Las almejas

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Las almejas se estaban poniendo difíciles, lo peor de todo era que no podía solucionar el asunto usando simplemente las manos. Los profesores que participaban en el intercambio se encontraban de cena en el hotel de postín de la localidad, invitados por las autoridades municipales. Tres ediciones seguidas, hacían pensar en una posibilidad de hermanamiento.

La paciencia de Margot Rodriguez Clément, profesora agregada de francés del Instituto Gustavo Adolfo Bécquer, se encontraba al límite. Tal y como decía su madre «les coquillages» se le daban fatal, y en ese momento lo estaba demostrando a la perfección, lo que la que contrariaba una barbaridad. En frente de ella Guillaume, monsieur Gilles para sus alumnos de español, observaba divertido las inútiles maniobras, mientras fingía prestar toda la atención del mundo a su plato.

Desde el otro extremo de la mesa Rocío una de las profesoras más veteranas, la miraba con los ojos brillantes. Eso exacerbó su amor propio, de modo que colocándose al borde de la mala educación se comío las almejas. Cuando acababa de tragarse la última, Guillaume volvía a observarla  con una sonrisa guasona.

-¿Has podido saborearlas?

«Con que esperas fastidiarme ¿Eh? Ahora verás»

-Mais oui, ces palourdes  étaient délicieuses (Claro,  estas almejas estaban deliciosas)

El hombre respondió con un leve alzamiento de ceja y dio un sorbo a su copa de vino blanco.

-Me parece estupendo

– Tant mieux!

-¿Cuándo hacemos las paces?

Si, ella misma reconocía que aquello era estúpido. Desde el momento en que él le estrechó la mano cuando se lo presentaron en el centro, notó algo cálido que hacía tiempo estaba fuera de su mapa sentimental. Sin embargo aquel hombre estaba empeñado en irritarla, en llevarle la contraria. En la última excursión a la costa, se puso a hacer caras mientras le daba una reprimenda a Asier Morelos Aizpún. Los chicos se echaron a reir. Cuando ella  lo descubrió, él dio la excusa de que era demasiado rígida. Entonces ella se fue irritada y no le dirigió la palabra en todo el camino de vuelta.

-¿Estamos en guerra? preguntó Margot

-Depende de tí, respondió mirándola serio. Pensaba que nos llevábamos bien

Y ahí acabó la conversación.

La cena trascurrió con toda normalidad. Al día siguiente tuvieron una reunión de trabajo. Cada uno ocupó su puesto. Rocio se sentó al lado de ella. Al cabo de un rato, su compañera le tocó en el brazo y le preguntó

-Qué Margot ¿Qué tal con las palurdas?

Margot tuvo que morderse el labio inferior para no soltar una carcaja. Luego se volvió hacia el ponente para seguir el hilo de la exposición, pero algo, una sensación extraña la obligó a girar la cabeza hacia el extremo izquierdo de la mesa. Guillaume la miraba con una media sonrisa.

Rocío volvió a tocarla en el brazo

-Espero que con él te vaya mejor que con las…

-Vale, vale no lo digas, por favor, que me va a dar la risa.

-palurdas remachó la otra divertida.

 

 

Comentarios

  1. PabloM

    14 abril, 2021

    Si supieras lo que quiere decir en nuestro porteño… (subidioma de Buenos Aires). Eso me desconcentró un poco, pero a la segunda lectura me gustó mucho. Un besote.

  2. mary poppins

    15 abril, 2021

    Sí, lo sé Pablo. Tenía que haber puesto como titulo Las palurdas, pero no tuve el día. También aquí en España puede tener ese sentido. De todas maneras te agradezco que hayas hecho una segunda lectura y me alegro de que te haya gustado

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