroz, que ni siquiera me invita a sentarme. Me espeta:
–«¡Qué se le ofrece?».
Le cuento la historia, le digo que es una vergüenza el estado que guarda el servicio postal mexicano, le muestro la documentación del caso para que la corrobore, y me promete que las cosas cambiarán. Que el problema es la falta de motivación a los empleados, y la consigna callada, pero que salta a la vista, de persuadir a los usuarios del correo para que utilicen el MEX POST o sea, la mensajería comercial.
Que se trata de desmantelar el servicio ordinario, tal como lo conocemos, a efecto de que se justifique ante la representación nacional (Congreso), la transferencia del servicio postal a la iniciativa privada.
Es decir, beneficiar a las empresas privadas con la concesión del servicio de correos-mensajería, a precios reales y lucrativos, —o sea carísimos– y quedarse el gobierno con la normatividad y la emisión de timbres para seguir operando y justificando el gasto gubernamental.
Algo así como el engendro de la concesión del agua potable VEOLIA DE Aguascalientes
Para terminar, le digo que eso es como si a los soldados del Ejército Mexicano, sembrados sobre el territorio nacional, —los que junto con los mensajeros y agencias del servicio postal representan la soberanía efectiva de la Nación—, los cambiáramos por los corpulentos e impecables cadetes de West Point, a efecto de modernizar y globalizar la imagen de la democracia mexico-americana.
Me contesta que esa es precisamente la sensación que les causa a los carteros, a los mensajeros y a los trabajadores del SEPOMEX, la sesgada consigna desmanteladora de un baluarte nacional, frente a los intereses de las grandes corporaciones.
MORALEJA: En números estos son los tiempos del correo ordinario terrestre y de algunos aéreos, que en lo personal he utilizado y que sirven como referencia; y cuyo costo oscila entre nueve y veinte pesos por una carta. Ensenada, B.C.: 90 días. México, D.F.: diez días. Estado de México y zona conurbada: quince días. Morelia, 22 días. Apatzingán, Mich.: 30 días. Tapachula, Chis.: 35 días. Dresden, Alemania: de 40 días a un año. Chicago, II. USA: 20 días y el triple si hay devolución.
La oficina central funciona de lunes a sábado hasta las 13 horas y las agencias de lunes a viernes hasta las 15 hs.
Y no hay reclamaciones, manque la paloma caiga sobre sus narices.
CORTEX





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