«El entorno social y el ambiente biológico muestra conexiones operativas entre la gente.
Algo como si la ecología nos fuera empática, o no, hacia los prospectos a votar.
La capacidad colectiva de un país no es una simple adición de las capacidades individuales de sus pobladores y sus votos. México está lleno de personas valiosas, educadas y teóricamente capaces, aunque el resultado de su quehacer productivo sea decepcionante. La cuestión parece radicar en la forma como se conectan o perciben los mexicanos entre sí.
Un esfuerzo conjunto puede ser mucho máyor o harto menos que la suma de sus partes, sí la suma contiene la cohesión aglutinadora o, por el contrario, el díscolo refractario de la no pertenencia, “al carajo las tesis”… Todo depende del modo de operar sus interacciones. Por eso, un campesino empobrecido en México, cruza el Bravo y se convierte en bracero; trabaja duro y puede llegar a crear una empresa en cadena en USA tipo Taco-One o Tropi-Guamole; y un investigador sin porvenir en México puede alcanzar allá el premio Nobel, como el bioquímico Mario Molina en 1996. Es más, sin salir del país, una misma persona puede tener rendimientos muy distintos al pasar de un contexto operativo a otro (nadie es profeta en su tierra); verbigracia. los excandidatos G Madero, o el toro Macedonio o el moreno Morón.
Tal parece que existe una relación empática o ecológica entre personas y ambientes. Una especie de conexión por coincidencias. No es difícil imaginar buenos equipos que se arruinen, intercambiando al azar, unos con otros, la mitad de sus miembros (Cruzazul-Pachuca-Necaxa o Monarcas y Canes Tijuanos) o las peores cruzas del maridaje PAN-PRD; PRI-PES; PT-PEM-GUINDAS Y ANEXAS.
Y aunque la suma de las personas valiosas siga siendo la misma, el resultado se desploma con los problemas de adaptación, los protagonismos y las circunstancias en los momentos de hacer los cambios y postulaciones a las gubernaturas, las curules y los ayuntamientos (Porfirio, no va. La Rojas, tampoco. Sandoval, pueque no. Cuahtemito bis, pueque si. El Mame Suarez de NL, también. Y la docta de SLP, dará en el último tirón). Como que se hará el remate de tiradores ad hoc frente a los intereses de los clubes y magnates de los establos, convertidos en herraderos pa´sacar a los bueyes del lodazal, quitarles el estiercol y desinfectarlos pa´ los comicios
Por otro lado, sí la suma de talentos debe producir más, ¿de dónde saldrán las iniciativas para que estos cambios den resultados positivos para la gente?
Habitualmente de líderes capaces de establecer metas realistas, factibles y medibles, dispuestos a organizar los recursos; a reclutar gente idónea –entendiendo que muchas personas valiosas no son idóneas para ese caso- en ese momento, aunque su militancia señale lo contrario, las “chuchas cuereras” partidarias han de deshacerse de los que no funcionan estableciendo métodos y filtros pragmáticos y haciendo que se cumplan las reglas premiando o castigando oportunamente para animar a todos y a cada uno de los prospectos (los conejos que salen del bombín del mago prestidigitador).
Lo cual es difícil sin el control de la situación, es decir, sin la retroalimentación de que —lo que se aplica— dará los resultados previstos y satisfacerá tanto al usuario (candidato) como al destinatario (votante): los votos por mendrugos, pues´n.
Si un prospecto activo y con iniciativa, entra en un equipo donde la cosa es calmada, puede descubrir que los demás aprovechan su diligencia para hacer todavía menos que antes. La típica inercia burocrática institucional de: «no te muevas… y permaneces. aunque el edificio se caiga».
O peor aún: que le impidan actuar para que no los pongas en evidencia. Estas son las adaptaciones viciosas: el interfecto tiene que irse, marginarse o adaptarse. Lo mismo sucede con un buen equipo obligado a interconectarse con burocracias (públicas, privadas o gremiales) que ni hacen ni dejan hacer. Las personas o equipos competentes, serviciales y decentes (rara avis), no pueden superar el nivel de las operaciones asertivas y productivas si están fuera de su control, si no hay correspondencia interactiva; tienen entonces que ganar poder (lo que implica entrar en una guerra ingrata y de resultados inciertos) o adaptarse a un ambiente degradado para sobrevivir, o de plano tirar el arpa.
Los sociólogos de la ergonomía no han estudiado la ecología de la corrupción, la incompetencia y la irresponsabilidad públicas, como una plaga que se extiende y sofoca el desarrollo personal y social. El principio de Peter o el fenómeno de Parkinson sobre la excesiva tramitología o el encriptamiento declarativo oficial, no son inherentes a una hipótesis racista (naca) en su origen. Hasta los países más admirados tienen su cuota de ineptos, irresponsables y obcecados. Así también hay naciones de segunda con gente de primera (Chile o Costa Rica). La verdadera cuestión está en cómo se forman y transforman los nichos ecológicos que favorecen o asfixian una existencia feliz y productiva; de cómo se trasmiten las plagas de unos ambientes a otros y de qué puede hacerse para evitar el parasitismo reinante (young forever Biden, Peje)) intergeneracional en nuestro país.
Pero, ¿cómo cambiar las percepciones, los ambientes operativos después de tantos años de incompetencia? México se volvió un país de tercera con gente de primera. Sacar al monopolio tricolor de Los Pinos fue fundamental, pero no suficiente. La adaptación a un medio viciado pasó de unas generaciones a otras (la inercia de los 70´s)… Por lo que se comprende la tremenda dificultad del cambio, aunque no se justifica.
Cuando la plaga de la corrupción se establece en una familia, en una institución, en una empresa o en una comunidad, el no adaptarse a ello y tratar de cambiar las cosas desde adentro conduce fácilmente al fracaso, y en caso extremo, a la muerte. Emigrar puede ser lo sensato, pero también se comprende que millones se resistan a ello para no morir en el intento (como los sudacas en el Bravo).
El cambio siempre produce temor. Pero es la constante que hace fluir favorablemente al Cosmos, al acondicionar al ser nativo para adaptarse al cambio. Siempre habrá también inadaptados –idealistas– que den la pelea, aunque parezca absurdo, ya que están convencidos de que lo diverso y, tal vez, lo mejor, es posible. Los hay, dentro del mundo dominante de los sumisos y adaptados, algunos que cambian obligados porque se sienten atrapados o porque la degradación ya no los beneficia.
En estos casos, el contagio puede ser positivo. Algún efecto tendrá el tener que pasar vergüenzas internacionales frente a la hegemonía del Imperio. Y lo más importante: la percepción de que millones de mexicanos estamos resignados a vivir en un país de segunda (la tesis del estado libre asociado).
Por eso, aunque la resistencia a cambiar es tremenda y muchas instituciones defeccionan frente al imperativo de oxigenar los ambientes viciados, tóxicos, no es utópico suponer que lo mejor vendrá, puesto que es preferible lo malo que lo peor, aunque parezca oxímoron.
CORTEX





Opzmo
Me encantó la reflexión, y conocer un poco de la mejicanidad. Saludos!