Los Golosos Light

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«Todo lo «light» es un artificio costoso. Se engaña al cuerpo y éste responde destruyendo proteínas por glucosa, produciendo más hambre… y negocio para los chatarreros».

 

 

La gente gorda es sorprendente por la fuerza física que demuestra para cargar, día tras día, esa pesada cruz adiposa sin quejas ni gloria. De hecho son verdaderos levantadores de pesas con veinte o sesenta kilos por jornada. Imagínese lo que es subir pisos y escaleras todos los días cargando un bulto de esas dimensiones o caminar seis cuadras con ese peso y volumen a cuestas. Eso es, en si mismo, asombroso, humana, fisiológica y gimnásticamente.

Lo es también levantase, mo­verse o sentarse bajo el imperio de la ley de gravedad y constituye una proeza que nadie premia. Y en la noche, o en la oficina, mientras el goloso sueña con suculencias, la panza, que no tiene voluntad propia, ¿se moverá como una revolvedora para poder digerir, secuestrando la irrigación sanguí­nea cerebral que se concentra en las visceras distendidas por las fermentacio­nes?

Cuando observo a esas gordas monumentales y a esos gordos tan orondos y ambiciosos de espacios y horizontes, me pregunto: ¿estarán sujetos a los mismos apremios fisiológicos, dado el volumen que tie­nen que comer para sostener esos cuerpos? ¿Y el balance interno de ingresos y egresos no rebasará el equilibrio escatológico?

Hago un alto aquí para no entrar en intimidades y porque tampoco soy dado a las obscenidades pero, ¿una pareja de obesos voluptuosos?, si es que los hay, se quedará como Chachita y Freddy, ¿colgados de la brocha? Pues con base en la estética y el desempeño erótico, la belleza es pro­porción y no dimensión estática, ¿o no?

Otro asombro más. Nadie pue­de engordar veinte kilos ni menos sesenta en un día. Todos los gordos tienen que haber aumentado su masa y cuerpo gramo por gramo con materia alimenticia o al menos chatarra «light». Y eso requiere una dedi­cación, un tiempo, una constancia y persistencia, pero especialmente ¡mucha comida! (Se requiere 2 toneladas de comida liquida para subir 20 kilos en 2 años)

Me asombra también que la piel se distienda y de tanto de si para contener esa grasa rebosante. Asombroso es que los pies resistan tan­to peso, aunque he observado que a medida que la gente engorda los pies se deforman para guardar el equilibrio. Ningún gordo camina con las puntas de los pies equidistanes, sino que se abren y las piernas cierran las rodillas (como patas de avestruz) con extraordinarios cálcu­los matemáticos.

Cada kilo de grasa requiere más arterias, venas, san­gre, oxigeno, y bombeo cardíaco; así, cada mil gramos de exceso ma­ntecoso son mil esfuerzos más para el corazón, los pulmones, los ríñones, el hígado, las articulaciones, y hasta para el cerebro, que al extenderse sus redes nerviosas tiene que aumentar su sistema de control y enlace mientras ve reducida su oxigenación por los frecuentes raptos posprandiales (las siestas poscomilonas).

No hay gordo que diga que es gordo por comer demasiado. Y tiene razón, pues la gula es un pecado injusto porque es inocultable:

Cuan­tos envidiosos hay con caras sonrientes.

Cuantos hipócritas con mira­das complacientes.

Cuantos lujuriosos en la liga de la decencia.

Y cuan­tos gordos «felices» también.

Pero… los opulentos gordos saben que en los campos de concentración no había gordos (y vaya que los semitas son golosos), ni gordos hay donde hay hambruna: Chiapas, Tarahumara. Mixtecas, los cruceros de nuestras ciudades y fronteras.

Y eso hace sospechar que, esas minúsculas glándulas malvadas de las que se quejan, ¡no son sino apetito! Y la verdad que hay tantas cosas tan sabrosas y suculentas… como también exquisi­tas y palatables. Es simple.

-¿Qué prefiere? Una torta de tamal con Pexi, estilo albañil; o un Bife a las brazas con un Tinto.

Porque, un gordo es el esplendor de un pecado capital: la Gula. Pero es tam­bién un cautivo pecador por falta de caridad (amor, estima) hacia si mismo y con los demás; pues se convierte en una especie de «chivo emisor» que agrede con su gordura y se autoagrede como en un «bumerang».

Y si la gente quiere ser gorda, muy su derecho, siempre cuando no le toquen a uno al lado en el asiento del teatro, en el avión o en el autobús, porque queda uno invadido o sordo o de plano inmovilizado.

Salud aparte, si los gordos tienen con qué pagarse el gusto de comer cuanto les plazca… y son felices con ello, pues que coman para envidia de los que no tenemos ese espacio para la comida o carecemos de la resistencia para cargar con ese fargo obeso y pagar por esa sobrecarga corporal y existencial.

Moraleja: los gordos suelen ser muy generosos, pues al morir y ser enterrados, se convierten en unos suculentos banquetes para la fauna necrófila, que los flacos no proporcionamos por tacaños.

 

CORTEX

 

 

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